Admitir nuestros errores

Es muy difícil reconocer nuestros errores. Una parte de nosotros se resiste a admitir que nos equivocamos, que tomamos una mala decisión o que hicimos algo francamente incorrecto. Nuestro sentido de identidad se pone en juego. Sin embargo, de no hacerlo, estamos en gran riesgo de repetir la conducta.

Tenemos una voz interna que nos avisa cuando erramos. Sentimos culpa, dolor, arrepentimiento. Y justamente ese dolor es la señal que nos ayudará a ser humildes y que nos lleva a la posibilidad de reparación. Dale espacio a ese dolor, siéntelo para que puedas crecer a partir de ahí.

Pedir una sincera disculpa, hacer lo que se pueda para corregir y reparar el daño. Los aprendizajes que nuestros errores nos dejan son muy valiosos. Pueden convertirse en nuestra guía más certera para saber como actuar en el futuro.

Debemos siempre recordar que si tomamos un camino equivocado existe la vuelta en U. Parar, reflexionar, admitir nuestro error. Cometer errores no nos hace menos valiosos, no admitirlo nos empobrece: reconocerlos nos engrandece.

Cuando duele el corazón

Es tan difícil encontrar motivos para seguir adelante cuando duele el corazón. Y es que, a veces, la vida nos enfrenta a circunstancias que van más allá de lo que podemos controlar. Situaciones que nos asustan, que nos sorprenden, que nos amenazan.

Y es exactamente en esos momentos en los que tenemos que recurrir a nuestros mejores recursos: acompañarnos de las personas que nos quieren, hablar de nuestras preocupaciones con seres compasivos, agradecer lo que sí tenemos y lo que está bien, buscar consuelo en los pequeños pero grandes instantes de paz.

Contemplar lo bello de la vida, recurrir a la ternura, al arte que tanto puede ayudarnos y confiar… Confiar siempre en que lo bueno que hemos sembrado nos llevará a una buena cosecha.

Cuando duele el corazón es cuando resulta primordial recordar que no estamos solos, que somos seres humanos con errores y con compasión. Y confiar en que el sufrimiento siempre nos ayuda a ser más humildes, más solidarios, mas compasivos: más humanos.

¿Perdonar una infidelidad?

Pocas experiencias más dolorosas que vivir una infidelidad de tu pareja. Nos sentimos traicionados, humillados, maltratados, enojados y muy tristes.

Una vez que se descubre hay un terremoto en nuestro interior. ¿Debemos perdonarla?

Si tu pareja te lo ha confesado podemos pensar que es porque quiere seguir contigo. Si ha sido un buen esposo, novio, padre, compañero y está dispuesto a no repetirlo, yo creo que puede valer la pena perdonarlo.

Si lo descubres y cínicamente lo niega o lo acepta pero no le interesa seguir contigo: debes tener la dignidad suficiente para dejarlo ir. Y si, perdonarlo con el tiempo pero no para regresar.

El perdón es un proceso, no un acto único. Un poco de “te quiero perdonar pero no sé si lo lograré” es lo más humano. Primero debes expresar tu enojo. Después llorar profundamente tu tristeza. Después, revisar tu comportamiento como pareja. Y al final, pensar en lo que más te puede hacer feliz.

Es muy difícil reparar un daño así, pero si tu descuidaste la relación y tu pareja en verdad quiere estar contigo, creo que en ese caso SI que vale la pena perdonar.