¿Qué historia estás repitiendo tu?

Nuestro grupo familiar nos hereda muchas cosas: nos da un sentido de pertenencia, nos provee de valores, de creencias, de modos para enfrentar a la vida. Nos enseña sobre el matrimonio, sobre el dinero, sobre la educación: desde como preparar un platillo, como alimentar a un bebé, como celebrar una fiesta. Nos enseñan sobre como son los hombres, las mujeres, los jefes, los empleados. ¡Y que bueno! Necesitamos de nuestro grupo familiar para hacernos de una vida.

Sin embargo llegará el día en el que tendremos que dejar de “pensar y actuar como ellos” para empezar a pensar por cuenta propia y a actuar en consecuencia. Hacer esto es muy doloroso, y lo es porque se despiertan sentimientos de culpa, hay remordimientos, hay sensaciones de vacío, hay sentimientos de traición. Desidentificarse con el clan familiar duele. Duele mucho. Y seguramente nos encontraremos con opositores que nos señalarán y nos acusarán por esto.

Si tu estás repitiendo la historia de tu madre, o de tu padre, o de un hermano que ya no vive, o de una abuela o de cualquiera de tu familia…es seguro que no has logrado dar ese paso que requiere resistir el sentimiento de culpa pero que es fundamental, indispensable para salir de esa repetición que te limita y te impide escribir tu propia historia.

¿Te atreverás a cuestionar lo que te enseñaron? ¿Les dio resultado vivir con esas creencias? ¿Qué repetirán tus hijos si no desatas los hilos de tu historia familiar?

¿Amigas o enemigas?

Solemos llamar amiga a casi cualquier persona con la que tenemos contacto. La palabra amiga se ha ido desvirtuando especialmente porque en las redes sociales una persona te contacta, te dice que quiere ser tu amiga y si tu escribes que “si” , ya, se supone que es tu amiga. Si ni siquiera sabes quién es. Conoces su nombre y es el nombre que utiliza en la red, puede que ni se llame así…

¿Quién, entonces, merece el título de amigo?

Un amigo está presente, cerca de ti y te escucha. Sabe cómo se llaman tus hijos, cuáles son tus sueños, que está en juego en este momento de tu vida y te respeta. No te exige explicaciones sobre cómo usas tu tiempo o con quién más decides compartirlo. Una amiga no viene a contarte lo que dijeron de ti, a menos que el caso realmente lo amerite. Y no lo hace porque en principio no se prestó a escuchar lo que otros tienen que decir de ti.

Una amiga no te hace sentir incómoda ante una situación desfavorable. No te traiciona y sobre todo no te utiliza. A veces las personas se acercan a nosotros para que les demos algo de lo que tenemos: relaciones, accesos a mundos que ellos no tienen, invitaciones, dinero. Realmente no les importamos, les interesa lo que representamos.

La vida es muy breve: el tiempo muy limitado. No inviertas tu tiempo en quién no sabe apreciarte, escucharte, reconocerte y hacerte sentir bien. Y no olvides que para tener un buen amigo, hay que saber ser un buen amigo.

Mi pareja me es infiel

Padecer la experiencia de la infidelidad de una pareja es un reto psicológico de grandes dificultades. Descubrir el engaño, lidiar con la ira, sufrir la tristeza, admitir la traición y sobrevivir con dignidad son algunas de las tareas que ésta situación presenta.

He aquí algunas ideas que pueden ayudarnos en éste doloroso proceso:

1. Reconocer que el infiel es infiel con independencia de cómo seas tú: esto significa que el otro necesita engañar con independencia de cómo seas tú, sí estás más delgada, sí eres más culta, sí te cambias el corte de pelo, sí eres más divertido o sí sabes más de cocina japonesa no importa. El que quiere cometer la infidelidad lo hace al margen de cómo sea su pareja.

2. No te lo tomes personal. Yo sé que esto es muy difícil pero es muy necesario entender que no te lo está haciendo a tí. Se lo está haciendo a sí mismo. El primer traicionado en la infidelidad es el que es infiel, se está traicionando a sí mismo.

3. No te humilles ni pierdas tu dignidad bajo ningún concepto. No hay persona que merezca ponerse en una situación así. Sí quieres seguir con tu pareja entonces NO hables del tema, cada vez que sacas el tema a relucir, o hacer cualquier referencia a la situación la LLENAS de energía y te lastimas irremediablemente. NO lo acuses, NO le eches en cara, NO busques pruebas. También puedes decidir terminar la relación y en ese caso hazlo cuando estés fuerte, tómate el tiempo que QUIERAS y alimenta tu espíritu.

4. Aprovecha ésta oportunidad para crecer. NO TE CULPES. Tú no tienes la culpa. De lo que sí eres responsable es de la ACTITUD con que tomas ésta situación: debes usar ésta situación para crecer. Aprende cosas nuevas, haz ejercicio, ponte guapa, toma un nuevo curso, trabaja con más empeño, diviértete. Es el mejor modo de canalizar la ira.

5. La ira es fuego. El fuego puede destruir y convertir en cenizas lo que toca. NO permitas que eso suceda, no destruyas al otro y mucho menos te destruyas. El fuego también puede transformar. Canaliza tu ira en energía positiva para tí. Usa esa fuerza para poner un negocio, acabar una carrera, correr un maratón o aprender un idioma. Deja de pensar en el tema. Ya pasó y aunque tu EGO es lo que más te duela (lo cuál es normal) debes tener la humildad para reconocer que sí, a tí te pueden engañar.

6. Sé humilde. No todo el mundo nos quiere y no siempre nos quieren cómo nosotros queremos. Sé tolerante a la frustración. Pero sobre todo, sé digna. Que el dolor no te rebase. Que te haga ser más grande y no más pequeña. No insultes a tu pareja. No te metas con la persona con la que se ha cometido el engaño. Intenta perdonarlos. Reza por él y por ella. Desea el bien para ellos. Desea y trabaja por tu bienestar. Agradece la experiencia de vida.

7. Disfruta de las cosas más pequeñitas: una flor, un pajarito, una rica comida, mirar el cielo, estar viva.

8. Incrementa tu círculo de amistades, inscríbete a un grupo, lee, diviértete. La vida no se acaba aún. Tu felicidad no puede depender de otra persona. Tu felicidad es una decisión interna. Perdona. Perdonate a tí misma por lo que te hayas lastimado en éste proceso.

9. Es un duelo con todas sus etapas. Va a pasar el dolor. Te lo prometo. Y vas a salir fortalecida. Depende de tí.

10. Habla del tema con quiénes lo hayan vivido, te van a entender. Y luego, deja de hablar del tema. Dale la energía de tus palabras a temas más constructivos para tí.