De lo que te pierdes, por envidiosa

Cuando la envidia se apodera de nosotras, actuamos de modo agresivo, negativo, atacando a la persona que nos ha despertado la envidia. Y lo que logramos con esta actitud es perdernos de lo bueno que esa persona podía ofrecernos. Es decir, que si soy capaz de transformar mi envidia, seré capaz de reconocer que necesito trabajar en mi persona, que necesito ser humilde y reconocer que no tengo todo, ni podré tenerlo nunca y que es mejor disfrutar de lo bueno que los demás pueden brindarnos.

Recordemos que sentimos envidia cuando deseamos eso que la otra persona tiene y en todo caso deseamos destruirla con tal de que no nos ponga frente a nosotros la prueba de nuestra carencia.

Recordemos que no hay obstáculo mayor al crecimiento que estar invadidas por la envidia y que esa envidia nos impide pensar, relacionarnos, compartir y crecer.

Reconoce que no es posible tenerlo todo. Reconoce que desde la humildad aquel que tiene más que tú (cultura, dinero, buen gusto, relaciones, etc.) puede compartirlo contigo, pero si tu reacción es de odio, maltrato o devaluación a causa de tu envidia, te vas a perder de mucho en la vida.

 

¿Qué percibes del mundo?

“No vemos al mundo tal como es, vemos al mundo tal como somos”. Indudablemente cada quién percibe del mundo lo que puede. Si adentro de tí hay odio, rencor, amargura, envidia, miedo o celos, eso es lo que percibirás afuera.

Si dentro tuyo hay paz, bienestar, perdón, compasión, misericordia y amor, eso es exactamente lo que verás afuera y con lo que te encontrarás.

Nuestra percepción del mundo es selectiva y el filtro es lo que nuestro corazón alberga.

Comienza a perdonar. En especial a ti misma, por lo que hayas hecho equivocadamente. Comienza a amarte más, que nada más tenemos esta vida y se pasa muy rápido. Empieza a sonreír frente al espejo y date una mirada cálida. Esta se va a multiplicar.

Escucha lo que hablas y date cuenta de los temas que eliges, de las noticias que escuchas, de lo que preguntas a los demás. Se cuidadosa, especialmente meticulosa con lo que dices. Y no permitas que entre a ti nada que sea malo, desagradable o miserable. No acumules odios. Llénate de agradecimiento y serás abundante en bienestar.