¿Envidia de la buena?

Un modo más de defendernos del sentimiento de la envidia es decir: te tengo envidia, pero es de la buena. Nos encanta minimizar los sentimientos destructivos e incluso negarlos.

Todas las personas sentimos envidia, y más de una vez por día. Mucho más. No hay ni buena ni mala. Bueno o malo lo que haga con mi envidia.

La envidia es un sentimiento incómodo, desagradable, que nos hace sufrir y padecer mucho. Significa desear aquello que el otro tiene y de paso, desear que desaparezca o se destruya ese otro que se convierte en un espejo que me hace ver mi carencia o deficiencia.

Para defendernos de sentirla usamos diversas estrategias, la importante autora y psicoanalista Melanie Klein lo describe magistralmente en su texto Envidia y gratitud. Una de ellas es devaluar al otro que nos despierta la envidia, por ejemplo decimos: “si está muy guapa pero está toda operada”. Otra estrategia muy utilizada es la de despertar la envidia de los otros para así dejar de sentirla. Entonces cuando por ejemplo, en un grupo, alguien está siendo admirada respondemos señalando algo que nosotros sí tenemos que el otro no tiene.

Desde mi punto de vista, una señal de madurez es abrirse a reconocer lo bueno en los otros, aunque yo no lo tenga, ser capaz de admirar, de elogiar sinceramente y en todo caso, de aprender y disfrutar de eso que puede despertar mi envidia. La gratitud por lo que si tenemos puede ayudarnos mucho.

¿Víctima de sí misma o victimaria de los demás?

¿Quién no conoce a una víctima de sí misma? Es aquella persona que posee las siguientes características:

1. Está dentro de una situación lamentable creada por ella misma debido a su falta de responsabilidad. Esto significa que no se ha hecho cargo de su vida. Cree que los demás deben rescatarla de su propia indolencia. No asume ninguna responsabilidad sobre sus actos. No se ha dado cuenta de que todo es causa-efecto.

2. Atribuye sus desastres a sus padres de la infancia, a alguna ex pareja y a otras personas que le han hecho tanto daño que la dejaron invalidada para actuar, sin asumir su contribución a la relación.

3. Ha designado a alguien como su rescatador oficial. Esa persona está “obligada” a responder por ella, a salvarla de sus errores, a reparar sus daños y a darle todo el amor que necesita. Le pide amor, atención, dinero, etc. O se lo exige. Ese rescatador puede ser una madre, un padre, una pareja, una ex pareja, una hermana, una amiga, etc. El rescatador oficial es alguien que la ha sobreprotegido porque de alguna manera se siente culpable. Y si la sigue sobre protegiendo, la víctima seguirá infantilizada.

4. Se queja permanentemente de que no la ayudan lo suficiente, de que no le prestan la excesiva atención que demanda, de que alguien le quita el amor, la atención o el dinero de su rescatador. No importa lo que el rescatador oficial haga por ella, nunca es suficiente. Detesta además, a los seres queridos del rescatador ya que cree que el rescatador se debe sólo a ella.

5. Padece un sinfín de enfermedades, síntomas visibles e invisibles, molestias difusas, ataques siniestros, maltratos diversos y lleva un registro detallado de cada uno. Y si te dejas, te los describe minuciosamente.

6. Habla sólo de si misma y no es capaz de escuchar. Puede ser adicta a sustancias que la ayuden a evadir o negar su realidad: comida, medicamentos, drogas diversas.

7. Si intentas ayudarla se siente agredida ya que su principales mecanismos de defensa son la negación y la proyección. Niegan toda responsabilidad personal en sus problemas y proyectan toda su culpa y agresión en los demás.

8. Al no poderse hacer cargo de si misma, tampoco puede hacerse cargo de hijos o de cualquiera que lamentablemente dependa de ella.

9. Es infantil, es una especie de niña o niño y se vive a sí misma como tal. Puede ser que su rescatador oficial la perciba así.

10. Lastima profundamente a los demás y se destruye a si misma. Siempre obtiene ganancias derivadas de su comportamiento.

Si tienes alguna víctima con estas características cerca de ti, te recomiendo que dejes de ser su rescatador oficial. No la vas a poder ayudar, siempre quedarás mal y vivirás profundas frustraciones, culpas y enojos. Recuerda que cuando hacemos algo por el otro, que el otro debe y puede hacer, lo hacemos dependiente. Mejor pásale los datos de algún profesional de la salud mental. Que tenga cédula de licenciatura y de maestría, un aficionado no tendrá las herramientas necesarias.

Si eres una víctima de ti misma, pide ayuda profesional. Los daños a tu persona y a los que te rodean pueden conducirte a tu destrucción y el dolor de saber que estás lastimando a tantas personas, cuando lo registres, puede ser irreparable.

¿Víctima de sí misma o victimaria de los demás?

¿Quién no conoce a una víctima de sí misma? Es aquella persona que posee las siguientes características:

1. Está dentro de una situación lamentable creada por ella misma debido a su falta de responsabilidad. Esto significa que no se ha hecho cargo de su vida. Cree que los demás deben rescatarla de su propia indolencia. No asume ninguna responsabilidad sobre sus actos. No se ha dado cuenta de que todo es causa-efecto.

2. Atribuye sus desastres a sus padres de la infancia, a alguna ex pareja y a otras personas que le han hecho tanto daño que la dejaron invalidada para actuar, sin asumir su contribución a la relación.

3. Ha designado a alguien como su rescatador oficial. Esa persona está “obligada” a responder por ella, a salvarla de sus errores, a reparar sus daños y a darle todo el amor que necesita. Le pide amor, atención, dinero, etc. O se lo exige. Ese rescatador puede ser una madre, un padre, una pareja, una ex pareja, una hermana, una amiga, etc. El rescatador oficial es alguien que la ha sobreprotegido porque de alguna manera se siente culpable. Y si la sigue sobre protegiendo, la víctima seguirá infantilizada.

4. Se queja permanentemente de que no la ayudan lo suficiente, de que no le prestan la excesiva atención que demanda, de que alguien le quita el amor, la atención o el dinero de su rescatador. No importa lo que el rescatador oficial haga por ella, nunca es suficiente. Detesta además, a los seres queridos del rescatador ya que cree que el rescatador se debe sólo a ella.

5. Padece un sinfín de enfermedades, síntomas visibles e invisibles, molestias difusas, ataques siniestros, maltratos diversos y lleva un registro detallado de cada uno. Y si te dejas, te los describe minuciosamente.

6. Habla sólo de si misma y no es capaz de escuchar. Puede ser adicta a sustancias que la ayuden a evadir o negar su realidad: comida, medicamentos, drogas diversas.

7. Si intentas ayudarla se siente agredida ya que su principales mecanismos de defensa son la negación y la proyección. Niegan toda responsabilidad personal en sus problemas y proyectan toda su culpa y agresión en los demás.

8. Al no poderse hacer cargo de si misma, tampoco puede hacerse cargo de hijos o de cualquiera que lamentablemente dependa de ella.

9. Es infantil, es una especie de niña o niño y se vive a sí misma como tal. Puede ser que su rescatador oficial la perciba así.

10. Lastima profundamente a los demás y se destruye a si misma. Siempre obtiene ganancias derivadas de su comportamiento.

Si tienes alguna víctima con estas características cerca de ti, te recomiendo que dejes de ser su rescatador oficial. No la vas a poder ayudar, siempre quedarás mal y vivirás profundas frustraciones, culpas y enojos. Recuerda que cuando hacemos algo por el otro, que el otro debe y puede hacer, lo hacemos dependiente. Mejor pásale los datos de algún profesional de la salud mental. Que tenga cédula de licenciatura y de maestría, un aficionado no tendrá las herramientas necesarias.

Si eres una víctima de ti misma, pide ayuda profesional. Los daños a tu persona y a los que te rodean pueden conducirte a tu destrucción y el dolor de saber que estás lastimando a tantas personas, cuando lo registres, puede ser irreparable.