Sé bueno contigo

Tratarnos bien a nosotros mismos suele ser difícil. Esto puede deberse a que creciste sintiendo que merecías menos que los demás o a que creas que no mereces ser feliz.

Hay muchos modos en los que nos maltratamos: uno de ellos es no expresando a los demás lo que en verdad necesitamos, otro es siendo muy duros con nosotros mismos en juicios, otra es no descansar lo suficiente, otra más es resignarte en tu dolor y dejar de luchar por salir del mismo, la lista es grande.

Es imposible que ayudes a otros si no empiezas por tu propia persona.

Pregúntate varias veces al día, especialmente cuando te sientas enojado, incómodo o irritado por estar haciendo algo que no quieres hacer: ¿estoy de mi lado o del lado del otro?, ¿estoy luchando por mis propios y genuinos intereses? y después de responder a estas preguntas trae a tu mente a una persona a la que realmente le importas y piensa que opinaría de lo que estás haciendo. Además, piensa con cariño y ternura en ti. Respira profundo y piensa en ti cuando eras niño y promete cuidarte mejor en adelante.

¿Mereces más de la vida?

Solemos creer que no merecemos el bienestar. Que tenemos que castigarnos, sufrir, padecer, luchar demasiado o compensar a los demás si es que nos va bien.
Solemos creer que si somos felices o afortunados estamos haciendo daño a los otros.
Solemos creer que nos va a querer más si estamos sufriendo.
Da pánico ganar.
Da mucho miedo sentirse muy bien: feliz,alegre, entusiasmados.

Tengo la impresión que esto obedece a alguno de estos tres motivos:
1. El terror que genera sentir la envidia del otro. Si le “gano” a mi amiga porque yo tengo novio y ella no, puede ser que se aparte de mi. O que me critique. O que me diga algo que me haga devaluar a mi novio. Es decir, que su envidia logre destrucción. ¿La solución? Boicotearme para no despertar su envidia.
2. El pánico que sentimos si tenemos más que nuestros hermanos o nuestros padres. ¿Cómo es posible si venimos del mismo pueblo, la misma educación, los mismos valores? Además se van a enojar, y yo los quiero tanto…y quiero que estén bien… y quiero que me quieran…¿cómo los voy a confrontar con mi bienestar?. ¿La solución? Boicotearme para no despertar su envidia.
3. La culpa que sentimos ante los que no tienen la misma “suerte” que yo. Como si mi bienestar fuera cuestión de suerte. Las cosas buenas que tenemos las hemos trabajado, nos han costado y estamos pagando el precio de tenerlas. Son producto del esfuerzo, del trabajo personal, de la disciplina y si, un poco de buena suerte también.

Se nos olvida que si estamos bien podemos dejar de recargarnos en los demás y además podemos generar muchas cosas buenas a nuestro al rededor. ¡Atrévete a estar bien! En una de esas… se te acercan para seguir tu ejemplo.

Sufrir para ser querido

¿Cuántas personas conoces que “sufren” o dicen que sufren para ser queridas? Esas que te narran sus sacrificios cómo: “me divorcié por ti querido hijo, para que tu padre no te dañara” o también: “me quedé con tu padre por ti, para no dejarte sin padre”… y así podemos seguir enumerando ejemplos de personas que al no poder hacerse responsables de sus actos te echan la culpa de lo que hicieron o dejaron de hacer por ti. “Tú me haces enojar” es otro clásico aunado al de “sólo puedo ser feliz contigo”.

Que difícil resulta asumir que NADIE es responsable de nuestro sufrimiento, ni de nuestro bienestar, más que nosotros mismos. Esto desde luego es válido a partir de la edad adulta que no muchos alcanzan en su psiquismo si bien no pareciera ante su edad cronológica. Nuestras alegrías y penas dependen, fundamentalmente, de nuestros pensamientos y de nuestros actos. Claro que un otro puede ser grosero, agresivo, indiferente incluso con nosotros pero depende sólo de cómo decidamos responder a ello si se va a poner en juego nuestro bienestar emocional.

Es un recurso muy popular y gastado el de aparentar dolor para obtener a cambio, un amor o reconocimiento que no logramos adquirir por medios menos manipuladores y agresivos. Es una agresión muy grande hacer sentir al otro cómo una persona terrible con ese inmenso poder de dañarnos. Lo peor es creerlo y vivir en ese sentimiento de culpa que engancha y que limita poderosamente nuestra libertad.

Atrévete a ser feliz aunque eso no te gane reconocimiento o afecto (que hay que decirlo, si viene desde la compasión o la culpa es superficial y vano). Atrévete a pensar qué es lo que te hace sentir bien y te ayuda a dejar el chantaje cómo tu forma básica de relacionarte.