Depende de ti

He tenido la fortuna de leer el libro llamado “Depende de ti” de Maru Medina. Si bien lo considero una obra esencial para cualquiera que tenga una empresa, pequeña, mediana o grande, y para cualquiera que esté pensando en iniciar un negocio, me parece que no hay ninguna posibilidad de que quién lo lea, aun si no es empresario, no se beneficie.
La generosa autora nos comparte anécdotas de su vida que son verdaderamente enriquecedoras. Los ejemplos son espléndidos y las metáforas lo son más. En mi caso, la que usa explicando como si cada uno de nosotros fuésemos un país, tendríamos que pensar muy bien a quién le otorgamos visa para entrar. Me convenció de ser más exigente con los valores que aprecio y como no permitir la entrada a mi mundo de, por ejemplo, chantajistas, manipuladoras o hipócritas.
No hay modo de no entender que si un empleado no funciona, es nuestra responsabilidad entrenarlo o simplemente dejar que se vaya y no contamine nuestro entorno.
Eleva de modo admirable el entusiasmo por capacitarnos y capacitar a quiénes nos acompañan en nuestra vida profesional.
Me sentí muy orgullosa de esta mujer mexicana, que ha logrado tanto con su marca “Kukis by Maru” y con su Escuela de Iniciadores.
Si eres empleado, profesionista independiente, empresario, si administras tu hogar , tu escuela y por supuesto tu vida, no debes dejar de leerlo. Créeme: hay mucho que aprender de ella.

Les tengo miedo a mis hijos

Recibo un sinnúmero de correos en los que el motivo central de consulta es el temor a los hijos, especialmente si estos son ya adultos. Tenemos miedo de que nos contesten mal, que sean groseros, que se vayan de la casa y de que nos dejen de querer. Desde ese lugar, nuestras respuestas a sus comportamientos indebidos e irrespetuosos son débiles, frágiles, sin fuerza.

Estas respuestas hacen que nos falten aun más al respeto. Si tu temor es que te dejen de querer te aseguro que mientras menos te respeten menos te quieren.

Nuestra responsabilidad para con los hijos es educarlos y ayudarlos en el camino de ser independientes: que logren mantenerse a sí mismos y ser autónomos. Toda sobreprotección es agresiva porque se limita la capacidad del que la recibe para desarrollar sus potencialidades.

Los límites deben ser expresados en voz alta, deben ser muy concretos y puntuales y se deben de cumplir. Si amenazas con hacer algo que no estás dispuesta a cumplir simplemente el hijo te toma la medida y desarrolla una sordera ante tus palabras. Si gritas estás autorizando ese modo de comunicación.

Atrévete a exigir respeto, y comienza por darlo.

La función del padre

En nuestra cultura, suele ocurrir que las madres educamos solas a nuestros hijos. No en todas las familias, afortunadamente. Esta circunstancia y otros factores han conducido a construir una falsa creencia: que el padre no es tan importante como la madre en la construcción de una adecuada salud mental. Nada más falso.

El padre es muy importante: es el introductor de la ley. Es el que nos protege de la “locura” de la madre. Es el que nos guía y nos da su apellido y un lugar en el mundo. Es el que nos enseña a pensar, a trabajar, a ganar dinero. Es el que trae el orden y la estructura. Con esto no quiero decir que una madre no pueda lograr esto en sus hijos. Claro que puede, así como un padre que educa solo a sus hijos es capaz de aportar los cuidados tradicionalmente atribuidos a la madre.

El hijo necesita de los dos. Si los dos participan y contribuyen a su formación y le dan lo que le puedan dar, ese hijo crecerá más seguro, más fuerte, más protegido. Es muy triste que uno de los dos progenitores se desentienda de sus hijos. Yo estoy convencida que los hijos se pierden de mucho cuando no conviven con su padre o con su madre. Y estoy más convencida de que los que más pierden, al final, son los padres y las madres que no se hacen responsables de sus hijos. Si no hacemos eso: ¿cómo justificarlo?

Ser padre o madre biológico no basta. Amar tampoco es suficiente. Hay que estar. Hay que trabajar y aprender a ser madres y padres. No nacemos con ese conocimiento. Hay que saber hacernos responsables de nuestros actos. Si esa responsabilidad no se asume no hay posibilidad alguna de alcanzar la tranquilidad.

¿Víctima de sí misma o victimaria de los demás?

¿Quién no conoce a una víctima de sí misma? Es aquella persona que posee las siguientes características:

1. Está dentro de una situación lamentable creada por ella misma debido a su falta de responsabilidad. Esto significa que no se ha hecho cargo de su vida. Cree que los demás deben rescatarla de su propia indolencia. No asume ninguna responsabilidad sobre sus actos. No se ha dado cuenta de que todo es causa-efecto.

2. Atribuye sus desastres a sus padres de la infancia, a alguna ex pareja y a otras personas que le han hecho tanto daño que la dejaron invalidada para actuar, sin asumir su contribución a la relación.

3. Ha designado a alguien como su rescatador oficial. Esa persona está “obligada” a responder por ella, a salvarla de sus errores, a reparar sus daños y a darle todo el amor que necesita. Le pide amor, atención, dinero, etc. O se lo exige. Ese rescatador puede ser una madre, un padre, una pareja, una ex pareja, una hermana, una amiga, etc. El rescatador oficial es alguien que la ha sobreprotegido porque de alguna manera se siente culpable. Y si la sigue sobre protegiendo, la víctima seguirá infantilizada.

4. Se queja permanentemente de que no la ayudan lo suficiente, de que no le prestan la excesiva atención que demanda, de que alguien le quita el amor, la atención o el dinero de su rescatador. No importa lo que el rescatador oficial haga por ella, nunca es suficiente. Detesta además, a los seres queridos del rescatador ya que cree que el rescatador se debe sólo a ella.

5. Padece un sinfín de enfermedades, síntomas visibles e invisibles, molestias difusas, ataques siniestros, maltratos diversos y lleva un registro detallado de cada uno. Y si te dejas, te los describe minuciosamente.

6. Habla sólo de si misma y no es capaz de escuchar. Puede ser adicta a sustancias que la ayuden a evadir o negar su realidad: comida, medicamentos, drogas diversas.

7. Si intentas ayudarla se siente agredida ya que su principales mecanismos de defensa son la negación y la proyección. Niegan toda responsabilidad personal en sus problemas y proyectan toda su culpa y agresión en los demás.

8. Al no poderse hacer cargo de si misma, tampoco puede hacerse cargo de hijos o de cualquiera que lamentablemente dependa de ella.

9. Es infantil, es una especie de niña o niño y se vive a sí misma como tal. Puede ser que su rescatador oficial la perciba así.

10. Lastima profundamente a los demás y se destruye a si misma. Siempre obtiene ganancias derivadas de su comportamiento.

Si tienes alguna víctima con estas características cerca de ti, te recomiendo que dejes de ser su rescatador oficial. No la vas a poder ayudar, siempre quedarás mal y vivirás profundas frustraciones, culpas y enojos. Recuerda que cuando hacemos algo por el otro, que el otro debe y puede hacer, lo hacemos dependiente. Mejor pásale los datos de algún profesional de la salud mental. Que tenga cédula de licenciatura y de maestría, un aficionado no tendrá las herramientas necesarias.

Si eres una víctima de ti misma, pide ayuda profesional. Los daños a tu persona y a los que te rodean pueden conducirte a tu destrucción y el dolor de saber que estás lastimando a tantas personas, cuando lo registres, puede ser irreparable.

¿Víctima de sí misma o victimaria de los demás?

¿Quién no conoce a una víctima de sí misma? Es aquella persona que posee las siguientes características:

1. Está dentro de una situación lamentable creada por ella misma debido a su falta de responsabilidad. Esto significa que no se ha hecho cargo de su vida. Cree que los demás deben rescatarla de su propia indolencia. No asume ninguna responsabilidad sobre sus actos. No se ha dado cuenta de que todo es causa-efecto.

2. Atribuye sus desastres a sus padres de la infancia, a alguna ex pareja y a otras personas que le han hecho tanto daño que la dejaron invalidada para actuar, sin asumir su contribución a la relación.

3. Ha designado a alguien como su rescatador oficial. Esa persona está “obligada” a responder por ella, a salvarla de sus errores, a reparar sus daños y a darle todo el amor que necesita. Le pide amor, atención, dinero, etc. O se lo exige. Ese rescatador puede ser una madre, un padre, una pareja, una ex pareja, una hermana, una amiga, etc. El rescatador oficial es alguien que la ha sobreprotegido porque de alguna manera se siente culpable. Y si la sigue sobre protegiendo, la víctima seguirá infantilizada.

4. Se queja permanentemente de que no la ayudan lo suficiente, de que no le prestan la excesiva atención que demanda, de que alguien le quita el amor, la atención o el dinero de su rescatador. No importa lo que el rescatador oficial haga por ella, nunca es suficiente. Detesta además, a los seres queridos del rescatador ya que cree que el rescatador se debe sólo a ella.

5. Padece un sinfín de enfermedades, síntomas visibles e invisibles, molestias difusas, ataques siniestros, maltratos diversos y lleva un registro detallado de cada uno. Y si te dejas, te los describe minuciosamente.

6. Habla sólo de si misma y no es capaz de escuchar. Puede ser adicta a sustancias que la ayuden a evadir o negar su realidad: comida, medicamentos, drogas diversas.

7. Si intentas ayudarla se siente agredida ya que su principales mecanismos de defensa son la negación y la proyección. Niegan toda responsabilidad personal en sus problemas y proyectan toda su culpa y agresión en los demás.

8. Al no poderse hacer cargo de si misma, tampoco puede hacerse cargo de hijos o de cualquiera que lamentablemente dependa de ella.

9. Es infantil, es una especie de niña o niño y se vive a sí misma como tal. Puede ser que su rescatador oficial la perciba así.

10. Lastima profundamente a los demás y se destruye a si misma. Siempre obtiene ganancias derivadas de su comportamiento.

Si tienes alguna víctima con estas características cerca de ti, te recomiendo que dejes de ser su rescatador oficial. No la vas a poder ayudar, siempre quedarás mal y vivirás profundas frustraciones, culpas y enojos. Recuerda que cuando hacemos algo por el otro, que el otro debe y puede hacer, lo hacemos dependiente. Mejor pásale los datos de algún profesional de la salud mental. Que tenga cédula de licenciatura y de maestría, un aficionado no tendrá las herramientas necesarias.

Si eres una víctima de ti misma, pide ayuda profesional. Los daños a tu persona y a los que te rodean pueden conducirte a tu destrucción y el dolor de saber que estás lastimando a tantas personas, cuando lo registres, puede ser irreparable.

Caminos para crecer

Existen diversos caminos para el crecimiento personal. Algunos los elegimos conscientemente y por otros hemos transitado sin desearlo o sin entender como es que llegamos a esa ruta. En términos muy generales, enuncio tres de los caminos que he identificado:

Un camino muy recorrido es el del sufrimiento: actuamos sin pensar ni medir las consecuencias de nuestros actos, esto nos lleva al dolor y en caso de no aprender y asumir las consecuencias de nuestros actos, podemos seguirlo recorriendo, repitiendo así el patrón de sufrimiento.

Otro camino es el de los resultados, este camino implica una mayor conciencia y la capacidad de ser honesta conmigo misma. Es un darse cuenta en el momento. Algo no me funciona, o me sale mal, o me hace sufrir y entonces en el momento reconozco lo que no hice bien y corrijo. Este camino significa que cuando estoy ante un resultado que no deseo, asumo las causas y me pregunto: ¿que hay aquí que tengo que aprender?.

El tercer camino es el de la intención: asumo que hay una intención, un sentido en cada situación y experiencia que vivo. Descubro el sentido y actúo conforme a el. Además, reviso la intención con la que llevo a cabo cualquier tarea, cualquier actividad y especialmente cualquier palabra que sale de mi. Requiere de estar consciente, presente y de pensar en las consecuencias que tendrá cada uno de mis actos. Este es un mejor camino para transitar y puede ahorrarme muchos sufrimientos.

Sufrimientos evitables y sufrimientos inevitables

Todos nosotros nos hemos visto en situaciones dolorosas. Unas de ellas fueron realmente buscadas por nosotros, casi siempre, por ignorancia.

Todo tiene un precio y muchas veces no estamos dispuestos a pagar el precio. Por ejemplo, quiero disfrutar del placer de fumar pero no estoy dispuesta a pagar el precio de padecer de enfisema. Entonces, cuando aparece la enfermedad, solemos quejarnos y atribuir a la mala suerte o al destino nuestro sufrimiento. Otro camino es culpar a los otros de nuestro sufrimiento. He escuchado testimonios de madres que dicen: “me tuve que quedar en ese matrimonio infeliz para no quitarte al padre” o “me tuve que casar por tu culpa, porque ya venías en camino” o “no pude estudiar porque me dediqué a criarte”. También hay mujeres que dicen al marido infiel: “te di los mejores años de mi vida y me pagas con esta moneda”. Todas estas expresiones denotan una incapacidad para asumir nuestra responsabilidad en nuestra historia.

Todo lo que estás viviendo en este momento, te lo buscaste. Aún si no lo asumes. La logoterapia trabaja especialmente con la responsabilidad. Si nos hacemos responsables de nuestras acciones podremos encontrar esa libertad interior que es tan necesaria para tener una buena calidad de vida.

Te invito a estudiar un Diplomado en Logoterapia. En esta ocasión, estaré el fin de semana del 29 de Marzo. Será en el Centro de Crecimiento Integral Mi Jardín, en la hermosa Ciudad de Mérida. Debes llamar a Miriam Herrera al (999) 947 69 93, o al 3 16 63 74 o escribir un correo a mijardinmerida@gmail.com