¿Envidia de la buena?

Un modo más de defendernos del sentimiento de la envidia es decir: te tengo envidia, pero es de la buena. Nos encanta minimizar los sentimientos destructivos e incluso negarlos.

Todas las personas sentimos envidia, y más de una vez por día. Mucho más. No hay ni buena ni mala. Bueno o malo lo que haga con mi envidia.

La envidia es un sentimiento incómodo, desagradable, que nos hace sufrir y padecer mucho. Significa desear aquello que el otro tiene y de paso, desear que desaparezca o se destruya ese otro que se convierte en un espejo que me hace ver mi carencia o deficiencia.

Para defendernos de sentirla usamos diversas estrategias, la importante autora y psicoanalista Melanie Klein lo describe magistralmente en su texto Envidia y gratitud. Una de ellas es devaluar al otro que nos despierta la envidia, por ejemplo decimos: “si está muy guapa pero está toda operada”. Otra estrategia muy utilizada es la de despertar la envidia de los otros para así dejar de sentirla. Entonces cuando por ejemplo, en un grupo, alguien está siendo admirada respondemos señalando algo que nosotros sí tenemos que el otro no tiene.

Desde mi punto de vista, una señal de madurez es abrirse a reconocer lo bueno en los otros, aunque yo no lo tenga, ser capaz de admirar, de elogiar sinceramente y en todo caso, de aprender y disfrutar de eso que puede despertar mi envidia. La gratitud por lo que si tenemos puede ayudarnos mucho.