Codependencia y evitación de la responsabilidad

Hay muchos modos de entender la codependencia y también muchos modos de vivirla. Básicamente, supone necesitar de la aprobación del otro para vivir. Lo que complica más las cosas es que se busca la aprobación de un otro que habitualmente tiene problemas serios: alcoholismo, drogadicción, neurosis graves, bipolaridad, depresión,trastornos en la personalidad,patologías diversas.

Esto hace que la dependencia sea mayor y mucho más dolorosa porque ese otro del que dependemos emocionalmente no tiene la estructura ni la salud para dar respuestas más o menos estables. Se enoja contigo por sus propios problemas (y no por lo que tu hagas o dejes de hacer), se alegra contigo por sus propias situaciones (a lo mejor porque está bajo la influencia del alcohol) y no por que tu lo hayas hecho “bien”. Lo que quiero decir es que no depende de tu comportamiento la respuesta de ese otro. Su respuesta depende de su modo de estar en ese momento. Cómo quién dice: no hay modo de darles gusto.

Este tipo de relación enferma severamente. Vas poco a poco minando tu autoestima, vives todo el tiempo con angustia. No sabes ya que hacer. Te traicionas a ti mismo negándote la posibilidad de actuar libremente y de mantener tu dignidad con tal de que ese otro te quiera, se cure, esté mejor.

¿Te digo algo muy fuerte?: ese otro NO se va a curar. No va a cambiar. O al menos, no va a cambiar a través de tus actos. Tu debes cuidarte a ti misma. Nadie puede hacerlo por ti. Es muy difícil, yo lo sé. Pero debes recordar que tienes sólo una vida y que la vida es muy bella, y debe vivirse desde el respeto a uno mismo, en primer lugar, Si estas actuando de forma codependiente, te lo aseguro: estás evitando la responsabilidad de hacerte cargo de tu propia vida.

Heredar traumas

Los seres humanos recibimos muchas herencias de nuestros padres, que van más allá de lo económico. Algunos reciben dinero, propiedades, vajillas, joyas, títulos nobiliarios, libros, muebles, pinturas, relojes: podría citar tantos objetos cómo hay en el mundo.

Otros no reciben nada tangible: objetos o propiedades o dinero.

Lo que todos recibimos demás, desde luego, de nuestra herencia genética (color de ojos, debilidad de un órgano, fortaleza de otro, tendencia a diabetes o al alcoholismo) es nuestra herencia psíquica. Heredamos preferencias por cierto arte, aptitudes para hablar en público o tocar el piano, disposición para deprimirse o para reír. Además, heredamos los traumas que nuestros padres no elaboraron.

Cuando vivimos un trauma, es decir, un impacto que altera nuestro equilibrio, necesitamos elaborarlo: hablarlo, entenderlo, acomodarlo, llorarlo. Sí no lo lloran nuestros ojos lo llorará nuestro cuerpo y sí no logramos superarlo del todo (por falta de ganas, de valor, de información  o de tiempo) entonces se los dejamos, en herencia, a nuestros hijos.

Y nuestros hijos se verán en la disyuntiva: ¿vivo mi vida o elaboro el trauma de mi madre o de mi padre?. Todo esto de modo inconsciente, desde luego. Por eso es tan necesario elaborar nuestros traumas: no sólo tendremos una vida con mayor calidad al superar el miedo, el enojo, el resentimiento o el dolor, sino que dejamos en libertad a nuestros hijos, para que construyan su propia vida.