El poder del no!

Las personas configuramos nuestra vida cuando hablamos. Es conveniente revisar a qué y a quiénes les decimos “sí” y a qué y a quiénes les decimos “no”. En esta ocasión. me ocuparé del maravilloso y liberador “no”.

Decir “no” es una de las palabras más importantes que una persona puede decir. Ya que con esa palabra se afirma en su autonomía y en su dignidad. Con esa palabra se marcan límites. Con esa palabra se traza identidad. Con esa palabra se gana autoestima.

Uno de los derechos que tenemos como personas es el de oponernos a las peticiones o demandas de los otros.
Otro de los derechos es el de escoger. Cuando decimos que no estamos ejerciendo ese derecho. Estamos ejerciendo el poder de nuestra libertad. Y estamos delimitando.

Un reino sin guerreros es fácilmente invadido por bárbaros: una persona incapaz de decir No será invadida, arrasada, abusada, atropellada.

En la vida cotidiana, surgen muchas ocasiones en las que sentimos que debemos decir “no” y sin embargo no lo hacemos. Por miedo, por agradar, por creer que sólo así nos van a querer, por inseguridad. Nuestra dignidad se compromete cada vez que pasamos por alto nuestro deseo de decir que no. Y siempre se paga un precio por ello, porque ante nosotros mismos sentiremos que no hemos sido respetados.

La forma de nuestra vida, de nuestras relaciones, tiene mucho que ver con el modo y el momento de decir no.

Hay muchos modos diferentes de decir: no. Unos pueden ser sutiles, otros más directos, pero debemos ejercer ese derecho si consideramos un valor el respeto por nosotros mismos.

Suelo recomendar una técnica que a mi me ha funcionado, cuando reconozco que no deseo permitir un cierto comportamiento hacia mi persona, pero no he logrado comunicarlo adecuadamente: me repito en silencio, sólo para mi misma: “Basta, no voy a permitir que Fulanito me trate así”. Y lo repito una y otra vez. Con absoluta convicción. Resulta que en el momento que estoy frente a Fulanito mi postura, mi actitud, mi convicción, reflejan mi decisión de poner el límite. Funciona!

Se les puede decir que no a las personas pero también se debe decir que no a ciertos hábitos que nos hacen daño, a los pensamientos negativos, a los juicios que nos lastiman, a dejarnos vencer. Debemos saber decir no. Y debemos intentar estar en contacto con nosotros mismos para reconocer cuando nuestro cuerpo nos avisa que es momento de decir NO. A la comida, a la persona, al cigarro, al alcohol, al miedo, al dolor, al comportamiento equivocado, a permitir el abuso.

Los micro comportamientos

“No se puede no comunicar” escribió Paul Watzlawick. Una gran parte de nuestra comunicación es la no verbal. Es por medio de gestos, inclinaciones de cabeza, pequeños movimientos del rostro cómo comunicamos lo que realmente sentimos y pensamos.

A esos movimientos se les llama micro comportamientos. Identificarlos, interpretarlos, traducirlos y en su caso evidenciarlos, es esencial para pasar de una comunicación mediocre a una verdadera comunicación.La comunicación de los afectos se hace mucho más por los micro comportamientos: gestos, mímicas y sonidos son mucho más poderosos que las palabras que sirven para precisar, matizar o desmentir lo que han dicho los mismos.

En los micro comportamientos se encuentran los canales mas primitivos de comunicación, por eso es fundamental observarlos, especialmente en los momentos de conflcto.

Todos conocemos esas caras que desaprueban, esas miradas que desprecian, ese modo de observar que indica repudio.

Todos hemos vivido esa experiencia de intentar traducir y decirle al otro: “¿porqué me pones esa cara?” y la cobarde respuesta: “yo no puse ninguna cara”.

Porque a pesar de que la verdad es la del gesto, solemos escudarnos en palabras que lo desmienten por temor a enfrentar la verdad.

En la contradicción de los mensajes se encierra la gran semilla de la confusión. Es la confusión que lastima, abruma, lacera, destruye. Es la confusión que puede convertirse en el veneno más letal.

Esa mirada que infunde miedo, ese gesto que nos minimiza. Esa sonrisa mientras se hace una crítica destructiva que impide, por hacerla sonriendo, que sea declarada como franca agresión.

La comunicación se da siempre en dos niveles: el consciente y el inconsciente. De la capacidad para decodificar los mensajes inconscientes dependerá la calidad de nuestra comunicación.

Para minimizar los efectos destructivos de ciertos micro comportamientos la receta es evidenciar. Decirlo, con palabras. Describir con precisión el gesto. No es sencillo, pero puede resultar indispensable. Según el caso, según la ocasión.

Creo que no siempre vale la pena evidenciar. Puede implicar una gran cantidad de energía y no ser necesario. Si es una relación importante para nosotros, entonces resulta indispensable evidenciar el micro o el macro comportamiento.

El arte es evidenciar con amabilidad, con cariño, con sutileza y hasta con una ligera dosis de ingenuidad: ¿te supo mal la sopa que preparé, querido?. ¿Te sientes muy cansada y por eso bostezas cuando te hablo de éste tema?. ¿Te estoy distrayendo (con mi discurso) de algo muy importante que estás pensando?. Estas preguntas son solo algunos ejemplos, no olvidemos que a cada sapo, su pedrada.

Terminar una relación

Pocas situaciones más dolorosas que terminar una relación. Hay personas que nos acompañan toda una vida, y hay otras que sólo estarán con nosotros por un tiempo. Hay un dicho que dice que hay amigos por y para una razón, otros para una estación y otros para una vida.

Yo me imagino que es como ir en un vagón de tren: algunos pasajeros están con nosotros todo el trayecto y otros sólo un tiempo, otros se suben en una parada y se bajan a la siguiente. Y es muy importante saber reconocer cuando el otro ya no quiere estar, o ya no está… en ocasiones, el otro se ha ido y nosotros creemos que todavía está.

No siempre es el otro el que decide. Habrá momentos en los que lo más sano sea que nosotros decidamos terminar con una relación. A veces, la vida o la muerte lo deciden.

También puede darse el caso de que la decisión no sea terminar la relación, sino replantearla. Que siga siendo, pero diferente, con otras reglas, con otras dinámicas.

¿Cuándo decidir separarse o replantearse una relación? No quiero ser simplista, porque sé muy bien, por experiencia, lo complicado y doloroso que esto resulta. Sin embargo, creo que cuando la relación me quita mucho más de lo que me da, es momento de tomar decisiones. En todas las relaciones hay un intercambio, me dan y doy. Cuando la balanza se inclina demasiado es cuando hay que detenerse a reflexionar. Es necesario tomar en cuenta que el intercambio no es de “lo mismo”: una persona me puede dar alegría y yo le doy escucha. Otra me da compañía y yo le doy cariño, una más me da la oportunidad de trabajar y yo le doy mi esfuerzo. En teoría, la que debe ser más pareja, pues claro, es la de pareja. Y con mucha más frecuencia de lo deseable, suele ser de las menos equilibradas! Sobre todo cuando entran factores cómo el abuso verbal, emocional o psicológico.

Para replantear una relación de cualquier tipo: amistad, pareja, de trabajo o una situación de cualquier tipo: trabajo, salud, modo de vida, suele ser recomendable escribir la respuesta a las siguientes preguntas:

1. ¿Cómo comenzó la relación?
Recordemos que quién tiene hambre hace malas compras. ¿Estabas hambrienta cuando comenzó la relación? porque si es así puede ser que hayas pasado por alto cualidades muy poco deseables, o hayas expandido tus límites para aceptar o tolerar lo inaceptable. ¿Hubo acuerdos?

2. ¿Cómo se fue desarrollando?
Reflexionar en las dinámicas que se fueron construyendo, los mejores momentos, los momentos difíciles, las negociaciones. Es muy importante escudriñar con honestidad y anotar los puntos claves, las altas y las bajas.

3.¿Qué desgastó a la relación?
Las heridas de la relación: cuándo y como nos desilusionamos, que soluciones intentamos sin éxito, qué imaginamos sobre terminar la relación, cómo nos sentimos cuando hubo desilusiones.

4. ¿Qué aspectos de la relación queremos conservar, o repetir, y qué deseamos cambiar o eliminar de la relación? Puede ser que haya la posibilidad de terminar con ciertas dinámicas enfermas de la relación y que se logren conservar otras que sean saludables. Puede ser que la relación cambie de forma. O puede ser que sea imposible conservar algo. Si la terminación es indispensable y definitiva entonces es necesario definir nuestros errores para no volver a cometerlos y definir cómo queremos recordar esa relación además de despedirse con agradecimiento por lo aprendido.

5. ¿Qué nuevos proyectos podemos plantearnos?
No se trata de correr a una nueva relación. Primero habrá que pasar por el proceso del duelo y dejar un espacio de tiempo es sin duda lo más saludable para aprender, elaborar, recapacitar y alimentarse. Pero si podemos y debemos planear nuevos proyectos, ese espacio se va a llenar: cuidado! es mejor sentir el hueco y esperar, resistir hasta que surga lo nuevo, lo que tiene que llegar, sin apresurarse, sólo esperar!

El taller del alma

En otros tiempos sí una persona deseaba trabajar su espiritualidad, tenía la opción de ir a un monasterio, o convertirse en un ermitaño.Hoy también, pero la verdad es que no es tan sencillo para una madre o un padre o simplemente para una persona que debe trabajar para ganarse el sustento, la posibilidad de retirarse de la cotidianidad para trabajar el alma.

La vida cotidiana debe ser nuestro taller para el alma.
Venimos a éste mundo a trabajar aspectos de nuestra alma y cada situación que nos ocurre, cada lugar en el que estamos, es una oportunidad para éste trabajo.

Y es que lo que más nos confronta, nos amenaza, nos pone en situación de vulnerabilidad, es precisamente la relación con el otro. El otro es tu pareja, o tu jefe, o tu hermano, tu hijo, tu padre, tu amiga.

La intimidad es un viaje a lo desconocido. Ya Ortega y Gasset, el meditador del Escorial, lo escribió: “ningún territorio humano ha sido menos explorado que el del amor”. Relacionarse con el otro nos enfrenta con dimensiones propias hasta entonces desconocidas.

En la relación de pareja, el ideal del amor nos distrae del camino del amor. En la relación con los hijos sucede lo mismo. Al dejarnos llevar por imágenes sobre cómo debe ser una relación, nos olvidamos del verdadero trabajo que debe hacerse en cada relación.

Nada ofrece mayor posibilidad de crecimiento que una relación con otra persona. Y todas las relaciones ofrecen dos posibilidades: adormecernos o despertar.

Cuando permitimos el abuso, cuando abusamos, cuando no ponemos límites, cuando nos extralimitamos, cuando juzgamos, cuando le echamos la culpa al otro de lo que anda mal en la relación, estamos adormeciéndonos. Y podemos llegar a atrofiarnos.

Cuando nos hacemos cargo de lo que nos pasa con el otro, cuando decidimos comunicar lo que realmente sucede, cuando descubrimos verdades profundas sobre el otro y sobre nosotros mismos, y sobre todo, cuando tenemos la humildad de reconocer que hemos de pulir nuestro ego para poder crecer en la relación: es cuando estamos despiertos.

Los conflictos son precisamente las oportunidades de crecimiento. Los conflictos, cuando se enfrentan, nos obligan a ser más flexibles, más amorosos, más pacientes: más humanos.

Para construir una relación de largo plazo se requiere de fuerza, de valentía, de perseverancia, de compasión, de generosidad, de honestidad. ¿Cómo no admitir que son las relaciones profundas nuestro taller para el alma?

Además, para que la relación con el otro crezca, necesitamos de una mezcla de racionalidad e intuición. Necesitamos estar disponibles sí el otro nos necesita. Necesitamos saber ceder.

Lo que nos impide relacionarnos mejor y más profundamente con el otro tiende a ser nuestro miedo a conocernos y a ser vistos por el otro. Todos nosotros tenemos dentro dos fuerzas opuestas: una que quiere abrirse y relacionarse y la otra que teme y prefiere encerrarse. Depende mucho de cómo nos fue en nuestras primeras relaciones: padre, madre, hermanos, para que una de éstas dos fuerzas predomine sobre la otra.

Al observar los problemas más frecuentes de nuestras relaciones adultas, podemos conocer y reconocer cuáles fueron nuestros problemas más antiguos. Nos pasamos la vida reproduciendo los patrones de nuestras primeras relaciones. A menos que nos demos cuenta y trabajemos honesta y constantemente con nosotros mismos, no lograremos modificar esos patrones.

Es así que nuestras dificultades con las personas más cercanas a nosotros nos dan el mapa a seguir. Nos dan las pistas sobre nuestro trabajo del alma. Es así que el amor es efectivamente, la fuerza de transformación más poderosa que existe.

Las áreas para encontrar sentido

Frankl, el fundador de la logoterapia, propone cinco áreas para encontrar el sentido del momento, y son:

1. Autodescubrimiento: Conocer quiénes somos y quiénes deseamos ser. Cuando sabes que quieres, que te gusta, que prefieres, estás en posibilidad de encontrar sentido a lo que está ocurriendo. La pregunta que puede ayudar es: ¿para qué soy así?, ¿para qué me está sucediendo esto a mi?

2. Elección: Es necesario tomar conciencia de las diferentes alternativas que una situación presenta; lo que conduce a elegir cual es la alternativa que conlleva más sentido en esa situación determinada. Es necesario descubrir entre las situaciones que uno puede cambiar y en las que no son posibles. La pregunta es: ¿cuál de éstas alternativas es más significativa?, ¿elegir esto le dará mayor sentido a mi vida?

3. Unicidad: Se hace evidente no tanto por lo uno es, sino por lo importante que uno es en las relaciones con otras personas o circunstancias. Hay mayores posibilidades de encontrar el sentido en situaciones en la uno no puede ser reemplazado fácilmente por alguien. Las preguntas que sirven en ésta área son: ¿en donde soy más necesaria?, ¿a quién mi presencia le sirve más?

4. Responsabilidad: La habilidad de responder para reaccionar a las ofertas de sentido implícitas en cada situación. La elección sin responsabilidad carece de sentido. La vida se manifiesta con significado cuando asumimos responsabilidades en situaciones en la que se tiene la libertad de elegir y cuando se asume con actitud un destino inalterable. Puedo preguntarme, por ejemplo: ¿en éste problema, cuál es mi responsabilidad y cuál no?

5.Autotrascendencia: Es la capacidad de salirnos de nosotros mismos para servir a alguien o a una causa. El sentido viene a nosotros cuando salimos de nuestro egocentrismo y llegamos a los demás. ¿A quién puedo ayudar?, ¿que de lo bueno que tengo, puede ser de utilidad para alguien?

La idea de éstas áreas es que en distintos momentos de nuestro día podemos encontrarnos con alguna de éstas y que al reconocerlas, podemos descubrir el sentido del momento.

Es nuestra tarea descubrir el sentido. No se inventa, no se crea, se intuye. Todo, absolutamente todo lo que nos ocurre, tiene sentido…pero hay que descubrirlo!