¿Para qué ir a psicoanálisis?

Vivir es difícil. Convivir es complicado. Los impactos de pasar de una etapa de desarrollo a otra son muchos. Dejar la infancia, atravesar por la adolescencia, establecer una relación de pareja, obtener logros, fracasar, experimentar el dolor de personas a las que amamos: estas y muchas otras situaciones pueden y deben ser elaboradas. Entendidas, trabajadas, simbolizadas. Si no lo hacemos, se van acumulando, nos vamos resistiendo, podemos deprimirnos o desarrollar síntomas que son señales de que necesitamos una adecuada elaboración. El psicoanálisis es el espacio para ser escuchados objetivamente. Para poder digerir, rumiar, pensar, masticar esas situaciones y ponerles nombre, acomodarlas, ordenarlas. Cuando lo hacemos, logramos ser menos impulsivos, menos acomplejados, y, especialmente, adquirimos mayor responsabilidad sobre nuestros actos. Este y muchos otros argumentos explicaré en la conferencia que estaré ofreciendo, gracias a la invitación de la Asociación Psicoanalítica Mexicana en “El Péndulo” de Álvaro Obregón, Col. Roma, el martes 25 de abril a las 7:30 pm. La entrada es libre. Te espero.

Pendulo

Lo indecible y lo traumático

En todas las familias se viven experiencias que por su naturaleza se convierten en indecibles. Esto significa que no le damos un nombre a la vivencia. Y al no darle un nombre no hablamos de ella, convirtiéndola en secreto. Por ejemplo, si se vive una experiencia de violencia y somos un pequeño niño que vemos los golpes de un padre a una madre, nos callamos. No se lo contamos a nadie. ¿Cómo vas a compartir con tus compañeros de escuela que tu padre golpeó a tu madre? A esto se le añade que tu mamá no te explica, no habla del tema. Además, al día siguiente ves que le está preparando un desayuno cómo si nada hubiera pasado. Esto es una experiencia indecible.

Un trauma es aquello que el aparato psíquico no puede elaborar, digerir, tramitar.  Para poder trabajar en una experiencia lo primero que se necesita es nombrarla. Decir las palabras que la describan. Sin palabras no hay posibilidad de elaboración. Y todo lo que no es apalabrado, es actuado. Es decir: o lo hablas y lo describes ante un testigo de calidad, o lo vas a actuar con tus conductas, o tu cuerpo lo va a representar. Lo que no va a ocurrir es que se quede así, guardado.

Los secretos son lo más tóxico en las relaciones. Cuando te dicen que “nunca te van a decir que pasó con alguien o con algo” de tu familia, te están quitando el derecho a pensarlo, a elaborarlo, a trabajarlo y a libertarte entonces del trauma.

Para liberarnos del dolor emocional, debemos nombrar primero. No vivas con secretos, pocas cosas enferman más y separan más de los otros. Pocas cosas lastiman más.