Sin prisa

La mayoría de nosotros pasamos los días corriendo, con prisa. Apurados. Un estilo de vida maniaco. Las consecuencias de vivir de este modo son, entre otras:

. Estrés generalizado que debilita nuestro sistema inmunológico.

. Irritabilidad, preocupación, mal humor, acumulándose te llevan a la depresión.

. Pérdida de la claridad y calma que se necesita para tomar buenas decisiones.

¿Cómo desacelerarnos?

Haz algunas de las cosas que haces cotidianamente lo más despacio que puedas. Resiste la presión que te imponen otros para responder de inmediato. Encuentra la belleza del momento presente y disfruta de esa taza de café, de esa conversación, de tu respiración. Empieza poco a poco haciendo lo que haces de modo más lento, poniendo toda tu atención en esa actividad y en lo que te rodea.

Desacelerar el ritmo de tu vida es una de las acciones que realmente puede cambiarte la vida para bien.

¿Para qué ir a psicoanálisis?

Vivir es difícil. Convivir es complicado. Los impactos de pasar de una etapa de desarrollo a otra son muchos. Dejar la infancia, atravesar por la adolescencia, establecer una relación de pareja, obtener logros, fracasar, experimentar el dolor de personas a las que amamos: estas y muchas otras situaciones pueden y deben ser elaboradas. Entendidas, trabajadas, simbolizadas. Si no lo hacemos, se van acumulando, nos vamos resistiendo, podemos deprimirnos o desarrollar síntomas que son señales de que necesitamos una adecuada elaboración. El psicoanálisis es el espacio para ser escuchados objetivamente. Para poder digerir, rumiar, pensar, masticar esas situaciones y ponerles nombre, acomodarlas, ordenarlas. Cuando lo hacemos, logramos ser menos impulsivos, menos acomplejados, y, especialmente, adquirimos mayor responsabilidad sobre nuestros actos. Este y muchos otros argumentos explicaré en la conferencia que estaré ofreciendo, gracias a la invitación de la Asociación Psicoanalítica Mexicana en “El Péndulo” de Álvaro Obregón, Col. Roma, el martes 25 de abril a las 7:30 pm. La entrada es libre. Te espero.

Pendulo

Rendirse o persistir

Estoy convencida que vale la pena correr el riesgo de aventurarse a intentar conseguir aquello que deseamos. Ciertamente, sin saber que se desea es imposible lograrlo. Reflexionar sobre nuestras prioridades y jerarquizarlas. Saber bien que deseo. Y saber que tendré que pagar un precio por ello.

Arriesgarse a trabajar para aumentar nuestra calidad de vida. Si esto implica enfrentarnos con nuestras incapacidades, con nuestra ignorancia y nuestra debilidad: adelante. Atrevernos a luchar por lo que anhelamos. Y persistir: nunca rendirse. Seguir intentando cada día, avanzar para conquistar nuestros sueños.

Arriesgarse a encontrar una pareja, a cambiar una carrera, a mejorar nuestra salud con una dieta, a iniciar un programa de ejercicio, a aprender algo nuevo, a pedir perdón, a decir te quiero. Arriesgarse, especialmente, a amar. Con toda el alma. No se puede correr un riesgo mayor, sin embargo, el peligro de no correrlo es inmenso, el resultado será la depresión.

¿Estás deprimida?

Si sientes que la vida no tiene nada bueno que ofrecerte, si la tristeza se adueña de ti, si estás pensando en quitarte la vida, si no encuentras placer en las cosas cotidianas, si estás muy angustiada: estás deprimida.

La depresión tiene un pronóstico 100% favorable: es decir que se cura.

Puede ser el resultado de una pérdida reciente: la muerte de un ser querido, la pérdida de la salud, del trabajo, de la pareja, de la juventud. Un accidente, un error, un mal paso. También puede ser la consecuencia de muchas pequeñas pérdidas no elaboradas.

Necesitas ayuda profesional. Es casi imposible salir de un estado así por una misma. La buena noticia: hay psiquiatras y psicoanalistas quienes tienen la preparación suficiente para atenderte. No lo dudes: busca ser ayudada. No te vas a arrepentir. Y volverás a recuperarte a ti misma y a disfrutar la vida. Hazlo por ti y por quienes te rodean.

Morir en vida

Morir en vida significa dejar de correr riesgos para quedarnos instalados en el dolor del pasado, creyendo que no podremos hacernos de una nueva historia.

Morir en vida significa dejar de aprender porque creemos que ya lo sabemos todo y que no necesitamos seguir aprendiendo.

Morir en vida no es otra cosa que instalarse en el resentimiento hacia una persona que ya no está en nuestras vidas y a pesar de ello no sabemos/podemos dejarla atrás.

Morir en vida significa no arriesgarse a seguir amando a pesar de saber que podemos salir lastimados.

Morir en vida significa dar vueltas y vueltas a nuestras historias encontrando en ellas los pretextos para nuestra indolencia, para nuestra incapacidad para tejer nuevas historias.

Morir en vida significa instalarse en la depresión: ya no desear, no tener planes y objetivos, no ser capaces de perdonar y de perdonarnos. Especialmente morimos en vida cuando dejamos de ser compasivos con nosotros mismos y con los otros.

Morir en vida significa dejar de amar a nuestros vivos y también a nuestros muertos, a quienes el mejor homenaje que podemos hacerles es estar vivos. No muertos en vida.

Codependencia y evitación de la responsabilidad

Hay muchos modos de entender la codependencia y también muchos modos de vivirla. Básicamente, supone necesitar de la aprobación del otro para vivir. Lo que complica más las cosas es que se busca la aprobación de un otro que habitualmente tiene problemas serios: alcoholismo, drogadicción, neurosis graves, bipolaridad, depresión,trastornos en la personalidad,patologías diversas.

Esto hace que la dependencia sea mayor y mucho más dolorosa porque ese otro del que dependemos emocionalmente no tiene la estructura ni la salud para dar respuestas más o menos estables. Se enoja contigo por sus propios problemas (y no por lo que tu hagas o dejes de hacer), se alegra contigo por sus propias situaciones (a lo mejor porque está bajo la influencia del alcohol) y no por que tu lo hayas hecho “bien”. Lo que quiero decir es que no depende de tu comportamiento la respuesta de ese otro. Su respuesta depende de su modo de estar en ese momento. Cómo quién dice: no hay modo de darles gusto.

Este tipo de relación enferma severamente. Vas poco a poco minando tu autoestima, vives todo el tiempo con angustia. No sabes ya que hacer. Te traicionas a ti mismo negándote la posibilidad de actuar libremente y de mantener tu dignidad con tal de que ese otro te quiera, se cure, esté mejor.

¿Te digo algo muy fuerte?: ese otro NO se va a curar. No va a cambiar. O al menos, no va a cambiar a través de tus actos. Tu debes cuidarte a ti misma. Nadie puede hacerlo por ti. Es muy difícil, yo lo sé. Pero debes recordar que tienes sólo una vida y que la vida es muy bella, y debe vivirse desde el respeto a uno mismo, en primer lugar, Si estas actuando de forma codependiente, te lo aseguro: estás evitando la responsabilidad de hacerte cargo de tu propia vida.

¿Tiene sentido la vida?

Esta es una pregunta que muchos de nosotros nos hacemos, especialmente cuando estamos atravesando por una situación dolorosa, una pérdida, un duelo, un sufrimiento. Preguntamos ¿porqué a mi? ¿que sentido tiene esto?.

A veces, nos podemos sentir cansados, aburridos, hastiados: las exigencias de nuestro medio, dificultades económicas, problemas familiares, decepciones amorosas…todo esto puede llevarnos a un estado que se llama vacío existencial (para la logoterapia) o depresión.

Vivir no siempre es fácil. A veces es muy difícil. Viktor Frankl, quién fuese prisionero en campos de concentración durante la segunda guerra mundial y quién funda la Escuela de Logoterapia en Viena, dedicó su vida a ayudar a otros a descubrir el sentido de la vida. “La vida tiene sentido bajo cualquier circunstancia” escribe Frankl. A cada uno de nosotros nos corresponde descubrir el sentido de nuestras experiencias, de lo que hemos recibido, de lo que hemos sufrido. Nadie puede hacer esa tarea por nosotros.

En el Instituto de Logoterapia trabajamos desde hace casi 20 años impartiendo un Diplomado en Logoterapia, para facilitar a quién lo estudia el camino del descubrimiento sobre el sentido de la vida.

Si te interesa, el martes 28 de Enero, a las 11 am, en los salones de la Iglesia de Nuestra Señora de la Esperanza, en la calle de Coscomate, Periférico Sur y Tlalpan, D.F. impartiré una plática gratuita sobre logoterapia, ya que abriremos un Diplomado a partir del martes 11 de Febrero. ¡Te espero!