Una madre angustiada

Es inevitable, como madre, sentirse angustiada. Es inevitable como persona sentir angustia. Ya el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, dedica muchas de sus reflexiones al sentimiento de la angustia. Vivir es difícil. 

A cada día nos vemos enfrentados a situaciones que pueden ser fuente de angustia: conseguir el dinero para sostenernos, padecer una enfermedad, sufrir de un robo, resolver una situación de índole legal, temer por la infidelidad o el desamor de una pareja. Los ejemplos son infinitos. En este escrito quiero, sin embargo, exponer la terrible situación de crecer al lado de una madre angustiada. 

Los hijos pequeños no cuentan con el aparato de contención suficiente para poder entender, ayudar, consolar o solucionar las fuentes de angustia de su madre. Si la mamá esta tensa porque su pareja le esta siendo infiel o porque el dinero para sostener a sus hijos no le está alcanzando, son situaciones que debieran manejarse al margen de los hijos menores de edad.

Para un pequeño, saber que su madre está preocupada, triste, angustiada, sufriendo, es una fuente de profundo malestar porque no tiene las herramientas para solucionar la situación y sin embargo se siente culpable por no ser de utilidad, incluso puede sentir que estorba y pensar equivocadamente que todo sería más fácil para su madre si dejara de existir.

Muchos de los problemas de aprendizaje provienen justamente de que el pequeño se siente profundamente angustiado ante el estado emocional de su madre.

Los sentimientos depresivos, la culpa, la indefensión, el dolor y el miedo se arraigarán en ese hijo con consecuencias de muy largo alcance y de muy difícil solución.

Es inevitable sentir angustia en muchos momentos de nuestra vida, eso no podemos evitarlo. Lo que si podemos evitar es comunicarlo a nuestros hijos pequeños. Si como madre estás angustiada, es necesario pedir ayuda terapéutica para encontrar un espacio de contención en el que puedas desahogar y pensar alternativas de solución.

Lo que no se vale, es transmitir a nuestros hijos nuestros miedos, incapacidades y angustias limitando así su sano desarrollo.

¿Acercas o alejas al padre de tus hijos?

Las mujeres vivimos una de las experiencias más complejas de la vida cuando somos madres por vez primera. Se ponen en juego muchos de nuestros recursos y necesitamos, más que en otras ocasiones, del apoyo del padre de nuestro hijo y de quiénes puedan contribuir a facilitar  esta experiencia.

Se ha observado que con frecuencia la mamá no permite la entrada al papá en estas primeras etapas de la crianza. Es cómo si ella fuese la experta y él no tuviese las habilidades para quedarse solo con su bebé y comenzar a conocerlo. Incluso la mujer suele decir: “él me ayuda mucho”, cómo si la dueña de la situación fuese ella y él sólo actúe como un “ayudante”.

Así como la mamá tiene que ir conociendo a su bebé poco a poco y aprendiendo a criarlo, así su papá lo debe hacer. No podemos excluirlo de la tarea y después, años después, quejarnos de que ese padre no se comunica con sus hijos. La relación con los hijos se construye día a día y poco a poco.

Las mujeres debemos estar conscientes de que el hijo conoce al padre en gran medida a través del discurso de la madre. No es lo mismo que la mamá diga: “tu papá no está porque se fue a trabajar porque te ama” a que diga “tu papá nunca está, siempre está en el trabajo porque no le importamos”.

La pregunta es: ¿eres facilitadora de la relación del padre con sus hijos o te pones en medio, para que no se puedan querer?