Dejar ir

Dejar ir, soltar, no aferrarse, no controlar…

Conforme nos vamos haciendo mayores (y eso es algo que sólo la muerte puede detener) debemos aprender a dejar ir: a los amores, a los hijos, a las creencias equivocadas, a los hábitos poco saludables, a las ideas sobre “el amor perfecto”, “la amistad incondicional”, “la felicidad absoluta”, “el control de nuestras vidas”.  Soltar, aprender a vivir con poco, deshacernos del equipaje.

Creo que además debemos abandonar esas ideas falsas que sólo nos hacen sentirnos frustrados. Me refiero a ideas sobre lo perfecto, lo absoluto, lo definitivo. Nada es así. Lo que hoy es de un modo, mañana será diferente. Lo que crees que ya sabes, la vida se encargará de demostrarte que no es así. Es bien cierto que cada día trae consigo nuevas enseñanzas. Cuando sentimos que algo es seguro es un momento antes de descubrir lo incierto de casi todo.

De ahí que aprovechar las buenas rachas, disfrutar los buenos momentos, gozar al máximo, beberse la vida buena. Y en los momentos de dificultad recordar que nos deben servir para aprender y para crecer.

Vivir es difícil. Y cuando lo reconocemos, abrimos la puerta a las posibilidades, le damos la bienvenida al espíritu de lucha y así, tropezamos de repente, con que vivir es también maravilloso y que si sabemos reconocer todo lo que si tenemos, todas las batallas que hemos enfrentado, todas las lágrimas que hemos llorado, podemos sentir que hemos sido muy valientes. Más fuertes de lo que pensamos. Más afortunados de lo que solemos reconocer.

 

El regalo de la vida

La vida es un regalo. Se nos ha dado la oportunidad de vivir. Con muchas dificultades, sin duda. A cada uno nos tocan retos por demás complejos: el abandono en la infancia, la vivencia de experiencias muy dolorosas en la infancia. Las carencias económicas para unos, las emocionales para otros. El abuso sufrido por personas ignorantes. Los complejos de inferioridad, la verguenza tóxica, el miedo.

Relaciones en la adolescencia que nos pusieron en peligro. La ingesta de sustancias que nos hicieron daño. Un embarazo prematuro. Un aborto sin pensar. Un matrimonio equivocado. ¡Cuantas vivencias difíciles hemos tenido que enfrentar!

Pero… estamos vivos. Sobrevivimos. Aún ahora seguimos enfrentando dificultades, temores, angustias. Todo esto es cierto. Pero…estamos vivos. Y podemos perdonar y perdonarnos. Podemos aprender a decirnos la verdad. Podemos empezar de nuevo y ser mucho más responsables. Podemos ir a un análisis y revisar nuestros modos de enfrentar la vida y reconstruirnos. Podemos amar más. Y encontrar el amor. Depende de que queramos hacerlo. Debemos comprometernos con nosotros mismos. Nadie puede vivir mi vida por mi. Si yo entiendo el regalo de la vida y aprovecho cada instante, seguro, seguro descubriré el inmenso regalo que es la vida.

Aprender a vivir

Vivir es un arte y como ocurre con todo arte, hay reglas que nos permiten aprender a hacerlo. Yo creo que algunos son verdadedos artistas del vivir. Y otros, menos avezados, somos meros artesanos. Pienso en alguna artesanía: una blusa bordada a mano, un jarrón de talavera, un rebozo tejido. Quién logra hacerlo bonito necesariamente ha tenido que entender como manejar los materiales, ha practicado día con día, ha preguntado a los que saben más, ha imitado a los que lo hacen bien, se ha equivocado y ha tenido que comenzar de nuevo. Seguro ha tenido que reparar, descansar del trabajo, dejarlo un ratito de lado y ha desarrollado disciplina para poder construir algo bello.

Cada día es una oportunidad para aprender a vivir. Lo bueno es que existe el terrón de azúcar de Cortázar, el tiempo recobrado de Proust, el invento de la soledad de Auster, el Balzac de Zweig y el estoico de Pessoa. Lo bueno es que hay un Galeano, una Sontag, un Freud. Lo mejor es que hay maestros que nos ayudan a entender.

Lo bueno es que existe el sentimiento que nos dice cuando dejar de hacer algo, cuando retirarnos, cuando seguir, cuando cambiar, cuando pedir perdón y cuando decir te quiero. Lo bueno es que existen las lágrimas y los abrazos y la ternura y los besos.  Lo bueno es que existe la soledad para poder reflexionar y la compañía para saber quiénes somos. Lo mejor es que existe el amor. Lo más importante es el amor.

Lo bueno es que hay animales, perros, gatos, mariposas, catarinas, abejas, tiburones, leones, tortugas. Lo bueno es que hay flores, árboles, nubes, música, el cine, la literatura, el psicoanálisis.  Lo mejor es que hay amigas, alumnas, hermanas, hermanos, hijos, padres, madres, sobrinas, amigas-alumnas, personas maravillosas. Lo más preciado es saber que amas y eres amada. Lo más importante son las personas.

Lo bueno es que a diario tenemos oportunidad para recomenzar, para arreglar, para corregirnos, para perdonarnos, para ser menos dependientes y más fuertes, para ser menos agresivas y más amables, para juzgar menos y reconocer más nuestros errores, para leer y para aprender. Lo más importante es saber relacionarnos con las personas. Lo mejor es que mientras haya vida, hay posibilidad de aprender a vivir.