Mujer sin hombre: ¿mujer incompleta?

Es interesante y doloroso constatar cómo en la sociedad en la que nos movemos se considera -explícita o implícitamente- que una mujer sin pareja está incompleta.

Las circunstancias que explican el fenómeno son diversas: la experiencia de sentirse “en falta”, “incompleta” o “defectuosa” no. Puede ser que la mujer haya enviudado, que se haya divorciado, que no se haya casado, o cualquier otra que la obligue a vivir sin pareja. Por un tiempo o para el resto de su vida. Las demás mujeres, las casadas (clase social mucho más privilegiada) les dirán a esas mujeres: “podrás rehacer tu vida, te lo aseguro”.

Me he preguntado muchas veces: ¿la vida está deshecha si no tienes pareja?. ¿Una pareja GARANTIZA una vida hecha?

Somos las mujeres las que menospreciamos a la vida sin pareja. Somos nosotras las que miramos con admiración a la primera de la escuela que tiene novio, a la que sí tiene pareja, a la popular entre la tropa. Somos nosotras las que, en la intimidad de nuestras vidas, sospechamos que sí no tenemos pareja es porque tenemos un terrible y misterioso defecto. Esta sensación se acentúa cuando no hemos desarrollado intereses profesionales, cuando nuestras potencialidades están sin moverse.

No es este el espacio para explicar los muchos argumentos para discutir este punto. Pero si para invitar a todas las mujeres, a ser menos prejuiciosas, menos discriminativas y menos criticonas de las que -por lo que sea- estamos sin pareja, por un tiempo, o por toda la vida. Hay un mérito en decidir elegir bien. Hay un mérito en no involucrarse con una persona destructiva sólo por evitar la crítica. Hay un mérito en proteger a nuestros hijos y no involucrarnos con cualquiera. Tenemos vida, y, por increíble que pueda parecer: una buena vida.