Sentir compasión

En ocasiones, confundimos la compasión con la lástima. Ninguno de nosotros quiere que los demás nos tengan lástima. La compasión es muy diferente.  Es el mero reconocimiento de “esto que te está sucediendo es doloroso y puedo comprenderlo y deseo darte algo de consuelo”.

Somos capaces, los mejores de nosotros, de compadecernos de los otros. De la amiga que está enferma, del hijo que ha sido lastimado, del esposo que se ha quedado sin trabajo.

No somos capaces, ni los mejores de nosotros, a veces, de sentir compasión por nosotros mismos. Y debemos hacerlo. Cuando lo logramos reducimos la autocrítica, el estrés, sanamos viejas heridas, especialmente las de la infancia.

Las personas mejor nutridas emocionalmente son las más capaces de ser compasivas consigo mismas. Un día en el que las cosas no te van bien, un momento triste, un día en el que algo duele mucho: consiéntete. Date ternura, un apapacho, un regalito especial de ti para ti. Mientras más compasiva logres ser para contigo, mejor persona serás y tu calidad de vida se incrementará.