Gratitud

Sentir gratitud no significa ignorar las dificultades. Significa que además de fijarte en los problemas puedes también detenerte a observar lo bueno. Esto te hará sentir con apoyo y podrás afrontar de mejor modo las circunstancias adversas.

Repara en los regalos del mundo: las estrellas, los animales, el color del cielo, las flores. Repara en todo lo que se ha escrito, en todo el arte y la ciencia que está ahí para que te acerques a disfrutarla.  Reconoce a  las personas que te han amado e incluso a las que al dejar de quererte te ofrecieron un aprendizaje. Acepta todo eso gratuito que has recibido en tu vida.

Reconoce la benevolencia que la vida ha tenido contigo. Date cuenta de todas las cosas buenas que tienes. Y agradece. Sabrás cuan afortunado has sido cuando lo hagas.

Mientras más seas capaz de reconocer y de agradecer, te sentirás más en paz y con capacidad para dar más. Y eso te ubicará en una espiral positiva de conciencia y abundancia.

Por cierto; gracias por leerme.

El mejor regalo

En estas fechas muchos de nosotros pensamos en regalos y a algunos nos preocupa el dinero que suponemos debemos invertir para demostrarles a las personas que tanto queremos que estamos con ellas. En estos tiempos en los que la vida corre tan deprisa, en los que sentimientos de soledad, angustia, miedo y fracaso se incrementan inevitablemente, debido al final de un ciclo, a las imágenes de calidez y abundancia que nos presentan los medios y la publicidad, a los recuerdos de las personas que se han ido, al ambiente de consumo que nos rodea, me he puesto a pensar en cuál sería el mejor regalo que podemos ofrecer a nuestros seres queridos y he llegado a esta conclusión: el mejor regalo que podemos dar es nuestro tiempo.

Se me ocurre que en lugar de regalar objetos cuya adquisición puede afectar nuestro presupuesto y mejorar mucho el quiénes los venden, podemos regalar “vales de compañía efectiva”: porqué no ofrecerles a los más solos de nuestras familias una tarde al mes para tomar un café, a nuestros más pequeños una mañana de domingo un paseo en el parque, a nuestras amigas más queridas una llamada a la semana o una visita llena de amor, a quiénes por estar enfermos no pueden salir de sus casas una visita afectuosa, una lectura en voz alta, una oferta de escucha atenta. Decir “te quiero mucho”, abrazar, pedirle perdón o agradecer a quiénes nos han dado tanto. Regalos del corazón, regalos de vida. Reconocer el esfuerzo, las cualidades, el trabajo de los otros.

Una sonrisa, unas palabras llenas de estímulo, un reconocimiento verbal a quién tanto se lo merece, ese abrazo o esa caricia que no te atreves a dar…¿se te ocurre alguna idea? si es así, compártela conmigo y con mis lectores, yo te la voy a agradecer mucho!!!

La única condición de este regalo es que NO te cueste dinero y SI te cueste quitarte el miedo de decir TE QUIERO.