Relaciones peligrosas

Relacionarse implica siempre un riesgo.

En muchas ocasiones nos acercamos a personas y entablamos relación con ellas abriendo las puertas de nuestro corazón sin tomar las debidas precauciones. Esto ocurre no solo en el plano amoroso o romántico sino también en las relaciones sociales, de amistad o de trabajo.

Ciertas personas que por soledad o necesidad se apresuran a acercarse al otro, a confiar, a platicar asuntos personales, a invitar a la propia casa al otro.

Los riesgos pueden ser muy altos: hay personas con malas intenciones, abusivas, mentirosas, peligrosas.

Si eres un venado y te relacionas con una víbora: te va a picar.

Si tienes hambre, aceptas cualquier cosa.

Mientras menos te conoces, y más necesitado estás, es más fácil relacionarse de manera peligrosa.

Acompáñame el martes 26 de marzo en El Péndulo, en Álvaro Obregón, CDMX, a las 7:30 pm, en donde profundizaré sobre este tema.

Soledad

Cuando estás en  soledad, te estás dando la oportunidad de conocerte, de escucharte, de tomar decisiones, de pensar en quién quieres ser. De sentir tu vida.

No hay otro camino para lograr entender quién eres. Y cuando sabes quién eres, puedes saber que quieres y actuar en consecuencia.

A veces nos toca estar solos un rato y a veces más tiempo. Recién después de un divorcio, de una separación. Cuando se van los hijos, cuando aún no ha llegado el hombre o la mujer que será nuestra pareja por un tiempo. Ese tiempo de soledad debe aprovecharse al máximo para que cuando se termine, sea para algo bueno y hayamos aprendido a respetar ese espacio de soledad indispensable para vivir bien.

Estar sola no significa nada malo aunque la cultura así lo considere. A veces se ve como un defecto, como que tienes algo raro y por eso no tienes pareja o más amigas, como que nadie quiere estar contigo. Si te dejas guiar por estos prejuicios absurdos e infundados vas a elegir muy mal con quién estar porque lo harás basada en el miedo y no en lo que de verdad quieres.

Estar en compañía puede ser muy lindo y también suele ser muy complicado. Yo creo que para saber estar en compañía primero se tiene que saber estar solo. Y creo que los prejuicios que se tienen para la soledad no son otra cosa que hipocresía, ignorancia, envidia y miedo. Como pasa con todos los prejuicios.

¿Estás sola?

Es muy común que cuando una mujer no tiene pareja los demás le pregunten (con cara de pena o tristeza): “¿estás sola?” Como si la única posibilidad de estar acompañada fuese cuando tienes pareja.

Yo conozco muchas, pero muchas, mujeres casadas, con novio o pareja que están muy solas.

También conozco muchas mujeres solas que están solas.

Y otras solas acompañadas. Muy acompañadas: de sus hijos, de sus amigas, de sus padres, de sus amigas, de sus intereses, de su trabajo, de sus mascotas, de ellas mismas.

Hay una enorme diferencia entre la soledad y la desolación. Estar desolada es estar “sin sol” o sea, sin ti. Es decir, sentir que te estás traicionando a ti misma. Estar sola es estar “con sol” o sea, queriéndote, cuidándote, creciendo, trabajando en ser mejor persona y disfrutando de la vida.

No tener pareja no significa no ser amada. Tampoco no estar acompañada, ni ser menos, ni inferior, ni incompleta. Yo creo que puede significar alguna de estas opciones:

1. Recién terminaste una relación, queriendo o sin querer (divorcio, viudez, infidelidad)  y te estás recuperando. Date al menos 1 año para aprender de la experiencia y prepararte para intentarlo de nuevo.

2. Estás con tu energía en otros lugares: tu trabajo, tus hijos, tus padres, tu vida espiritual…

3. Tienes la firme convicción de no estar en pareja con “cualquiera” sino con alguien que te ame genuinamente y que tu puedas amar así y… no lo conoces aún…pero ya llegará.

4. Te estás boicoteando, castigando, lastimando, lacerando y no buscas pareja pero si la quieres (ve a terapia ya!!!)

En corto: el amor no se recibe sólo de una pareja.

Solas las que no se tienen a ellas mismas: las demás estamos muy acompañadas.

Aprende a estar sola

Nuestra cultura está diseñada para evitar la soledad. Si dices: “fui al cine sola” los demás te miran con una mezcla de extrañeza y lástima. Ir a comer sola puede parecer el no va más de lo patético.

Todos nosotros tendremos que enfrentarnos con la soledad: casados, padres, madres, solteros, hijos, parejas…puedes quedar viuda, o tus hijos se van o te separas de tu pareja. Todos nosotros viviremos muchos momentos de soledad. No querer enfrentarnos con esta verdad suele significar el pago de un precio altísimo.

Perdemos nuestra dignidad cuando le suplicamos a alguien que ya no quiere estar con nosotros que se quede.

Perdemos nuestra libertad cuando a cambio de compañía cedemos lo que no deberíamos.

Perdemos nuestra autonomía cuando nos hacemos dependientes de alguien que quisiera liberarse de nosotros.

Perdemos nuestra capacidad de amar cuando chantajeamos a otra persona con tal de que nos acompañe.

El único lugar donde puedes ser totalmente tu misma es en la soledad. En la soledad, puedes pensar. Puedes reflexionar sobre tu vida. Puedes conocerte y recuperar la energía que desgastamos al convivir con los otros. Puedes leer, escuchar música, escribir, ordenar tus cosas y tu mente. Decidir que quieres seguir haciendo y que necesitas cambiar. Descansar. Desarrollar aficiones que enriquecen tu espíritu. En la soledad puedes irte haciendo cada vez más amiga de la persona que estará junto a ti toda tu vida: tú misma.

¿Ves al otro?

Cada uno de nosotros tiene un mundo interno que está lleno de nuestros recuerdos, experiencias vividas, emociones sentidas, pensamientos, ideas, creencias, significados. Desde ese lugar entendemos al mundo y nos comunicamos con el otro. Desde ahí intentamos ver al otro. Lamentablemente, en muchas ocasiones somos incapaces de ver al otro porque sólo lo vemos en base a lo que el otro puede hacer por mi, o lo que me da, o lo que no me da.

Cada uno de nosotros necesitamos continuamente reconocimiento a nuestra existencia. Cuando alguien me pregunta por como me siento, o como estoy, o que pienso o siento con respecto a algo, está intentando entrar a esa “casa virtual” en la que vivo. Abrirle la puerta y permitirle conocer esos rincones de mi vida siempre es reconfortante. Dejamos de sentirnos aislados al menos por momentos.

En muchas “conversaciones” (y lo pongo entre comillas porque no pueden llamarse así) el otro sólo habla de lo que le pasó, de lo que necesita, de lo que le atañe, pero no pregunta nada a su interlocutor. Es una especie de descarga, de arrojar a quién se deje sus quejas, sus temores, sus ansiedades. Y eso está bien, si no es el único modo de estar con el otro.

Cuando salimos de un encuentro así, nos quedamos con una sensación extraña, cómo si lo mío no importara. Cuando alguien no nos ve, el deseo de estar con esa persona disminuye. Intentemos ver al otro. Preguntemos y desarrollemos la paciencia para escuchar atentamente, sin juicios, sin interrumpir, sin saltar a dar nuestra opinión. Es el antídoto contra la soledad. Cuando le damos ese regalo de VER al otro, ese otro querrá más nuestra compañía, y nosotros seguro que habremos aprendido algo.

La soledad y su riqueza

En nuestra cultura hay un temor flotante a la soledad. Se le concibe cómo algo “malo”, triste, negativo. Y en aras de evitarla a toda costa entablamos relaciones con personas que nos lastiman, que no pueden valorarnos o que incluso nos desprecian.

Escuché recientemente la historia de un hombre que decidió ceder en todo ante una mujer con tal de tener una pareja. Ella abusó de él jugando con sus sentimientos, vaya, le perdió todo el respeto. Cuando le pregunté a él ¿porqué permitiste todo esos abusos? me respondió que no tolera la soledad, que necesita urgentemente una pareja.

Estar solo es en realidad estar con uno mismo. Es escuchar nuestras angustias, nuestros miedos, nuestros pensamientos. Eso puede ser muy amenazante. Pero sí lo hacemos desde la perspectiva de darnos la oportunidad de convivir con esa persona (que somos nosotros mismos) y la vamos conociendo, queriendo, respetando, cuidando, nos daremos cuenta del inmenso valor que sí poseemos. En la soledad podemos aprender mucho. Podemos reflexionar sobre lo que sí queremos y sobre lo que ya no deseamos en nuestra vida.

En la soledad podemos leer, escuchar música, ordenar nuestras cosas, planear nuestros años venideros. En la soledad podemos enriquecer nuestra vida. Y tendremos mejores cualidades que ofrecer a los demás cuando estamos acompañados.

Aceptar que otra persona nos maltrate, por miedo a la soledad, o por cualquier otro motivo, es muy doloroso. Mucho más doloroso que el camino de aprendizaje de cómo convivir con nosotros mismos. La vida es un privilegio, difícil muchas veces, pero llena de belleza, si sabemos verla.