El poder está en ti

El poder para construir tu vida está en ti. No en tu suerte, ni en tu dinero, ni en tu belleza, ni en el destino. Sólo reside en ti. De lo que decidas a cada momento se irá delineando tu futuro. Cada decisión es importante. Nada se queda en el vacío. He aquí 10 sugerencias que, de seguirlas, mejorarán tu vida:

  1. Piensa antes de actuar. Piensa antes de hablar.
  2. Cuida de ser amable con todas las personas.
  3. Di la verdad, siempre.
  4. Reconoce tus errores e intenta no volver a cometerlos.
  5. Cuida a tu cuerpo.
  6. Cuida tus relaciones, especialmente las más importantes que son tus seres más queridos: convive, comparte, no los ofendas ni los agredas nunca.
  7. Fija tus límites para ser respetada. No se puede respetar a quién no se respeta a sí mismo.
  8. Se cuidadosa en cada acción. Pon atención a cada acción dando lo mejor de tu persona.
  9. No estés escribiendo mensajes o consultando tu teléfono o llamando cuando estés interactuando con otra persona. Es una grosería.
  10. Recuerda que de cada elección hay una consecuencia. Elige pensando, elige lo más informada e inteligente que puedas.

Límites y salud

Proteger nuestro espacio, cuidar nuestro cuerpo, respetar y honrar nuestras relaciones: son responsabilidades que cada uno tenemos. Por mucho que otra persona nos quiera, no puede hacer ese trabajo por nosotros. Si sabemos fijar límites podremos recuperar nuestra salud emocional. No hacerlo nos enferma.

Los límites son las fronteras que marcamos para delimitar y salvaguardar lo que es nuestro. Cuando permitimos que otros los traspasen nos ponemos en riesgo. ¿Cuánto tiempo permanece protegida una casa sin ventanas ni puertas?

Saber cuando y como dejar que alguien entre a nuestra casa, conocer las características de las personas tóxicas y entender algunas de las dinámicas del abuso son los temas principales de mi libro: Fija tus límites. Está disponible a la venta impreso y también en formato digital. Si te interesa escríbeme un correo electrónico para hacértelo llegar.

Niños y berrinches

Me han consultado en repetidas ocasiones sobre las causas que llevan a un niño pequeño a ser berrinchudo, insoportable, desobediente, inaguantable. Hacia los dos años los niños están en una etapa de desarrollo en la que necesitan de guía y orientación segura además de un espacio de libertad para poder explorar el mundo de modo protegido. También están midiendo constantemente hasta donde pueden llegar con las personas que los cuidan.

Imagina que llegas a una ciudad grande, desconocida para ti. Tu deseas conocerla y te subes al camión turístico que te llevará por las principales avenidas y te mostrará los monumentos y lugares significativos. Sí el chofer no sabe que hacer y te da indicaciones distintas o incluso te pregunta si toma esa calle o la otra, si se estaciona en un lugar o en el otro, para ti será imposible disfrutar del paisaje y aprender de la experiencia. Si por el contrario el chofer te indica lo que si se puede hacer y lo que no se puede hacer y en adelante hace el recorrido con toda certeza, entonces tú estarás en posibilidades de aprender y de disfrutar del paseo.

Los niños necesitan de una mamá que sepa lo que está haciendo, de una mamá que deje de lado sus pesares y angustias mientras está con él y pueda enseñarle cosas, abrazarlo, contener sus emociones y asegurarle que lo que le está prohibiendo tiene sentido. No a gritos, mucho menos a golpes. Con convicción y amor. Límites claros, específicos y con amor.

Sí tu infancia fue muy dolorosa o tu matrimonio está en crisis tus hijos no tienen la culpa. Tus hijos merecen una infancia tranquila: sólo la vivirán una vez. Trabaja en tu persona, acude a una psicoterapia, lee todo lo que pueda ayudarte para que puedas darles a tus hijos el ambiente más seguro y tranquilo que puedas. Los hijos crecen. Y cuando son mayores reflejarán todo lo que han vivido. Cada acto tuyo derivará en un modo de relacionarse contigo y en su personalidad. es tu responsabilidad. Si tu hijo está insoportable sólo significa una cosa: tú no estás sabiendo educarlo. Sus berrinches son su modo de decirte: “mamá, por favor madura y ayudame a mi a hacerlo”.

La sobre protección y sus consecuencias

Todos nosotros conocemos personas sobre protegidas: esas personas que sienten que tienen derechos para lastimar a los otros, para abusar, para ser groseras, que no son capaces de sentir empatía por los demás.

Este tipo de personas que viven confiadas en que el otro va a aguantar lo que sea: cualquier tipo de maltrato.  En ocasiones ha sido una madre la que en su temor de dejar de ser querida o en su culpa por alguna circunstancia, le permite a ese hijo o hija traspasar todo límite y más allá: esa madre exige a los otros hijos que toleren los abusos del sobre protegido.

Las personas que han recibido ese trato permisivo se convierten en seres abusivos, indolentes, agresivos. Están enojados consigo mismos y con quién los ha sobre protegido porque de algún modo intuyen que algo no anda bien con ellos mismos.

El sufrimiento en el mundo se aumenta cuando no sabemos poner un alto a quién se cree con derecho de abusar de los otros. Poner un límite a las groserías de los demás cuesta mucho: ser exiliados de su cariño, sentir culpa, sentir miedo a perder su afecto, creer que no somos tan “buenos”. No poner el límite cuesta más caro.

En esta ocasión no concluyo el tema, da para mucho y dedicaré varios artículos al mismo. Espero tus comentarios.

Aguantar y destruir

A muchos de nosotros nos ocurre que tememos poner límites en las relaciones: callamos cuando algo no nos parece bien, lloramos en silencio si nos sentimos lastimados, no nos quejamos con tal de no pelear. Aguantamos.

Cuando nos aguantamos sin quejarnos, creemos que es lo mejor. Lo que es difícil es darse cuenta que esa nunca es una buena solución porque se va llenando el vaso y un día, el menos pensado, cae la gota que lo derrama. Y puede ser que tanto “aguante” nos haga explotar: decir cosas que no queremos decir, enojarnos profundamente, lastimar y herir a quién amamos, destruir una relación.

Aguantar no sirve para nada. Solo daña a uno mismo y a la relación. Esta no es una invitación a pelear todo el tiempo, no. Es una sugerencia que a mi me ha costado años y mucho dolor aprender: cuando algo no te parezca: dilo. Cuando te estés sintiendo lastimada: avísale al otro. Los demás no pueden leer nuestros pensamientos. No tienes que decirlo enojada, ni insultar, ni ofender. Siempre hay un modo de decir las cosas. “Esto que estás haciendo me lastima”. “Me siento ofendida cuando haces esto”. No es fácil, pero es mucho mejor que tolerar lo intolerable y acabar siendo una víctima (por no saber poner límites) y dañando severamente la relación.

Atrévete a decir “esto no lo quiero, esto no me gusta, esta conducta tuya me hace daño”. Si el otro te quiere, sabrá respetarte. Pero para que el otro me respete, siempre tengo que comenzar por respetarme yo.