Las compañeras de viaje

Hace casi una semana tuve el placer de asistir a una reunión de mis compañeras de generación durante los años de Secundaria y Preparatoria en el Colegio Ignacio L. Vallarta, en la Ciudad de México. Hace 30 años que salimos de la escuela, cada una con su historia y sus sueños y anhelos para realizar.

En 30 años cada una de nosotras ha vivido innumerables experiencias: unas más fáciles de procesar que otras. La emoción del encuentro fue muy grande: yo tenía miedo. Miedo a reencontrar a esa joven que un día fui y que no se imaginó tener que enfrentar los obstáculos que el camino me ha brindado. Mi conmoción fue grande, una lección de humildad: cada una de nosotras hemos forjado nuestro destino.  Hoy creo que no debemos temer a encontrarnos con nuestro pasado, al contrario, es importante integrarlo, por las siguientes razones:

1. Conocer mejor quién has sido y en quién te has convertido te da fuerza

2. Saber que tus amigas del pasado sienten por ti lo que tu por ellas: un amor incondicional

3. Reconocer que no para todas nosotras ha sido fácil

4. Recordar a tantas personas que han estado en tu vida

5. Agradecer a cada una porque forman parte de tu vida, de tu personalidad, de tu historia

Sean estas palabras un homenaje a mis maestras, a mia amigas, a las que no lo fueron y a las que lo siguen siendo. A las que dejaron de ser y a quiénes me gustaría recuperar. Sea este un homenaje a estas mujeres que somos: fuertes, valientes, divertidas y especialmente buenas. El Vallarta nos dio algo de lo más valioso que la vida tiene: el valor de la compasión.  Y añado: no han sido obstáculos, han sido nuestros maestros, la escuela de la vida sigue…