Sobreprotección y abuso

Dos caras de la misma moneda. Una persona está a la disposición de la otra, le resuelve sus necesidades aun antes de que las exprese. Le adivina el pensamiento. Teme el enojo, la indiferencia, el abandono o el resentimiento que pueda generarse si no le concede el capricho que desea.

La otra, pide indiscriminadamente: tiempo, tolerancia, dinero, favores, comida, cualesquier cosa que se le ocurre y en caso de no recibir lo que solicita de manera inmediata responderá con enojo, ira, berrinche, indiferencia, displicencia, amenazas de abandono o simplemente un silencio que puede resultar aterrador.

Más sobreproteges, mas abusan de ti.

Más toleras más abusan.

¿El resultado? Dolor, tristeza, depresión, enojo, carencias para el que sobre protege. Indiferencia, poca consideración, soberbia, poca empatía y si, además, enojo y desprecio para el sobre protector.

Lo correcto es lograr relaciones en las que no haya ni sobreprotección, ni abuso. No es fácil cuando ha sido el hábito desde mucho tiempo atrás. Pero siempre es un buen momento para dejarlo. Nadie respeta a quién no se respeta a si mismo.

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