Sin prisa

La mayoría de nosotros pasamos los días corriendo, con prisa. Apurados. Un estilo de vida maniaco. Las consecuencias de vivir de este modo son, entre otras:

. Estrés generalizado que debilita nuestro sistema inmunológico.

. Irritabilidad, preocupación, mal humor, acumulándose te llevan a la depresión.

. Pérdida de la claridad y calma que se necesita para tomar buenas decisiones.

¿Cómo desacelerarnos?

Haz algunas de las cosas que haces cotidianamente lo más despacio que puedas. Resiste la presión que te imponen otros para responder de inmediato. Encuentra la belleza del momento presente y disfruta de esa taza de café, de esa conversación, de tu respiración. Empieza poco a poco haciendo lo que haces de modo más lento, poniendo toda tu atención en esa actividad y en lo que te rodea.

Desacelerar el ritmo de tu vida es una de las acciones que realmente puede cambiarte la vida para bien.

Hasta lo más pequeño es importante

Solemos minimizar la importancia de las cosas pequeñas de la vida cotidiana. He aquí algunas situaciones que pueden parecer poco importantes y que, a mi parecer, resultan fundamentales:

  1. Dejar tu teléfono celular frente a ti en la mesa donde comes si estás acompañado: el mensaje es de falta de respeto y de educación al no estar al cien con la persona que tienes frente a ti.
  2. Interrumpir a tu interlocutor para responder mensajes o tomar una llamada. Especialmente si te está hablando de alguna situación dolorosa.
  3. Elegir sin pensar llevarte a la boca alimentos que no te convienen, por su contenido de grasa o de calorías sólo para calmar tu ansiedad.
  4. No responder correos, llamadas o mensajes de texto, mostrando indiferencia a quiénes te toman en cuenta.
  5. Criticar a las personas desprestigiándolas y lastimándolas.
  6. Ignorar la realidad de lo que está ocurriendo en tu entorno, con tu familia, con tus amistades, en tu trabajo.
  7. Tratar con desprecio a las personas que te sirven: choferes, meseros, guardias de seguridad, alimentando así el resentimiento social.
  8. Desperdiciar tu día quejándote o sufriendo por lo que no tienes en lugar de agradecer todo lo que si tienes.
  9. Hacer lo que haces con prisa, a las carreras, cometiendo errores y acumulando estrés, por no planear con oportunidad los tiempos de tu agenda.
  10. Gastar dinero o tiempo en actividades y cosas que realmente no necesitas, en lugar de aprovechar lo que tienes y hacer lo que te haga bien.