O te dan o te quitan

En cada una de nuestras interacciones con los demás estamos ante la posibilidad de recibir o de perder algo. 

Muchas personas son en realidad depredadores que están buscando despojarte de algo. Quieren tu tiempo, tu dinero, tu energía, lo que sea que tengas.

Otras muchas personas son nutricias: te enriquecen, te ayudan, te apoyan, te dan una mirada atenta, una escucha compasiva, un empujón necesario.

Esto depende de múltiples factores: el lugar en donde te encuentras con ese otro, la condición de cada cuál, la situación particular de vida.

Cada uno de nosotros, de modo inconsciente, comunicamos si estamos dispuestos a ser despojados o si por el contrario deseamos obtener algo.

Por supuesto, también existen las relaciones mutuales. Estas son aquellas en las hay un intercambio justo, en las que hay equidad.

En éste tipo de relaciones hay un intercambio justo. Las dos personas resultan beneficiadas de la interacción.

No es mala idea revisar de uno a uno como están nuestras relaciones. ¿La mayoría me quitan, se aprovechan de mi? ¿Me tropiezo siempre con personas carentes, hambrientas, espíritus famélicos? O por el contrario mis encuentros son nutricios, saliudables, energetizantes.

Salvo en ciertas condiciones de dependencia, como puede ser entre una madre y su bebé, en general debemos estar atentos a que si la relación es entre dos adultos el intercambio debe ser justo. Yo hago este trabajo para ti y tu me pagas lo justo. Yo hago este favor para ti y tu me agradeces oportunamente. Yo te presto dinero esta vez, pero a la siguiente me prestas tu. 

Podemos pensar en cientos de ejemplos en donde nuestras relaciones no cumplen la norma de la equidad. O damos demasiado, para complacer o para que nos quieran, o somos francamente abusivos y arbitrarios en nuestras relaciones. Detenerse a revisar la balanza puede ser un paso prudente.

¿Víctima de abuso emocional?

Con frecuencia escucho relatos de  mujeres que viven una situación de matrimonio en la que ellos son los dueños del dinero, -ya sea porque lo heredaron o porque lo generan con su trabajo- y ellas no son dueñas de nada. No tienen una cuenta en el banco, una tarjeta de crédito propia o una propiedad. La casa está a nombre del marido y ella se ha pasado la vida criando hijos, cuidando que haya comida, ropa limpia y creando un ambiente de hogar.

Ellas dejaron su carrera profesional de lado, o no la ejercieron nunca, no trabajaron fuera de casa y al paso de los años… los hijos ya se fueron o están por irse. El resentimiento contra ese hombre es peligroso. Y en ocasiones, además, ellos despliegan un comportamiento abusivo verbal o físicamente.

Ellas están desesperadas. Angustiadas ante la tremenda dependencia económica, asustadas ante un futuro en el que sólo encuentran desilusión y soledad.

Sé que esta situación en ocasiones es al revés: la mujer es la proveedora y el hombre es el que se ha quedado cuidando a los hijos. La escribo en femenino sólo porque es el caso más recurrente.

¿Qué hacer?. He aquí algunas sugerencias:

  1. Si eres prisionera debes fortalecerte mientras sigas ahí. Cuida tu salud, empieza a generar dinero de inmediato, enriquece tu acervo cultural, desarrolla tus potenciales, adquiere herramientas de trabajo y planea cuidadosamente tu futuro económico dentro de los límites que tienes.
  2. Reconoce que el acuerdo, bueno, regular o malo, lo aceptaste tú. Reconoce que has descuidado el área productiva en el sentido económico y que de eso, tu marido no es el responsable.
  3. Mientras sigas con él, procura entender tu relación e incluso mejorarla. Diferenciar entre las situaciones de las que él es responsable y de las que tú eres la responsable.
  4. Trabaja en tu persona. Acceder a un psicoanalista respetable puede ser la piedra de toque que te ayude a reconocer que el otro sólo abusa de quién se deja abusar. Un tratamiento serio puede ser fundamental para que te prepares para el futuro.

Nadie abusa de quien no se permite ser abusado.

¿Víctima de sí misma o victimaria de los demás?

¿Quién no conoce a una víctima de sí misma? Es aquella persona que posee las siguientes características:

1. Está dentro de una situación lamentable creada por ella misma debido a su falta de responsabilidad. Esto significa que no se ha hecho cargo de su vida. Cree que los demás deben rescatarla de su propia indolencia. No asume ninguna responsabilidad sobre sus actos. No se ha dado cuenta de que todo es causa-efecto.

2. Atribuye sus desastres a sus padres de la infancia, a alguna ex pareja y a otras personas que le han hecho tanto daño que la dejaron invalidada para actuar, sin asumir su contribución a la relación.

3. Ha designado a alguien como su rescatador oficial. Esa persona está “obligada” a responder por ella, a salvarla de sus errores, a reparar sus daños y a darle todo el amor que necesita. Le pide amor, atención, dinero, etc. O se lo exige. Ese rescatador puede ser una madre, un padre, una pareja, una ex pareja, una hermana, una amiga, etc. El rescatador oficial es alguien que la ha sobreprotegido porque de alguna manera se siente culpable. Y si la sigue sobre protegiendo, la víctima seguirá infantilizada.

4. Se queja permanentemente de que no la ayudan lo suficiente, de que no le prestan la excesiva atención que demanda, de que alguien le quita el amor, la atención o el dinero de su rescatador. No importa lo que el rescatador oficial haga por ella, nunca es suficiente. Detesta además, a los seres queridos del rescatador ya que cree que el rescatador se debe sólo a ella.

5. Padece un sinfín de enfermedades, síntomas visibles e invisibles, molestias difusas, ataques siniestros, maltratos diversos y lleva un registro detallado de cada uno. Y si te dejas, te los describe minuciosamente.

6. Habla sólo de si misma y no es capaz de escuchar. Puede ser adicta a sustancias que la ayuden a evadir o negar su realidad: comida, medicamentos, drogas diversas.

7. Si intentas ayudarla se siente agredida ya que su principales mecanismos de defensa son la negación y la proyección. Niegan toda responsabilidad personal en sus problemas y proyectan toda su culpa y agresión en los demás.

8. Al no poderse hacer cargo de si misma, tampoco puede hacerse cargo de hijos o de cualquiera que lamentablemente dependa de ella.

9. Es infantil, es una especie de niña o niño y se vive a sí misma como tal. Puede ser que su rescatador oficial la perciba así.

10. Lastima profundamente a los demás y se destruye a si misma. Siempre obtiene ganancias derivadas de su comportamiento.

Si tienes alguna víctima con estas características cerca de ti, te recomiendo que dejes de ser su rescatador oficial. No la vas a poder ayudar, siempre quedarás mal y vivirás profundas frustraciones, culpas y enojos. Recuerda que cuando hacemos algo por el otro, que el otro debe y puede hacer, lo hacemos dependiente. Mejor pásale los datos de algún profesional de la salud mental. Que tenga cédula de licenciatura y de maestría, un aficionado no tendrá las herramientas necesarias.

Si eres una víctima de ti misma, pide ayuda profesional. Los daños a tu persona y a los que te rodean pueden conducirte a tu destrucción y el dolor de saber que estás lastimando a tantas personas, cuando lo registres, puede ser irreparable.

¿Víctima de sí misma o victimaria de los demás?

¿Quién no conoce a una víctima de sí misma? Es aquella persona que posee las siguientes características:

1. Está dentro de una situación lamentable creada por ella misma debido a su falta de responsabilidad. Esto significa que no se ha hecho cargo de su vida. Cree que los demás deben rescatarla de su propia indolencia. No asume ninguna responsabilidad sobre sus actos. No se ha dado cuenta de que todo es causa-efecto.

2. Atribuye sus desastres a sus padres de la infancia, a alguna ex pareja y a otras personas que le han hecho tanto daño que la dejaron invalidada para actuar, sin asumir su contribución a la relación.

3. Ha designado a alguien como su rescatador oficial. Esa persona está “obligada” a responder por ella, a salvarla de sus errores, a reparar sus daños y a darle todo el amor que necesita. Le pide amor, atención, dinero, etc. O se lo exige. Ese rescatador puede ser una madre, un padre, una pareja, una ex pareja, una hermana, una amiga, etc. El rescatador oficial es alguien que la ha sobreprotegido porque de alguna manera se siente culpable. Y si la sigue sobre protegiendo, la víctima seguirá infantilizada.

4. Se queja permanentemente de que no la ayudan lo suficiente, de que no le prestan la excesiva atención que demanda, de que alguien le quita el amor, la atención o el dinero de su rescatador. No importa lo que el rescatador oficial haga por ella, nunca es suficiente. Detesta además, a los seres queridos del rescatador ya que cree que el rescatador se debe sólo a ella.

5. Padece un sinfín de enfermedades, síntomas visibles e invisibles, molestias difusas, ataques siniestros, maltratos diversos y lleva un registro detallado de cada uno. Y si te dejas, te los describe minuciosamente.

6. Habla sólo de si misma y no es capaz de escuchar. Puede ser adicta a sustancias que la ayuden a evadir o negar su realidad: comida, medicamentos, drogas diversas.

7. Si intentas ayudarla se siente agredida ya que su principales mecanismos de defensa son la negación y la proyección. Niegan toda responsabilidad personal en sus problemas y proyectan toda su culpa y agresión en los demás.

8. Al no poderse hacer cargo de si misma, tampoco puede hacerse cargo de hijos o de cualquiera que lamentablemente dependa de ella.

9. Es infantil, es una especie de niña o niño y se vive a sí misma como tal. Puede ser que su rescatador oficial la perciba así.

10. Lastima profundamente a los demás y se destruye a si misma. Siempre obtiene ganancias derivadas de su comportamiento.

Si tienes alguna víctima con estas características cerca de ti, te recomiendo que dejes de ser su rescatador oficial. No la vas a poder ayudar, siempre quedarás mal y vivirás profundas frustraciones, culpas y enojos. Recuerda que cuando hacemos algo por el otro, que el otro debe y puede hacer, lo hacemos dependiente. Mejor pásale los datos de algún profesional de la salud mental. Que tenga cédula de licenciatura y de maestría, un aficionado no tendrá las herramientas necesarias.

Si eres una víctima de ti misma, pide ayuda profesional. Los daños a tu persona y a los que te rodean pueden conducirte a tu destrucción y el dolor de saber que estás lastimando a tantas personas, cuando lo registres, puede ser irreparable.