Admitir nuestros errores

Es muy difícil reconocer nuestros errores. Una parte de nosotros se resiste a admitir que nos equivocamos, que tomamos una mala decisión o que hicimos algo francamente incorrecto. Nuestro sentido de identidad se pone en juego. Sin embargo, de no hacerlo, estamos en gran riesgo de repetir la conducta.

Tenemos una voz interna que nos avisa cuando erramos. Sentimos culpa, dolor, arrepentimiento. Y justamente ese dolor es la señal que nos ayudará a ser humildes y que nos lleva a la posibilidad de reparación. Dale espacio a ese dolor, siéntelo para que puedas crecer a partir de ahí.

Pedir una sincera disculpa, hacer lo que se pueda para corregir y reparar el daño. Los aprendizajes que nuestros errores nos dejan son muy valiosos. Pueden convertirse en nuestra guía más certera para saber como actuar en el futuro.

Debemos siempre recordar que si tomamos un camino equivocado existe la vuelta en U. Parar, reflexionar, admitir nuestro error. Cometer errores no nos hace menos valiosos, no admitirlo nos empobrece: reconocerlos nos engrandece.

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