Elogio al silencio 1

¿Cuántas veces te has arrepentido de decir algo? yo, muchas. Particularmente cuando he criticado a otra persona o cuando he cometido una indiscreción, cuando me ha faltado prudencia, cuando he lastimado a alguien.

Son los momentos más difíciles de perdonarse a uno mismo. «Somos dueños de lo que callamos y esclavos de lo que decimos».

Las palabras tienen energía. Hablar desgasta, y, sobre todo: se corren muchos riesgos al hablar, algunos de estos riesgos son:
* ser superficiales: esto es, interrumpir un discurso profundo, que está saliendo del corazón del otro y nosotros preguntar algún detalle superficial que rompa con el momento
* juzgar a otros: si nos fijamos bien, muchas veces estamos hablando de otros y en muchas ocasiones lo estamos juzgando o comparándonos con ellos, o clasificándolos. El otro es un tema fácil para hablar y es uno de los temas más peligrosos, podemos hacer mucho daño, robarle el prestigio, la tranquilidad, podemos incluso traicionar. Cuando hablamos de los otros nos alejamos de nosotros mismos, nos apartamos de nuestra realidad,
* evidenciar nuestra necesidad de atención: si nos convertimos en el centro de la reunión, hablando y hablando sin parar, haremos muy evidente cuánto necesitamos ser vistos y nuestro parloteo puede volverse vacío, hueco, hasta insoportable,

por otro lado, en el silencio:
*estoy conmigo, y aunque en un principio resulte amenazante, es el único modo de estar presente en mi vida,
* percibo mi realidad, me doy cuenta de lo que pienso y de lo que siento,
* puedo tomar postura: puedo ponderar, medir, reflexionar sobre lo que me pasa, sobre lo que vi, lo que hice, lo que escuché, lo que en verdad quiero y lo que ya no deseo…

Pero ¡cuidado! el silencio no cura, el silencio aísla… cuando no comparto mis heridas más profundas, mis sentires, mis miedos, mis quereres… entonces me aparto del otro, me separo, me alejo y el otro se resiente!

Es en el equilibrio donde se puede encontrar la respuesta, y este tema es tan importante desde mi punto de vista, que tendrá continuación en mi siguiente ocasión… por el momento, me callo.

Lo único del otro

«Cada persona es única, irrepetible e irreemplazable» afirma Frankl, el fundador de la Logoterapia. Este principio es fuente de sentido, al darnos cuenta no sólo de que cada persona es única sino de que cada momento es único e irrepetible, podemos acceder a descubrir el sentido de ese momento, de ese encuentro.

Creo que la logoterapia nos ofrece principios muy profundos que son además muy útiles para aumentar nuestra calidad de vida si los comprendemos y los hacemos vida. Llevar este principio a la acción concreta de cada día significa desarrollar las siguientes actitudes:

1. Reconocer la unicidad del otro, es decir, fijarme en cada detalle del otro, asombrarme ante su gestualidad, ante su modo de hablar, de caminar, de moverse, sorprenderme de su existencia, sentir curiosidad genuina por lo que siente, lo que piensa, lo que hay en su espíritu, mucho más allá de las apariencias. Antes de interrumpirlo dejar que termine su discurso, antes de criticarlo intentar conocerlo mejor, antes de juzgarlo preguntar por sus motivos, antes de evaluarlo: conocerle y reconocerle.

2. Respetar la unicidad del otro: intentar conocerlo y entenderlo despojándonos de la necesidad de cambiarlo, de nuestros deseos irracionales de que haga lo que yo deseo o necesito, sino respetarlo. Relacionarme con el otro no en función de mi misma sino en función del otro. Los demás no están ahí para satisfacer mis necesidades, yo puedo enriquecerme a través de la convivencia con el otro pero jamás lograré establecer una relación profunda si mi motivación principal es que me de o satisfaga mis necesidades.

3. Admitir lo irreemplazable que es el otro: Nadie, nadie es sustituible. Creer que se puede sustituir a una persona con otra es deshumanizante y por demás absurdo. El puesto es reemplazable, la persona no. Y la otra persona que ocupe el puesto o el lugar lo hará diferente, con su estilo, mejor o peor pero nunca igual. Insisto en que es fundamental reconocer lo único que tiene esa persona concreta: lo diferente a todos los demás.

Si reflexionamos en este concepto a profundidad podremos mejorar mucho las relaciones que tenemos con los demás, desarrollaremos nuestra capacidad para valorar al otro en su unicidad.

Las personas somos insondables: muy difíciles de conocer, la gama de posibilidades de acción que cada uno tenemos es casi infinita, aunque convivamos mucho con otro ser humano no alcanzamos a conocerlo del todo, siempre podrá sorprendernos: es un regalo enorme tener la maravillosa oportunidad de convivir con otra persona, acerquémonos a esa otra persona con respeto, con fascinación, con curiosidad de conocer su alma.

Reconozcamos el privilegio de encontrarnos con otra persona dispuesta a compartir sus emociones, sus pensamientos, sus ideas con nosotros, sin olvidar que el Universo está ordenado y que no es ninguna casualidad tener cerca de nosotros a esas personas únicas, irrepetibles e irreemplazables que nos han tocado.

Dejar fluir los sentimientos

Hay una gran distancia entre reprimir y dejar fluir a nuestros sentimientos. Reprimir enferma. Fluir libera y nos ayuda a conocernos mejor.

Desde niños vamos aprendiendo que algunos sentimientos son «negativos»: no estés triste, ya no llores, sonríe!, nada más lejos de la verdad. Los sentimientos son y no se les puede aplicar un juicio de valor. A lo que si se le puede juzgar es a la forma de expresarlos. Y creo que ese punto es en donde hay mucha confusión.

El niño tiene derecho a estar enojado pero no tiene derecho a patear a su perro para expresar su enojo.
La madre tiene derecho a sentirse triste pero no tiene derecho a compartir su enorme tristeza con su pequeño de dos años que tanto la necesita.
El padre tiene derecho a sentirse frustrado pero no tiene derecho a gritarle a su esposa.

En un sólo día, nosotros experimentamos una gama enorme de sentimientos. Y hay que desarrollar la capacidad de observarlos, de no reprimirlos y de expresarlos de maneras protegidas.

Si estoy triste y necesito estar sola: adelante! tal vez un buen paseo ayude a liberar esa tristeza. Los disgustos digeridos en silencio terminan por digerir las células del cuerpo en el sentido literal de la palabra.

No se pretende sustituir los sentimientos negativos por otros positivos: se trata de dar entrada franca y dejar curso al libre desarrollo de los sentimientos. Debemos mirar de frente a nuestra rabia y vivirla, siempre en actitud de contemplación y con respeto a los otros.

Primero reconocerlos, mirarlos de frente, dialogar con ellos y luego exteriorizarlos de manera protegida: en el lugar adecuado, con la persona adecuada, en el momento adecuado. No dejar el paso libre a la agresión pero si dialogar con ella: ¿Qué es lo que me hace sentir tan enojada? ¿Qué ha detonado esta tristeza en mi?

Es importante además, despojarse de la expectativa de que debemos estar contentos siempre. Eso es una mentira!. Los sentimientos de odio y enojo nos ayudan mucho para entender los límites que debemos fijar en las relaciones con otros:En el coraje hacia una persona se oculta un impulso positivo: no deseo que me hagas sombra, quiero vivir!

Un comportamiento pasivo enferma. No hay razón alguna para tener miedo a los sentimientos negativos porque tampoco somos responsables de su aparición: sí del modo de expresarlos.

Honra a tus sentimientos: no los nieges, están ahí para algo, te lo aseguro!

Resolver problemas o amargarse la vida

La vida está hecha de problemas. Y esta no pretende ser una afirmación negativa: sólo realista.

Cada día, desde el principio hasta el fin, se nos van presentando problemas. Y los problemas corresponden a nuestro estilo de vida, nuestras actividades, nuestra situación. Si soy dueña de un restaurante: tengo problemas relacionados con meseros, comida, proveedores…si soy madre pues algunos de mis problemas estarán relacionados con hijos: escuelas, tareas, reportes, dentistas, permisos…

Tu puedes planear tu día: ten por seguro que habrá dos o tres o más imprevistos: esos son los problemas que pueden distraernos, agobiarnos, generarnos ansiedad y hasta miedo!

Pero ¿quién puede prevenir todo lo posible? por mucho que seas ordenada, previsora, cautelosa: siempre aparecen nuevos retos!

No hay modo de que no haya problemas. A veces son grandes y a veces pequeños, pero siempre los hay.
Yo puedo usar disciplina para resolverlos. Es decir, percibirlos, y ejecutar las acciones que se orienten a la resolución del problema. Y pensar paso a paso lo que debo hacer y empezar lo antes posible!!

Unos podré resolverlos sola, para otros necesitaré ayuda (y ojalá tengamos siempre la humildad de solicitarla), otros llevarán más tiempo…
Y puedo ser tan disciplinada que los que se me queden sin resolver, los anote en mi agenda y al día siguiente de un paso o dos en aras de encontrarle solución. Y también puedo ser lo más previsora posible: tener mis papeles en orden, contar con dinero (aunque sea poquito) ahorrado para esos pequeños imprevistos, tener seguro de auto y de gastos médicos, checar que las cosas estén funcionando con cierto orden…

Otro camino es no prevenir, o quejarme…o negarlos y permitir que se hagan más grandes y más complicados…así es seguro que habré dominado el común arte de amargarme la vida!!! y de paso ¿porqué no? a los que me rodean!!!

Te pregunto: tu como respondes ante los problemas de la vida cotidiana??

¿Eres una solucionadora de problemas o una amargada?

Elegir es renunciar

Cada vez que hacemos una elección estamos dando muerte a todas las demás posibilidades.

La calidad de nuestra vida está determinada por las elecciones que hacemos a cada instante.

Hay elecciones que tienen más sentido que otras. No siempre es fácil distinguir entre dos o más posibilidades. No todo lo que escogemos será bueno para nosotros, unas elecciones nos causarán vacío existencial, desasosiego, tristeza, amargura. Las elecciones significativas, sin embargo, nos brindarán más posibilidades de tener una vida con sentido.

Pero: ¿que hace que algo tenga sentido?, estos son algunos criterios:

* lo que produce un beneficio a mi, al otro, al mundo y no perjudica a nadie
* lo que está contemplando el bienestar de los demás
* lo que no está motivado por mi egoísmo
* lo que es equilibrado
* lo que es correcto moralmente
* lo que hará que me sienta orgulloso de mi mismo
* lo que hará de mi una mejor persona

Cada elección me protege o será fuente de riesgo o peligro para mí. Un sencillo ejemplo puede ser: elegir entre fumarme un cigarro o no. Si decido hacerlo estaré poniendo mi salud en riesgo, si decido no hacerlo me estoy protegiendo. Otro ejemplo: ser amable con el otro. Si lo hago estoy cuidando mis relaciones, si no lo hago pongo en riesgo alguna área de mi vida.

La logoterapia propone que el ser humano es libre, siempre, para elegir.
Es indispensable preguntarse día a día a qué le estamos diciendo «sí» y a que le estamos diciendo «no» en nuestra vida. Es necesario ser conscientes de nuestra libertad, que al fin y al cabo, es lo que nos hace personas: ser libres para elegir.

El sentido de la vida se va descubriendo, se va creando: sólo basta observar atentamente y reflexionar antes de actuar.