Expectativas de la pareja

Lograr una buena relación de pareja no es fácil, además, no es algo gratuito, que se de por suerte o casualidad. Pocas relaciones son tan conflictivas y complejas como la de pareja.

Uno de los mayores obstáculos para la buena relación de pareja es el desarrollo de expectativas sobre lo que una pareja debe hacer, o debe darme, o cómo debe comportarse.

Nuestra cultura, que fomenta la codependencia y que promueve imágenes muy idealizadas sobre la pareja, la familia y los modos de vivir, puede convertirse en un obstáculo para lograr tener una buena relación de pareja.

Creencias y expectativas falsas hacen mucho daño. Porque al no poder cumplirse solemos sentir que no lo estamos haciendo bien, o que nuestra pareja no es la adecuada, o que de plano tenemos defectos esenciales en nuestra naturaleza.

Algunas de las expectativas que nuestra cultura fomenta son las de:
• recibir sin tener que dar: creer que vamos a encontrar a alguien que nos ame sólo por que existimos y que no tendremos que ceder, que hacer esfuerzos, que trabajar en la relación. Creer que nos van a dar y cuidar y proteger nada más así, porque sí.
• que nos llenen todas nuestras necesidades: creer que la pareja debe darnos diversión, amor, entretenimiento, dinero, compañía, cultura, cuidados, protección. La verdad es que con trabajos se los puede dar a él mismo, ¿cómo va a poder hacerse cargo de mi?
• que cubran los huecos de nuestras carencias: lamentablemente, la cultura popular nos hace creer que sí logramos encontrar a nuestra media naranja, esa persona hará que ya no tengamos otras necesidades, que su amor colmará nuestras carencias y que ya no tendremos que hacer ningún esfuerzo.
• figura parental: esto significa creer que una pareja podrá comportarse como una madre o un padre. Especialmente cuando nos ha faltado uno de nuestros progenitores o si tuvimos problemas de afecto con uno de ellos, guardamos la secreta ilusión de que ese otro nos va a dar todo eso que la madre o el padre no pudieron darnos… y eso, en ésta planeta, no existe.
• pareja parental: es decir, creer que mi pareja y yo vamos a reproducir a la pareja de mis padres. Cuando se ha tenido un modelo de pareja de padres que está idealizado, queremos reproducirlo. Por éste motivo es que no es tan saludable que los padres nunca muestren sus conflictos ya que les hacen sentir a los hijos que eso es lo normal, y éstos, al empezar a construir una vida en pareja y tener el primer conflicto, pueden creer que su elección estuvo muy mal hecha.
• cualidades míticas: atribuirle a mi pareja cualidades que no son posibles, idealizarlo le hará mucho daño a la relación.
• la debilidad del otro que me hace sentir superior: creer que si yo le voy a resolver la vida al otro, entonces ese otro me estará agradecido por siempre. Es cuando buscamos a alguien que tenga problemas y creemos que al nosotros ayudarles ellos nos van a estar agradecidos por siempre y nos amaran hasta el fin de sus días.

Estas son algunas de las expectativas más comunes, y que más daño pueden hacer a la relación de pareja.

Ninguna es posible de realizarse. La verdad es que mantener una relación de pareja es difícil, requiere esfuerzo y nuestra pareja nos dará, a veces, momentos muy gratos, y en otras ocasiones, no.

Todos estamos solos, todos tenemos que cargar con nuestra propia vida y hacernos responsables de ella. Nadie puede suplirnos en ese papel.

Lo maravilloso de tener una pareja, es crecer, es conocernos mejor a través de los conflictos, es sentirnos acompañados, de repente. Es la posibilidad de realizar nuestra necesidad de amar y ser amados. Es confirmar la existencia del otro y sentir la confirmación de la nuestra. A veces, a ratos, un poquito.

• la posibilidad de asignarle al compañero un papel compensatorio de nuestras inhibiciones inconscientes
La pareja neurótica usa los conflictos para destruirse y la sana lo usa para madurar, proceso que puede interrumpirse por la falta de compromiso, del berrinche, de la indiferencia, violencia o la incapacidad de reconocer errores.
• Otro factor que impide relacionarse adecuadamente es no poder desarrollar un concepto de nosotros, sino solo un concepto utilitario

El éxito

Existen diversos conceptos de éxito. Para cada uno de nosotros significa algo diferente. Para unos está representado por acceder a cierto nivel económico, para otros en lograr grados académicos, para otros en la pareja, para otros en logros de tipo espiritual. O una combinación de logros. Es algo muy personal. Que depende de donde estés, de tus sueños, de tus valores. Es algo individual, a veces muy influído por valores culturales. En la sociedad actual parece ser que acceder a cierto nivel económico, poseer ciertas cosas o lograr ciertos atributos es ser exitoso.

Para la logoterapia, el éxito no tiene nada que ver con eso. El éxito significa superarse a uno mismo como persona, crecer, desarrollar mis potencialidades, autotrascender. Dignificar el esfuerzo, al margen de los resultados. Lograr ejercer el valor de la actitud.

No podemos alcanzar el éxito si no tenemos una definición clara y concreta de lo que es éxito para nosotros.Personalmente, creo que el éxito es una actitud intencional ante la vida que nos ayude a administrar nuestros dones y talentos.

Escribir nuestra propia definición de éxito, creer en ella y vivir de acuerdo a ella es indispensable para saber elegir nuestras actividades cotidianas. Cuando sabemos a dónde queremos llegar estamos en posibilidad de dar pasos hacia esa meta.

Algunas sugerencias que pueden ayudarte a definir el éxito personal son:

1. Debes partir de la aceptación de tu realidad. No podemos pasarnos la vida quejándonos de lo que no nos ha sido dado. La vida no es igual para todos y a cada uno de nosotros nos tocan circunstancias diferentes. El logro es hacer lo mejor que podamos con lo que sí tenemos, no con lo que nos falta.

2. Acepta la responsabilidad de tu vida. Todo lo que haces, o dejas de hacer, cuenta. Cada instante estás sembrando para cosechar más adelante. Cada acción tiene una consecuencia, aunque no sea inmediata. Tienes muchas opciones y cada una de tus decisiones revela quién eres, qué quieres, y en quién te irás convirtiendo.

3. Deja las excusas de lado. Comprométete a que tu mundo personal sea libre de excusas. Busca las causas de tus problemas sólo en ti misma. Si hay algún aspecto de tu vida que no te guste acepta que tu eres responsable del mismo. O has permitido pasivamente que suceda, o lo has creado activamente.

4. Decide y decreta ser merecedora de lograr tus metas. Sí tu estás bien, los que te rodean se sentirán bien a tu lado. Sí tu no te quejas, contribuyes al bienestar de los demás.

5. Escribe tu definición de éxito en la vida. Y una vez que la tengas escrita, dedica tiempo a pensar en ella, de ahí estarás en condiciones de escribir un proyecto de vida, tema que del que escribiré pronto. Mientras, ve pensando en cuál es tu definición de éxito!!

El inconsciente objetivo

La tendencia más natural de la psique es la autorepresentación. Esto significa que lo que nos sucede afuera es la representación de nuestro estado interno.

El inconsciente se manifiesta todo el tiempo en nuestra vida cotidiana. Hay un inconsciente llamado por Jung “inconsciente objetivo”. Objetivo porque al manifestarse en el exterior habla claramente sobre lo que hay dentro de nosotros y porque dice la verdad acerca de nuestro ser, mejor aún de lo que nosotros podemos expresar.
Podemos interpretar lo que nos sucede o ser simplemente ausentes de nuestra propia vida.

Cuando interpretamos estamos en posibilidad de conocernos mejor, de cambiar rumbos, de corregir. A vivir, nadie nos enseña, pero el inconsciente objetivo nos da señales, pistas, sí las seguimos, abrimos la posibilidad de acceder a una vida más auténtica.

La vida interior se retrata a sí misma una y otra vez. Nada que sucede afuera de nosotros es casualidad. Todo lo que hay adentro de nosotros se proyecta y se manifiesta en el exterior.

Lo que se manifiesta afuera es la representación más dramática de nuestros objetivos, de nuestras tendencias interiores.
Y esa manifestación de lo que somos, permanece a la espera de ser requerida, siempre disponible. Lo interno existe, lo aceptemos o no.

Somos más libres y tenemos más bienestar cuando vivimos más de acuerdo a nuestros deseos más profundos. Ser libres es en gran medida hacer lo que realmente queremos.

Cuando las cosas no van bien, se presenta una maravillosa oportunidad para revisar e interpretar el significado… hay que preguntarnos, entonces ¿en que se parece esto que esta pasando a mi vida?

No debemos actuar en oposición a nuestras tendencias naturales. Debemos ser quiénes somos, no pretender que no somos los que somos. Seguir nuestra voz interior. Actuar en concordancia con nuestras emociones, aunque no esté de moda, aunque sea diferente, aunque nos salgamos del molde.

Para nuestra vida interior lo importante no es el dinero, ni la fama, ni el éxito marcado por una cultura. Para nuestra vida interior es mucho más importante la calidad de nuestra vida.

Dedicamos gran cantidad de tiempo a responder a las circunstancias ordinarias y limitadas que nos rodean. Limitamos nuestra creatividad. Actuamos bajo el imperio del miedo. Nos dejamos opacar por carencias imaginarias. Sostenemos creencias limitantes sobre nosotros mismos. Y en nuestro exterior, el inconsciente objetivo nos avisa…

¿Cómo reconocer a nuestra vida interior?

1. Interpretando sistemáticamente lo que nos ocurre en el exterior. Por ejemplo, si mi coche se descompone ¿a dónde no quiero ir?, si no puedo dormir ¿qué quiero controlar? …

2. Clarificando qué le da calidad a nuestra vida y qué se la quita. Por ejemplo, ¿estar con determinadas personas me hace sentir mejor?, ¿ésta actividad me hace sentir bien?…

3. Estar atentos a lo que nos gusta, nos atrae, nos relaja… no dejarnos contaminar nunca por actividades o personas que nos hacen sentir menos valiosos.

Para crecer debemos tener un hábitat favorable. Si dejo a una tortuga en un pequeño tortuguero no crece. Si la pongo en una pecera con suficiente agua, se desarrolla. Si tiene acceso a un estanque crece en todo su potencial…
Para crecer es indispensable aprender a leer los acontecimientos del mundo exterior y darles la interpretación más honesta posible. Ya lo dijo el gran alquimista Heráclito: “Como es adentro es afuera y como es afuera es adentro”.

El valor de la actitud

Para la logoterapia, escuela de psicoterapia vienesa fundada por el Dr. Viktor Frankl, existen tres categorías de valores: el valor de creación, el de experiencia y el de actitud.

Los valores de creación comprenden el universo de lo que nosotros damos al mundo, a traves de nuestras acciones concretas. Los valores de experiencia se refieren a lo que experimentamos del mundo, es decir, lo que recibimos.

Los valores de actitud son considerados superiores a los otros dos. Principalmente porque se refieren a cuando no estamos en condiciones de dar ni de recibir. El valor de la actitud consiste en elegir libremente la actitud que ejerceré ante una situación que no puedo cambiar.

Son muy importantes porque tienen la capacidad de dar sentido a nuestras vidas en situaciones límite o inevitables. Son además, la expresión de nuestra capacidad espiritual. Son en los que la libertad se ejerce plenamente. Y además encierran un gran potencial de crecimiento.

Estos valores deben activarse ante lo que la logoterapia llama “la triada trágica” que consiste en el sufrimiento, la culpa y la muerte. Todos los seres humanos sufrimos en un momento u otro. Todos nos equivocamos y de ahí se desprende la culpa. Y todos estamos expuestos a la muerte.

La logoterapia propone el “optimismo trágico” que consiste en ejercer el valor de la actitud ante cada elemento de la triada trágica.

Ante el sufrimiento: yo puedo decidir seguir sufriendo o parar el sufrimiento. Yo puedo elegir hasta donde permito que el dolor sea más grande que yo. Yo puedo elegir transformar ese sufrimiento en algo mejor: crecer. ¿Cómo?: tomando decisiones desde el alma, desde el corazón. ¿Hay algo que pueda hacer para ayudarme a sufrir menos? ¿Qué puedo aprender de éste dolor?, ¿Puedo crecer?

En ocasiones yo le he llamado al sufrimiento “pastillas de ubicatex”. El sufrimiento nos ubica, nos acomoda, nos enseña las prioridades, y sí lo permitimos, nos hace ser mejores personas.

Ante la culpa: de nada me sirve sentirme culpable sí no tomo decisiones. La culpa nos invita a la acción responsable. Me equivoqué, decidí mal y ahora siento culpa. Puedo repararla. Puedo pedir perdón y empezar de nuevo. Puedo aprender una nueva manera de no hacer las cosas. Muchas veces nos instalamos en la culpa en lugar de ejercer acciones responsables. No hay una guía para actuar en cada momento. Nos vamos haciendo, vamos aprendiendo, y el aprendizaje cuesta. Pero no debemos instalarnos en la culpa. Debemos hacer lo mejor que podamos para reparar el daño, aprendernos la lección y seguir adelante. El que se culpa, se castiga. Y por otro lado, que bueno que tengamos ese sensor llamado culpa, porque así sabemos qué debemos hacer y qué no. Cuando actuamos en concordancia con nuestros sentimientos y valores no sentimos culpa. Sentimos culpa cuando actuamos sin reflexionar, sin pensar, sin tener claras las prioridades de nuestra vida.

Ante la muerte: la idea de nuestra muerte puede salvarnos la vida. Sí hacemos conciencia de que no somos eternos, entonces nos apuramos a actuar mejor. La muerte le da pleno sentido a la existencia. Sí aceptamos que nuestro tiempo está limitado comenzamos a disfrutarlo, a emplearlo adecuadamente.

Para superar las condiciones de sufrimiento, de culpa y de muerte, necesitamos hacer uso de ese don maravilloso que tenemos y que es justo lo que nos humaniza: la libertad de elegir nuestra actitud.

Puedo seguirme lamentando: esa será la fórmula perfecta para alejar de mí a las personas. Todos huimos de quién se queja. Nos cansa, nos agobia.

No te quejes o hazlo por un breve momento, y sólo con personas de extrema confianza. Y después de lamentarte, decide: ¿qué actitud puedo tomar en ésta situación concreta?

No podemos permitir que el sufrimiento nos rebase, que sea más que nosotros. Y eso depende exclusivamente, de nosotros. Nadie puede vivir por mi, nadie puede sufrir por mi y nadie puede elegir la actitud ante la situación por mi.

Soy la única responsable de mi vida.

No te dejes manejar por otros

Las personas tenemos una tendencia a compararnos con los otros. Para medirnos, para valorarnos, para saber quiénes somos, inevitablemente nos comparamos con otros. Parece que no podemos evitarlo. Y al hacerlo perdemos libertad y autonomía.

Es una tarea absurda porque cada uno de nosotros tiene unas características muy específicas, una historia diferente.

Olvidamos con frecuencia que cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles. No ha habido, ni habrá otra persona como nosotros.

Cada persona tiene un camino que recorrer, una misión a descubrir, un sentido concreto a realizar a cada momento. La vida nos presenta circunstancias diferentes a cada uno y por lo tanto sólo nosotros podremos responderle a la vida, nadie puede sustituirnos en tal tarea.

Sí nos comparamos con los demás, nos estamos dejando manejar por ellos. Debemos compararnos solamente con nosotros mismos.

Nadie puede vivir mi vida por mi. Nadie puede cuidarme, o hacerse responsable por mis actos. En ese sentido estamos absolutamente solos. Solos para construir nuestro destino y para vivir las consecuencias de cada una de nuestras decisiones.

Lo que sembremos, vamos a cosechar. De cada acción y de cada omisión hay alguna consecuencia. Todo lo que haces, o dejas de hacer, cuenta.

Lo que estás viviendo hoy es el producto de lo que has permitido pasivamente que ocurra o de lo que has creado activamente.
La salud mental es en gran medida la aceptación de la responsabilidad sobre nuestras vidas. No podemos culpar a los otros, no podemos pedirles a los otros que se hagan cargo de nuestras vidas. Nosotros somos los autores de nuestra vida.

Cada acción que vayas a realizar debe pasar por el siguiente criterio: ¿sí este acto se volviera un hábito en mi, sería para mi bien a largo plazo?

Lo más importante en nuestra vida es cómo nos sentimos con nosotros mismos respecto a cómo hemos actuado. Con los años surge inevitablemente la reflexividad obligatoria. Esto significa que inevitablemente nos pondremos a repasar nuestra vida y haremos un balance sobre cómo hemos actuado.

Para protegernos existencialmente, nada cómo reflexionar sobre nuestros actos cotidianos. Lo que hacemos hoy tendrá sus consecuencias. Tomemos decisiones libres, no basados en lo que otros esperan de nosotros, no decidamos para impresionar a otros, o para que otros nos vean o nos quieran.

Que nuestras decisiones y nuestros actos sean, de verdad, nuestros. Al fin y al cabo, estaremos toda la vida con nosotros mismos y a quién daremos cuenta de nuestros actos, en primer lugar, es a nosotros mismos!!