Elige el bienestar

Cada día tenemos la oportunidad de hacer un sin fin de elecciones. Lo que vamos a comer, a beber, el tipo de pensamientos con los que iniciamos el día, el tema de conversación cuando nos encontramos con alguien, la lectura que haremos, la música que escucharemos, la palabras que diremos y el modo en el que nos vinculamos con los demás.
Las respuestas que damos a las situaciones que la vida nos ofrece, la actitud con la que emprendemos cada tarea, el modo como nos presentamos ante los demás y nuestros modos para interactuar con los otros.
Cada elección forma parte del tejido de nuestra vida. Y todas son importantes en primer lugar porque son la manifestación de nuestra esencia y además porque reflejan mi modo de estar en el mundo y mi libertad.
Al cabo del tiempo, se acumulan las consecuencias de cada uno de mis hábitos y puede ser una tragedia no haber hecho inteligentes elecciones.
Es importante detenerse a pensar en como prefiero vivir. Cultivar la virtud de la prudencia. Conservar un orden interno que promueva la paz, la tranquilidad, el crecimiento y el logro de las metas que nos hemos fijado.
El bienestar no solo es deseable: también es posible y es el resultado de esas múltiples elecciones que, siendo consciente o no, hago cada día.

Aprende a estar sola

Nuestra cultura está diseñada para evitar la soledad. Si dices: “fui al cine sola” los demás te miran con una mezcla de extrañeza y lástima. Ir a comer sola puede parecer el no va más de lo patético.

Todos nosotros tendremos que enfrentarnos con la soledad: casados, padres, madres, solteros, hijos, parejas…puedes quedar viuda, o tus hijos se van o te separas de tu pareja. Todos nosotros viviremos muchos momentos de soledad. No querer enfrentarnos con esta verdad suele significar el pago de un precio altísimo.

Perdemos nuestra dignidad cuando le suplicamos a alguien que ya no quiere estar con nosotros que se quede.

Perdemos nuestra libertad cuando a cambio de compañía cedemos lo que no deberíamos.

Perdemos nuestra autonomía cuando nos hacemos dependientes de alguien que quisiera liberarse de nosotros.

Perdemos nuestra capacidad de amar cuando chantajeamos a otra persona con tal de que nos acompañe.

El único lugar donde puedes ser totalmente tu misma es en la soledad. En la soledad, puedes pensar. Puedes reflexionar sobre tu vida. Puedes conocerte y recuperar la energía que desgastamos al convivir con los otros. Puedes leer, escuchar música, escribir, ordenar tus cosas y tu mente. Decidir que quieres seguir haciendo y que necesitas cambiar. Descansar. Desarrollar aficiones que enriquecen tu espíritu. En la soledad puedes irte haciendo cada vez más amiga de la persona que estará junto a ti toda tu vida: tú misma.