Rendirse o persistir

Estoy convencida que vale la pena correr el riesgo de aventurarse a intentar conseguir aquello que deseamos. Ciertamente, sin saber que se desea es imposible lograrlo. Reflexionar sobre nuestras prioridades y jerarquizarlas. Saber bien que deseo. Y saber que tendré que pagar un precio por ello.

Arriesgarse a trabajar para aumentar nuestra calidad de vida. Si esto implica enfrentarnos con nuestras incapacidades, con nuestra ignorancia y nuestra debilidad: adelante. Atrevernos a luchar por lo que anhelamos. Y persistir: nunca rendirse. Seguir intentando cada día, avanzar para conquistar nuestros sueños.

Arriesgarse a encontrar una pareja, a cambiar una carrera, a mejorar nuestra salud con una dieta, a iniciar un programa de ejercicio, a aprender algo nuevo, a pedir perdón, a decir te quiero. Arriesgarse, especialmente, a amar. Con toda el alma. No se puede correr un riesgo mayor, sin embargo, el peligro de no correrlo es inmenso, el resultado será la depresión.

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