Soledad

Cuando estás en  soledad, te estás dando la oportunidad de conocerte, de escucharte, de tomar decisiones, de pensar en quién quieres ser. De sentir tu vida.

No hay otro camino para lograr entender quién eres. Y cuando sabes quién eres, puedes saber que quieres y actuar en consecuencia.

A veces nos toca estar solos un rato y a veces más tiempo. Recién después de un divorcio, de una separación. Cuando se van los hijos, cuando aún no ha llegado el hombre o la mujer que será nuestra pareja por un tiempo. Ese tiempo de soledad debe aprovecharse al máximo para que cuando se termine, sea para algo bueno y hayamos aprendido a respetar ese espacio de soledad indispensable para vivir bien.

Estar sola no significa nada malo aunque la cultura así lo considere. A veces se ve como un defecto, como que tienes algo raro y por eso no tienes pareja o más amigas, como que nadie quiere estar contigo. Si te dejas guiar por estos prejuicios absurdos e infundados vas a elegir muy mal con quién estar porque lo harás basada en el miedo y no en lo que de verdad quieres.

Estar en compañía puede ser muy lindo y también suele ser muy complicado. Yo creo que para saber estar en compañía primero se tiene que saber estar solo. Y creo que los prejuicios que se tienen para la soledad no son otra cosa que hipocresía, ignorancia, envidia y miedo. Como pasa con todos los prejuicios.

¿Estás sola?

Es muy común que cuando una mujer no tiene pareja los demás le pregunten (con cara de pena o tristeza): “¿estás sola?” Como si la única posibilidad de estar acompañada fuese cuando tienes pareja.

Yo conozco muchas, pero muchas, mujeres casadas, con novio o pareja que están muy solas.

También conozco muchas mujeres solas que están solas.

Y otras solas acompañadas. Muy acompañadas: de sus hijos, de sus amigas, de sus padres, de sus amigas, de sus intereses, de su trabajo, de sus mascotas, de ellas mismas.

Hay una enorme diferencia entre la soledad y la desolación. Estar desolada es estar “sin sol” o sea, sin ti. Es decir, sentir que te estás traicionando a ti misma. Estar sola es estar “con sol” o sea, queriéndote, cuidándote, creciendo, trabajando en ser mejor persona y disfrutando de la vida.

No tener pareja no significa no ser amada. Tampoco no estar acompañada, ni ser menos, ni inferior, ni incompleta. Yo creo que puede significar alguna de estas opciones:

1. Recién terminaste una relación, queriendo o sin querer (divorcio, viudez, infidelidad)  y te estás recuperando. Date al menos 1 año para aprender de la experiencia y prepararte para intentarlo de nuevo.

2. Estás con tu energía en otros lugares: tu trabajo, tus hijos, tus padres, tu vida espiritual…

3. Tienes la firme convicción de no estar en pareja con “cualquiera” sino con alguien que te ame genuinamente y que tu puedas amar así y… no lo conoces aún…pero ya llegará.

4. Te estás boicoteando, castigando, lastimando, lacerando y no buscas pareja pero si la quieres (ve a terapia ya!!!)

En corto: el amor no se recibe sólo de una pareja.

Solas las que no se tienen a ellas mismas: las demás estamos muy acompañadas.

Duelos inconclusos

Cuando en la infancia se viven pérdidas especialmente dolorosas, cómo puede ser la muerte de un padre o una madre, la separación de los padres, el divorcio, la muerte de un hermano, o la vivencia del sufrimiento a través del comportamiento de un padre alcohólico o de una madre neurótica, el proceso de duelo no suele completarse.

Es casi imposible pensar en que al mismo tiempo que se está desarrollando nuestra personalidad, podamos elaborar el dolor que padecemos. Lo que hacemos, a cambio, es desarrollar mecanismos y pautas de comportamiento que nos protejan del sufrimiento. Podemos decidir no volver a amar para que no nos defrauden de nuevo. Podemos decidir no volver a sentir para poder sobrevivir. Podemos volvernos agresivos para que nadie nos lastime. Hay tantos modos de hacer esto cómo personas en el mundo.

El problema es que si bien, estas pautas de comportamiento nos ayudan a sobrevivir, al paso de los años se convierten en un estorbo para relacionarnos y para poder disfrutar de la vida.

Es necesario trabajar nuestros duelos, cerrar el ciclo, hablar del dolor hasta que deje de doler. Es necesario acariciar nuestras heridas que están grabadas en cada célula de nuestro cuerpo. La vida debe disfrutarse a pesar de las negligencias que hayamos sufrido en nuestra infancia. Aún más: eso que vivimos debe ser el acicate para valorar lo bueno, para aprender, para crecer y para hacer lo que esté en nuestras manos, para romper esos ciclos de dolor. Quién te lastima lo hace por ignorancia. Y si tu lastimas a alguien, eres ignorante.

Hablar con la verdad y admitir el dolor es la mejor forma posible de darnos la oportunidad de construir una maravillosa vida.