De vampiros y sanguijuelas

¿Cómo reconocer a una persona abusiva, que te quita tu energía?

  1. Suelen negar la realidad y odian que la confrontes con la misma
  2. Manipulan tus emociones haciendo que te sientas culpable si no haces lo que ellos quieren.
  3. Ocultan información: nunca te dirán toda la verdad
  4. No sienten remordimientos si te lastiman porque creen que son el centro del Universo
  5. Son ladrones de tu tiempo, de tu dinero, de tu espacio, no respetan lo tuyo
  6. No sienten preocupación o empatía por tus sentimientos, actividades, relación o preocupaciones.

Si tienes a una de estas personas cerca de ti te recomiendo detectarla y cuidarte especialmente para que no te desgastes. Si eres una de ellas, te recomiendo aceptarlo y comenzar un tratamiento porque de otra manera… los demás, que sean sanos, se alejarán irremediablemente de ti.

La sobre protección y sus consecuencias

Todos nosotros conocemos personas sobre protegidas: esas personas que sienten que tienen derechos para lastimar a los otros, para abusar, para ser groseras, que no son capaces de sentir empatía por los demás.

Este tipo de personas que viven confiadas en que el otro va a aguantar lo que sea: cualquier tipo de maltrato.  En ocasiones ha sido una madre la que en su temor de dejar de ser querida o en su culpa por alguna circunstancia, le permite a ese hijo o hija traspasar todo límite y más allá: esa madre exige a los otros hijos que toleren los abusos del sobre protegido.

Las personas que han recibido ese trato permisivo se convierten en seres abusivos, indolentes, agresivos. Están enojados consigo mismos y con quién los ha sobre protegido porque de algún modo intuyen que algo no anda bien con ellos mismos.

El sufrimiento en el mundo se aumenta cuando no sabemos poner un alto a quién se cree con derecho de abusar de los otros. Poner un límite a las groserías de los demás cuesta mucho: ser exiliados de su cariño, sentir culpa, sentir miedo a perder su afecto, creer que no somos tan “buenos”. No poner el límite cuesta más caro.

En esta ocasión no concluyo el tema, da para mucho y dedicaré varios artículos al mismo. Espero tus comentarios.

Personalidad y modo de relacionarse

Caspi y Bern describieron tres modos de relacionarse con los otros en base a nuestro tipo de personalidad. Revisa atentamente si te identificas con alguno y de ser así, intenta cambiarte al único que es saludable: el proactivo.

Un modo es el de las interacciones evocativas: tú provocas las respuestas de los demás. Por ejemplo si te “pones de tapete” provocas que te pisen. Si te presentas con mucha debilidad ante el otro, ese otro abusa de ti. El modo de comportarte con los demás les despierta cierto modo de tratarte. Esto se da especialmente cuando sientes que los demás abusan de ti con frecuencia.

Otro modo no saludable es el de las interacciones reactivas: estás a la defensiva. Todo lo que el otro hace provoca que tu te comportes agresivamente, a la defensiva. Interpretas ataques a tu persona en donde no los hay. Crees que el otro quiere siempre lastimarte o molestarte cuando no es así, o muchas veces no es así.

El modo saludable de interactuar es el modo proactivo: buscas relaciones e interacciones compatibles con tu modo de ser, no “inventas” que te quieren agredir ni tampoco propicias que abusen de ti. Estás abierto al otro y según lo que haces vas recibiendo respuestas favorables o simplemente comunicas lo que no te gusta de modo asertivo.

Es muy importante darnos cuenta que según interactuamos con los otros recibimos de ellos diferentes respuestas. Recuerda que no somos víctimas sino cómplices de quiénes nos tratan mal. Hay que movernos de lugar y eso sólo lo podremos hacer cuando seamos responsables de cómo actuamos con los demás.

La soledad y su riqueza

En nuestra cultura hay un temor flotante a la soledad. Se le concibe cómo algo “malo”, triste, negativo. Y en aras de evitarla a toda costa entablamos relaciones con personas que nos lastiman, que no pueden valorarnos o que incluso nos desprecian.

Escuché recientemente la historia de un hombre que decidió ceder en todo ante una mujer con tal de tener una pareja. Ella abusó de él jugando con sus sentimientos, vaya, le perdió todo el respeto. Cuando le pregunté a él ¿porqué permitiste todo esos abusos? me respondió que no tolera la soledad, que necesita urgentemente una pareja.

Estar solo es en realidad estar con uno mismo. Es escuchar nuestras angustias, nuestros miedos, nuestros pensamientos. Eso puede ser muy amenazante. Pero sí lo hacemos desde la perspectiva de darnos la oportunidad de convivir con esa persona (que somos nosotros mismos) y la vamos conociendo, queriendo, respetando, cuidando, nos daremos cuenta del inmenso valor que sí poseemos. En la soledad podemos aprender mucho. Podemos reflexionar sobre lo que sí queremos y sobre lo que ya no deseamos en nuestra vida.

En la soledad podemos leer, escuchar música, ordenar nuestras cosas, planear nuestros años venideros. En la soledad podemos enriquecer nuestra vida. Y tendremos mejores cualidades que ofrecer a los demás cuando estamos acompañados.

Aceptar que otra persona nos maltrate, por miedo a la soledad, o por cualquier otro motivo, es muy doloroso. Mucho más doloroso que el camino de aprendizaje de cómo convivir con nosotros mismos. La vida es un privilegio, difícil muchas veces, pero llena de belleza, si sabemos verla.