Tus hijos no son tus hijos

El inspirado y sensible poeta libanés Kahil Gibrán lo expresa perfectamente: “son hijos e hijas de la vida deseosa de si misma. No vienen de ti, sino a través de ti y aunque estén contigo no te pertenecen”.

¿Cuántas veces les has cobrado lo que has hecho por ellos, como si te lo hubiesen pedido?, ¿Cuántas veces has intentado, en nombre del amor, controlar sus decisiones?

“Puedes darles tu amor, pero no tus pensamientos, pues ellos tienen sus propios pensamientos. Puedes abrigar sus cuerpos, pero no sus almas, porque ellas viven en la casa del mañana que no puedes visitar, ni siquiera en sueños” – sigue el poeta.

¿Cuántas veces quieres que piensen y sientan como tu?, ¿Cuántas veces quieres diseñarles el futuro que tu crees será el mejor para ellos?

Y continúa el gran Gibrán: ” puedes esforzarte en ser como ellos, pero no procures hacerlos semejantes a ti porque la vida no retrocede ni se detiene en el ayer. Tú eres el arco del cual, tus hijos como flechas vivas son lanzados. Deja que la inclinación en tu mano de arquero sea para la felicidad”.

¿Somos capaces de regalarles su vida?, ¿ de permitirles irse, apartarse, alejarse y no chantajearlos, manipularlos por soledad, miedo, narcisismo, codependencia o necesidad de control?

Hijos que no crecen

Es frecuente observar que en ciertas familias hay algún hijo que ya pasa de los 40 años y sigue viviendo en casa de sus padres y depende emocional y económicamente de ellos.

Los motivos pueden ser muchos: alguna dificultad orgánica, alguna lesión que impide la autonomía, una incapacidad para adquirir un trabajo que permita la autonomía. Cuando la situación no está relacionada con la enfermedad es cuando resulta prioritario cuestionarse:

¿El hijo no se va porque depende de uno de los padres y hace una función de pareja, en cierto sentido, de su padre o de su madre?

¿El hijo no se va porque es el medio de comunicación entre los padres y entonces intuye que de irse la unión de los padres terminará por disolverse?

¿El hijo no se va porque teme que al amar a otra persona que no pertenece a la familia está traicionando a alguno de sus padres?

¿El hijo, simplemente, está cómodo y prefiere no esforzarse?

El logro más importante de una crianza se llama autonomía. Ser autónomo significa ser capaces de generar el dinero suficiente para mantenernos a nosotros mismos, lo que implica tener la capacidad de llevar a cabo un trabajo que nos brinde la posibilidad de vivir con dignidad.

Muchos de nosotros sobreprotegemos a los hijos, para que no se vayan. Para no enfrentarnos con nuestra pareja o con nuestra soledad. Y al hacerlo, los estamos despojando de la oportunidad de saber quiénes son, de establecer vínculos de amor, de tener una familia propia, un trabajo que nos permita expresarnos en el mundo: una vida propia. Todos tenemos derecho a ella.