Humildad para aprender

Las posibilidades para aprender están a nuestro alcance cada día. Las oportunidades son infinitas. Cada persona tiene algo que enseñarnos. Y especialmente cada situación que se nos presenta, especialmente si es dolorosa.

Es cierto, el sufrimiento es un gran maestro. El sentimiento de tristeza nos obliga a reflexionar. Cuando nos sentimos así, volvemos la mirada hacia nosotros y nos damos cuenta de lo que es verdaderamente importante.

El dolor es una especie de semáforo en rojo que nos advierte: deja de hacer  tal o cual cosa, cambia de rumbo, adquiere mejores hábitos, aprende a callar, etc. El dolor nos avisa sobre lo que no estamos haciendo bien.

Es mucho mejor dejarse vencer. Llorar, lamentarse en lo íntimo (los demás no tienen porqué cargar con nuestras penas), poner un alto y ser humildes para reconocer nuestros errores, aprender de ellos y mejorar.

De tal modo que logremos transformar al dolor en una oportunidad para crecer. Si lo negamos sólo lograremos aumentar el sufrimiento. Si lo reconocemos podemos hacer algo productivo de ese dolor.

Sigue tus sueños

¿Que estudiar? En la consulta me encuentro con frecuencia con jóvenes que no tienen idea de que carrera elegir. Normalmente una crisis de vocación tiene que ver con una crisis de identidad. Al no saber quién soy tampoco sé a qué me quiero dedicar. Atrévete a soñar.

También escucho con frecuencia personas que dicen que soñaban con aprender francés, o estudiar una determinada carrera, o adquirir alguna habilidad como cocinar o tocar un instrumento musical. Todos tenemos sueños.

No los seguimos por desidia, por miedo, por creer que no seremos capaces de aprender o sentir que no lo merecemos. Yo creo que nunca es tarde. Soy una ferviente partidaria de apoyar a que en cualquier edad y casi en cualquier situación económica es posible ir aprendiendo aquello que nos hace más felices. ¡Escribe esa novela, toca la guitarra, aprende a cantar o a bailar! Todos tenemos algo que decir, algo que expresar, algo que aportar al mundo.

No te quedes con las ganas…tenemos una vida y si hacemos lo que más nos gusta y nos atrevemos a estudiar sobre lo que nos apasiona, seremos más felices y esa es justamente la tarea. Mientras más satisfecho estás con tu vida, menos lastimas a los demás.

Morir en vida

Morir en vida significa dejar de correr riesgos para quedarnos instalados en el dolor del pasado, creyendo que no podremos hacernos de una nueva historia.

Morir en vida significa dejar de aprender porque creemos que ya lo sabemos todo y que no necesitamos seguir aprendiendo.

Morir en vida no es otra cosa que instalarse en el resentimiento hacia una persona que ya no está en nuestras vidas y a pesar de ello no sabemos/podemos dejarla atrás.

Morir en vida significa no arriesgarse a seguir amando a pesar de saber que podemos salir lastimados.

Morir en vida significa dar vueltas y vueltas a nuestras historias encontrando en ellas los pretextos para nuestra indolencia, para nuestra incapacidad para tejer nuevas historias.

Morir en vida significa instalarse en la depresión: ya no desear, no tener planes y objetivos, no ser capaces de perdonar y de perdonarnos. Especialmente morimos en vida cuando dejamos de ser compasivos con nosotros mismos y con los otros.

Morir en vida significa dejar de amar a nuestros vivos y también a nuestros muertos, a quienes el mejor homenaje que podemos hacerles es estar vivos. No muertos en vida.