Convertirse en madre

Convertirse en madre supone unos retos psíquicos por demás complejos. A partir de que una mujer descubre que está embarazada se enfrentará a diversos miedos: la salud de su bebé, su aspecto físico, los cambios en su cuerpo, los cambios en la relación con la pareja.

¿El padre del bebé va a contribuir a su educación? ¿Los abuelos nos ayudarán a cuidar de este niño o niña? ¿Habrá complicaciones en el parto? Estas son sólo algunas de las miles de preguntas que naturalmente se hace una futura madre.

Criar a un hijo de modo satisfactorio no es fácil. Ocurren regresiones que nos llevan a nuestra propia infancia, incluso comenzaremos a cuestionar a nuestra propias madres. El tema es muy amplio y a todos nos compete. Informarnos sobre la crianza puede ayudarnos a hacerlo mejor, ninguno nacimos sabiendo ser madres o padres.

Escucha nuestro programa Dialogando con los Psicoanalistas, éste sábado 16 de noviembre, a las 11 am en Radio El Heraldo. 98.5 FM. ¡Te espero!

Retos de una madre

Ser madre es una de las tareas más complejas para una mujer. Desde el primer embarazo se mezclan las alegrías, las ilusiones y los miedos. ¿Vendrá bien? ¿Seré capaz de cuidarlo? ¿Será lindo? ¿Volveré a estar delgada? ¿Su papá me va a seguir queriendo? Estas son sólo algunas de las cientos de preguntas que nos hacemos.

Al nacer, las cosas se complican. El bebé nunca es como lo imaginamos. Puede ser más lindo o menos. Llora, se queja, no duerme, bien cólicos. ¿Y los demás? A algunas mamás muy afortunadas los padres de sus hijos las apoyan, las ayudan. Muchas otras se encuentran solas en esa tarea de crianza.

Entramos en ese camino que durará toda nuestra vida en el que tenemos que estar ahí, cerca y dando apoyo a nuestro hijo y al mismo tiempo, de modo paradójico, dejándolo ir, propiciando su autonomía. Es decir, lo debo cuidar y al mismo tiempo debo ir renunciando a que sea para mí, a que esté siempre conmigo, porque el logro será que ese hijo haya recibido suficiente amor y cuidados como para poder procurárselos él mismo y labrarse una vida autónoma.

Nada fácil. El apoyo de otros adultos, padres, madres, hermanos y amigas es necesario. Informarse sobre las etapas de desarrollo y sobre todo: no sentir culpa porque a veces nos cansamos, nos sentimos tristes, nos sentimos solas y hasta enojadas con nuestro pequeño hijo. Es normal. Descansa, pide ayuda y ten paciencia.  Y relájate, no todo depende de ti. Mientras más feliz seas, harás más feliz a tu hijos.