Psicoterapia y prejuicios

Al rededor de la psicoterapia hay gran cantidad de prejuicios entre los cuáles he encontrado:¿porqué le voy a contar mis problemas a un extraño que nada sabe de mi?,¿acaso estoy tan mal que necesito ayuda? entre muchos otros. La respuesta para la primera pregunta es que precisamente por ser un extraño que está preparado para escuchar de manera objetiva. Para la segunda podemos argumentar que justamente cuando tomamos conciencia de la necesidad de ayuda es cuando empezamos a estar mejor. Quién no puede admitir su problema está absolutamente imposibilitado de abordarlo.

Ahora bien, en esta profesión podemos encontrarnos con aficionados que, sin  la preparación adecuada, intenten ejercer la psicoterapia. Debemos cuidarnos de no caer en manos poco profesionales. Para ello, es indispensable verificar que quién nos atienda cuente con una cédula profesional que lo autorice al ejercicio de su profesión. Todo paciente tiene el derecho a exigirla.

Procurarnos un espacio para pensar, para elaborar nuestra historia, para hablar sobre nuestras preocupaciones, nuestros temores y angustias nos facilitará el camino para conocernos, para ser más libres y tener mayor conciencia para saber en donde estamos parados, porque es así y hacia donde vamos. Entender quiénes somos nos ayudará a saber cuidarnos y querernos mejor. Nada sale más caro que la ignorancia. Cuando somos infelices dañamos a quiénes nos rodean. Es un derecho y una obligación hacer lo posible por estar bien.

 

 

¿Mi hijo es homosexual?

Existen muchos mitos acerca de la homosexualidad. Prejuicios, ideas equivocadas, estereotipos que sólo lastiman y separan a las personas. Hay un componente genético en la homosexualidad. No es una enfermedad. No es culpa de nadie. No es un preferencia: nadie prefiere pertenencer a una minoría que ha sido lastimada, herida, maltratada infinitamente.

Es una condición.

Y merece tanto respeto cómo lo merece una persona de condición heterosexual. En los espacios privados de la psicoterapia he escuchado el lamento, el dolor, de personas cuya condición homosexual les ha facilitado el desprecio, incluso, de alguno de sus progenitores.

Nuestros hijos no son nuestros. Son, cómo escribió el poeta libanés, hijos de la vida. No están para satisfacer nuestras expectativas, no son nuestra tarjeta de presentación. Debemos amarlos, apoyarlos, respetarlos tal cómo son, que para eso somos sus padres.

Si tienes un hijo de condición homosexual te invito a leer y considerar estas sugerencias:

1. Infórmate. Lee. No hagas juicios sin tener la información suficiente.

2. Acepta su realidad, y la tuya, y la de toda la familia. Para cada miembro de la familia es un evento diferente y hay que platicarlo, respetar los tiempos de cada quién y hacer lo indispensable para apoyarnos, entre todos, cómo familia.

3. Aprende que NO es una enfermedad, ni un error, por lo que NO es culpa de nadie. No se trata de culpar, sino de entender.

4. Dale tu apoyo, platica con él, dale todo tu respeto: te necesita especialmente sí no se ha atrevido a decirlo por miedo.

5. Sí para ti es muy difícil aceptarlo, trabaja en un proceso de psicoterapia tus angustias y tus miedos, pero no se los cargues a tu hijo: es tu problema, no el del hijo.

Recuerda que las generalizaciones son las madres de los prejuicios. Recuerda que tus hijos podrán tener cientos de amigos o no, pero madre y padre, sólo eres tú, y seguro, seguro, te necesita especialmente en esta circusntancia.