Cumplir 50 años

Cada cumpleaños es muy importante, sin duda. Y debemos celebrarlo como mejor podamos. A algunos les gustan las grandes fiestas, a otros celebraciones más sencillas, eso no es lo fundamental desde mi punto de vista. Creo que  cumplir años es siempre motivo de celebración. Es también una ocasión ideal para reflexionar sobre lo que hemos sido, lo que hemos hecho, lo que nos falta hacer y lo que ya no queremos. Yo, a mis 50, elaboré una lista de lo que quiero más y de lo que ya no quiero y cómo ustedes mis fieles lectores me han seguido, se las comparto:

. Quiero:  ejercer a fondo mi libertad y mi capacidad para pensar, leer más libros, compartir más tiempo con las personas que me quieren bien, escuchar más música, ir a más museos, ver más amaneceres y atardeceres, jugar con mis perros, regar y cuidar mis plantas, dar mejores clases y sesiones, amar más y saber estar más en el lugar del otro, entender que cada quién actúa desde su historia y desde lo que sus heridas le permiten, reírme mucho más, disfrutar cada momento de estar viva, estar más tiempo con mis amigas, escribir más, escuchar el canto de mis pájaros, cuidar mi cuerpo comiendo bien y haciendo ejercicio, observar más y hablar menos, decir lo que pienso y lo que siento, decir que no a lo que no quiero sin miedo… todo esto quiero y otras cosas que no se escriben…

– Ya no quiero estar con personas que no me aprecien,  dejarme manipular por nadie, sentir culpas que otros me quieran cargar,  hacer juicios sobre los demás, escuchar juicios que los otros hacen por envidia o resentimiento, dejar de disfrutar lo bello de la vida, perder el tiempo en conflictos, callar lo que creo que es verdad y otras cosas que tampoco se escriben…

Los 50 es la edad perfecta para vivir en la mayor integridad que nos sea posible. Vivir en la verdad, alimentando el alma.

Los 50 es la edad perfecta para agradecer a cada persona por lo mucho que tiene que enseñarnos. Así  aprovecho para decir gracias a todos los que me acompañan en este misterioso viaje que es la vida.

¿Mi hijo es homosexual?

Existen muchos mitos acerca de la homosexualidad. Prejuicios, ideas equivocadas, estereotipos que sólo lastiman y separan a las personas. Hay un componente genético en la homosexualidad. No es una enfermedad. No es culpa de nadie. No es un preferencia: nadie prefiere pertenencer a una minoría que ha sido lastimada, herida, maltratada infinitamente.

Es una condición.

Y merece tanto respeto cómo lo merece una persona de condición heterosexual. En los espacios privados de la psicoterapia he escuchado el lamento, el dolor, de personas cuya condición homosexual les ha facilitado el desprecio, incluso, de alguno de sus progenitores.

Nuestros hijos no son nuestros. Son, cómo escribió el poeta libanés, hijos de la vida. No están para satisfacer nuestras expectativas, no son nuestra tarjeta de presentación. Debemos amarlos, apoyarlos, respetarlos tal cómo son, que para eso somos sus padres.

Si tienes un hijo de condición homosexual te invito a leer y considerar estas sugerencias:

1. Infórmate. Lee. No hagas juicios sin tener la información suficiente.

2. Acepta su realidad, y la tuya, y la de toda la familia. Para cada miembro de la familia es un evento diferente y hay que platicarlo, respetar los tiempos de cada quién y hacer lo indispensable para apoyarnos, entre todos, cómo familia.

3. Aprende que NO es una enfermedad, ni un error, por lo que NO es culpa de nadie. No se trata de culpar, sino de entender.

4. Dale tu apoyo, platica con él, dale todo tu respeto: te necesita especialmente sí no se ha atrevido a decirlo por miedo.

5. Sí para ti es muy difícil aceptarlo, trabaja en un proceso de psicoterapia tus angustias y tus miedos, pero no se los cargues a tu hijo: es tu problema, no el del hijo.

Recuerda que las generalizaciones son las madres de los prejuicios. Recuerda que tus hijos podrán tener cientos de amigos o no, pero madre y padre, sólo eres tú, y seguro, seguro, te necesita especialmente en esta circusntancia.