Roma: amor que duele

Mucho se puede pensar al rededor de la película Roma. Se trata de mujeres, de hombres, de la infancia perdida, del México de entonces, pero sobre todo del amor. Del amor de Cleo. En todos los grupos hay una persona que se ofrece, de modo inconsciente, al sacrificio. Su sensibilidad hace que ofrezca su vida, su salud, sus posibles logros para “absorber” el dolor de los demás. Y se inmola.

En la película de Cuarón, podemos observar como el peligro de la muerte está presente todo el tiempo: los niños juegan a estar muertos, el hermano mayor avienta una piedra al menor y la abuela dice -“podrías haberlo  matado”, luego en el incendio del rancho, después en la escena de la playa. A pesar de todos los peligros hay sólo una persona de ese grupo que muere: la bebé de Cleo.

Es Cleo la que carga con la muerte. A veces actuamos así: por amor al otro hacemos sacrificios que nos cuestan la vida. En ocasiones, cuando vemos sufrir a aquellos que amamos, preferimos sabotear nuestra felicidad, nuestra posibilidad de alcanzar lo bueno, otorgando una especie de recompensa al otro. Para que ustedes, familia, no sufran, me provoco un dolor mayor, así, los libero de su dolor.

En cada familia podemos encontrar a ese, al que se ofrece, y se sacrifica por los otros. Es extraño, pero así ocurre. Claro que mientras menos consciente es una situación, la gravedad aumenta.