El daño de la envidia

La envidia es un sentimiento que todos los seres humanos compartimos. Unos somos conscientes de ella y otros no. Hay incluso quienes dicen jamás haber sentido envidia por alguien. Quienes así se expresan suelen ser los extranjeros de su propia psique. Y son los más peligrosos.

Cuando alguna característica de otra persona nos despierta envidia es muy recomendable admitirlo y reconocer que hemos descuidado alguna área de nuestra persona y que por ello nos confronta ver en el otro lo que yo no he podido conseguir. Tal vez hemos dejado de luchar por obtener aquello que nos está despertando la envidia.

Cuando es el otro quien siente envidia por algo que nosotros tenemos nos enfrentaremos al más temible de los enemigos, en especial si no reconoce que nos tiene envidia. Porque el que envidia desea destruir ese espejo que le refleja su carencia. En lugar de luchar por conquistar eso que le despierta la envidia, prefiere dañar a aquella persona que le  recuerda su pobreza.

Mientras menos conscientes somos, hacemos más daño. Es importante reconocer que sentir envidia no es malo, lo que es malo es no saber como manejar ese sentimiento y proyectar el dolor que nos causa no tenerlo todo -por cierto, nadie lo tiene aunque el espejismo de la envidia así nos lo hace creer- y lastimar a esa otra persona.

Personas Tóxicas

¿Estás relacionada con una persona tóxica?

Las personas tóxicas comparten algunas de éstas características:

– Mienten por deporte: nunca puedes estar segura de que te están diciendo la verdad.

– Son agresivas y manipuladoras: por ejemplo, sí le pides dinero y es el padre de tus hijos y te contesta a gritos, enojado o con expresiones cómo: “¿no sabes hacer otra cosa que pedir dinero?” sin duda es tóxica.

– No aceptan tener la responsabilidad de nada de lo que ocurre, siempre le echarán la culpa a la crisis, a la situación actual, a que la economía anda mal o al clima, pero no son capaces de reconocer sus errores, hablar del tema conflictivo sin gritos o decir “sí, tienes razón”

– Una vez que te apartas un poco de una persona tóxica te das cuenta del daño emocional que te causa su proximidad. Te sientes cómo si debieras usar una armadura para protegerte del contacto. Incluso por teléfono o por correo electrónico logran desgastarte.

– No se han dado cuenta que existimos los demás: creen que sólo ellos y sus circunstancias importan. No entienden, ni se imaginan siquiera, que los otros también sentimos.

Cuidado. Puede ser tu padre, tu hermana, tu esposo o tu hijo. Puede ser tu jefe. Tu “amiga”. Cuidado. No es posible cambiarla. No es posible salir ileso de un encuentro con una persona así. Te va a dañar. No te dejes llevar por las etiquetas aunque sean familiares. No creas que “es mejor que mis hijos tengan un padre aunque les haga daño”. Hay que saber decir adiós. Separarse. Alejarse. Cuidarse. La vida es muy valiosa y sólo tenemos una. Es tu responsabilidad decidir a quién te acercas. Un venado no sugiere llevar a terapia a una víbora: se aleja siguiendo su sabiduría interior.