Madurez: saber elegir

A la mitad de la década de los 50’s ocurren un sin fin de cambios fisiológicos que nos avisan que la vejez se está acercando a pasos agigantados. Psíquicamente,  la madurez debe ser el signo primordial. Para Clarisa Pínkola Estés es la Edad de la Elección.

Elegir el modo de ocupar nuestro único recurso no renovable: el tiempo. Ya sabemos que estamos más allá de la mitad de nuestra vida, que no queda un minuto que perder. Y perder el tiempo significa en mi opinión:

  • Estar con personas que nos agreden, que no nos quieren, a las que les caemos mal.
  • Discutir cuando ya sabemos que nuestro interlocutor no es capaz de escuchar, de reconocer, de admitir otros puntos de vista.
  • Leer textos mal escritos, insulsos, violentos.
  • Sostener conversaciones inútiles, superfluas, absurdas.
  • Usar los recursos en banalidades que no reditúan.
  • Descuidar nuestra salud, nuestros bienes, nuestras relaciones, los logros alcanzados.
  • Rumiar una y otra vez acerca de lo negativo y dejarse atrapar en el enojo o la desesperación.
  • Intentar cambiar lo que no se puede cambiar.

Aprender a vivir es un proceso muy largo: es urgente, a los 55, poner en práctica lo aprendido y seguir aprendiendo, tomando apuntes, repasando las lecciones, haciendo la tarea, estudiando acerca del enigma de estar vivos. Sin perder el tiempo, que queda poco. No vaya a ser que nos reprueben en el examen final.

 

 

Las frustraciones y la madurez

Cuando nuestros deseos no pueden concretarse de modo inmediato comenzamos a pensar. Sí deseo algo y lo obtengo sin el menor esfuerzo no tengo oportunidad para sentir la ausencia de eso que tanto deseo y diseñar estrategias para conseguirlo. En una de esas, puedo concluir que realmente no lo necesito o que no estoy dispuesta a pagar el precio. Puede ser que me dé cuenta que puedo ser feliz sin eso que creía tan importante. Puede ser que desarrolle mi imaginación para suplir eso que “no tengo”.

Si no puedo comprar ese vestido del aparador tal vez decida arreglar mi viejo pero querido vestido y modernizarlo y tal vez lo aprecie más. Si no puedo ir a ver ese espectáculo cuyos boletos están fuera de mi alcance a lo mejor descubro que gratis puedo escuchar el Concierto para violín de Beethoveen (que por cierto, es mi favorito). Si no puedo ir al cine puedo leer Niebla de Miguel de Unamuno, por ejemplo, cuya edición en Austral cuesta 15 pesos mexicanos. Freud dijo que una vida exitosa depende de la tolerancia a la frustración que desarrollamos. Cada vez que logramos postergar una gratificación maduramos.

Cada vez que decido hacer lo que debo hacer para mi bien y el de los que de mi dependen y el de la humanidad, tengo la oportunidad de crecer. Sí no soy capaz de postergar la satisfacción de mis deseos no conseguiré esa maravillosa sensación de logro que se traduce en una sana autoestima.

Resiste la tentación de sobreproteger a tus hijos. Resiste la tentación de ser floja, de dejar para mañana, de no hacer, de no luchar por lo que realmente es valioso. Esa es una manera inteligente de cuidar de tí.

Aprovecho para comentarte que estoy en un nuevo proyecto orientado a informar y colaborar en la formación de adolescentes, en un momento de la vida en el que me doy cuenta, cómo nunca antes, de la necesidad que tenemos los adultos de intervenir en la prevención de las adicciones, en la importancia de acompañar a nuestros adolescentes en su desarrollo. Si puedes, entra a la página http://www.prodevida.com y ya si tienes un ratito, dime que opinas. Ahi encontrarás artículos destinados a los adolescentes y a sus padres o educadores.