Lo bueno que hay en ti

Solemos reparar con especial atención en nuestros defectos. Nos es más fácil reconocer lo bueno en los demás que en nosotros. Sí en un día tenemos muchos aciertos y un error, nos fijamos demasiado en ese error y nos criticamos duramente por ello.

Cuando alguien nos critica, nos obsesionamos con ello. Y si nos hacen un elogio, lo minimizamos. Esto es perjudicial para nuestra autoestima.

Un modo para reconocer tus cualidades es intentar verte a través de la mirada de los que te quieren, por ejemplo tus amigos. ¿Porqué están contigo? Seguro es porque ven muchas cosas buenas en ti.

Otro modo útil es hacer una lista, lo más realista posible, de tus virtudes. Y decirte: “casi siempre soy honesto  (o amable o cariñoso o confiable) ” o cualquiera de las cualidades que hayas anotado en la lista y repetir para ti esa frase. Esto te ayudará a tener mayor conciencia de lo bueno que hay en ti. ¡Vale la pena hacer el ejercicio!

La importancia de la disciplina

Para lograr metas requerimos de la disciplina. Fijar un objetivo, establecer la acción que nos llevará al logro y llevarla a cabo.

Sin disciplina es casi imposible alcanzar objetivos que contribuyan a nuestro bienestar. Muchas veces creemos que con la motivación o el entusiasmo basta. Y no es así. Si tus acciones van a depender de tu estado de ánimo será muy complicado que tengas logros.

Por el contrario, si te fijas una rutina disciplinada y llevas a cabo esa tarea sin tomar en cuenta si estás de buenas, o de malas, o triste o feliz, irás conquistando muchos territorios.

La disciplina se adquiere, se aprende, se desarrolla y es una de las herramientas más poderosas en el alcance del crecimiento personal. No dependas de tus emociones para hacer las cosas. Con disciplina se logran las metas realistas que nos fijamos y si logramos distanciarnos de lo que sentimos en aras de cumplir nuestras tareas, habitualmente nuestro estado de ánimo mejora ante la evidencia de logro que elevará nuestro sentido de autoestima.

Calidad de vida

Muchos de nosotros estamos buscando obtener una calidad de vida mejor. A veces creemos que eso sólo se puede alcanzar con dinero o una vez que hayamos logrado algo que anhelamos (una pareja, un grado académico, un hijo, un cierto peso, etc.). La verdad es que la calidad de la vida no depende ni del dinero ni de ninguna otra persona.

La calidad de nuestra vida depende exclusivamente de nosotros mismos y de lo que decidamos hacer con nuestro tiempo. He aquí algunas sugerencias que pueden incrementar la calidad de nuestra vida:

  1. Mantener un orden en nuestra casa. No acumular ropa o cosas que no usemos, reciclar lo que ya no necesitamos. Si no te tropiezas a diario con objetos rotos, desgastados, inútiles y tu vivienda es lo más linda y ordenada que puedas tener, cada día sentirás el placer de llegar ahí a descansar.
  2. Vivir sin prisas. No corras, no hagas más compromisos de los que con toda calma puedas atender. Dale a cada actividad el tiempo que merece, sin apresurarte, sin estresarte.
  3. Sé amable. Trata con especial cuidado a cada persona a lo largo de tu día. Mientras más amable seas la calidad de tu vida será mejor. No agredas, no insultes, no critiques, no lastimes el prestigio de nadie.
  4. Cumple con tus propósitos o metas que te hayas fijado. De poco a poco ir logrando objetivos nos aumenta el sentido de nuestra autoestima.
  5. Cuida cada área de tu persona: incrementa tus conocimientos, escucha música, ejercítate, come bien y cuida tu economía. No gastes lo que no tienes, eso sólo te generará dolores de cabeza y de cartera.
  6. Agradece lo que sí tienes y no le des vueltas a pensar en lo que no tienes.
  7. Disfruta de las miles de pequeñas cosas que hacen a la vida hermosa: una conversación con una amiga, un rico café, una flor, una nube, el rostro de una persona que amas, una interesante novela.

La calidad de cada día depende de nosotros mismos. Nadie puede ayudarnos si no lo hacemos cada uno.

¿Qué necesita un niño recién adoptado?

Cuando un niño o niña es adoptado y comienza una nueva etapa de su vida, resulta esencial ayudarle a comprender los cambios y brindarle la confianza suficiente para que su autoestima se fortalezca y cu confianza en sí mismo y en la vida se desarrolle.

Lo que más ayuda a generar confianza es la verdad. Háblale siempre con la verdad: sobre su origen, sobre tu proceso para decidir adoptarlo, y sobre las normas de la casa. Explica lo que te gusta, lo que te disgusta, lo que esperas, ayúdale a ir conociendo las consecuencias de sus actos y a ser responsable por lo que haga. Ayúdale a conocer el hecho de que sólo nosotros somos responsables del tipo de persona que deseamos ser y de cómo decidimos vivir nuestra vida.

Para incrementar su autoestima no hay nada cómo animarle a hacer cosas por sí mismo. Desde luego, en proporción a su edad debemos irle dando tareas: bañarse, guardar su ropa, pasear al perro, ayudar a poner la mesa, cumplir con su tarea escolar. Nada ayuda más a aumentar nuestra autoestima que el sentido de logro que se obtiene por hacer algo “nosotros solos” y hacerlo bien.

Sé congruente y cumple con tu palabra. No debes decir “te llevaré de paseo el domingo” sí no estás segura de poder hacerlo. No debes amenazar con castigos que no vas a cumplir. Habla con tu niña y muestra tus sentimientos, ese será el modelaje para que ella aprenda a expresar y respetar sus sentimientos.

Nada es más poderoso que el amor. Adoptar a un niño o a una niña es un inmenso acto de amor que será recompensado siempre: felicidades.