Roma: amor que duele

Mucho se puede pensar al rededor de la película Roma. Se trata de mujeres, de hombres, de la infancia perdida, del México de entonces, pero sobre todo del amor. Del amor de Cleo. En todos los grupos hay una persona que se ofrece, de modo inconsciente, al sacrificio. Su sensibilidad hace que ofrezca su vida, su salud, sus posibles logros para “absorber” el dolor de los demás. Y se inmola.

En la película de Cuarón, podemos observar como el peligro de la muerte está presente todo el tiempo: los niños juegan a estar muertos, el hermano mayor avienta una piedra al menor y la abuela dice -“podrías haberlo  matado”, luego en el incendio del rancho, después en la escena de la playa. A pesar de todos los peligros hay sólo una persona de ese grupo que muere: la bebé de Cleo.

Es Cleo la que carga con la muerte. A veces actuamos así: por amor al otro hacemos sacrificios que nos cuestan la vida. En ocasiones, cuando vemos sufrir a aquellos que amamos, preferimos sabotear nuestra felicidad, nuestra posibilidad de alcanzar lo bueno, otorgando una especie de recompensa al otro. Para que ustedes, familia, no sufran, me provoco un dolor mayor, así, los libero de su dolor.

En cada familia podemos encontrar a ese, al que se ofrece, y se sacrifica por los otros. Es extraño, pero así ocurre. Claro que mientras menos consciente es una situación, la gravedad aumenta.

 

¿Porque elegimos a la pareja que elegimos?

Para elegir una pareja tenemos motivaciones conscientes y motivaciones inconscientes. Las motivaciones conscientes son las que nos llamaron la atención de modo favorable desde el principio: por ejemplo que le guste el mismo deporte que a mi o un valor familiar con el que nos identificamos.

Las motivaciones inconscientes son aquellas de las que no nos damos cuenta y precisamente son las que más conflictos nos van a crear a la larga: puede ser que necesitemos a una “madre” o a un “padre” y pensemos que esa persona podrá representar ese papel. O puede ser que deseamos ser quiénes mandemos en la relación y por eso busquemos a una persona sumisa. Puede ser que en el fondo no desee enamorarme y entonces busque a una persona cuyas limitaciones me impidan precisamente enamorarme. Recuerda que “en la tienda del amor, compras con lo que te alcanza”

Es fundamental intentar ser lo  más honestos que podamos con nosotros mismos para reconocer nuestras motivaciones  porque de otro modo, culparemos a nuestra pareja por no darnos algo que es incapaz de dar. En el fondo, lo ideal es que estemos satisfechos con nosotros mismos, que seamos nuestros propios proveedores de seguridad, afecto, alegría y compañía, para no exigirle al otro lo que yo no soy capaz de hacer por mi.

Te invito a que me escuches en MVS 102.5 FM hoy, a las 9 de la noche, en el programa  Conócete de Andrea Vargas y Adelaida Harrison, en el que estaremos profundizando en este interesante tema.