Las palabras son cobijas

Todos los días ocurren situaciones entre los miembros de las familias, entre las parejas, entre los hermanos, los hijos y los padres. Cuando éstas son difíciles, cuando hay heridos, cuando unos están enojados o tristes o resentidos existe un sólo camino: hablar.

«Hablando se entiende la gente». Sí, lo que hace que crezca el temor, el resentimiento, el coraje son los malos entendidos y estos se dan por no verbalizar las emociones, por no expresar con palabras lo que sentimos, lo que pensamos. En ese sentido es que las palabras son cobijas. Arropan, calman, abren posibilidades. Explicarle a nuestra pareja por lo que estamos pasando, calmar a nuestros hijos diciéndoles cuánto los queremos y cuánto sentimos habernos equivocado.

Todo lo que no se verbaliza genera angustia. Al hablar nos escuchamos a nosotros y les abrimos el corazón a los otros. No te quedes sin pedir perdón, no te quedes sin explicar lo que piensas, lo que en justicia crees que está ocurriendo. No dejes esos pendientes que sólo hacen más grandes las heridas y las brechas.

Habla con el corazón. Con calma, sin gritar, sin herir. Escucha las necesidades de los otros. Muestra tu verdad y ayuda a los demás a que sientan que pueden confiar en tí. Cuando nos comunicamos podemos unirnos, podemos ayudarnos, podemos establecer metas en común. Cuando explicamos nuestra postura estamos en posibilidad de ser entendidos.

El lenguaje es nuestro medio para crear ese puente que puede acercarnos a los que amamos. No temas al discurso, ten terror al silencio, al secreto, a lo no dicho: eso sí que da frío.

Tolerar no ser una «monedita de oro»

Las moneditas de oro a todos nos caen bien. Pero ninguno de nosotros somos eso. Somos personas con luces y sombras, con certezas y miedos, con sentimientos y experiencias diversas.

Cuando intentamos que todos nos quieran, que todos nos aprueben, que todos nos acepten, estamos invirtiendo demasiada energía en los otros. Será imposible darle gusto a todos, y sí acaso crees que lo estás logrando, puedo asegurarte que tienes una concepción equivocada.

Algunas personas nos quieren tal y como somos, son las menos. Otras reconocen en nosotros cualidades atractivas y toleran con cierta benevolencia nuestros defectos. Otras quieren querernos pero no se atreven. Otras más se debaten entre la admiración que nos tienen y la envidia que las devora. A otras más, les parecemos seres imposibles.

Reconocer esto, asumirlo y admitirlo, es esencial para conservar nuestra integridad. Porque el precio de agradar al otro o de mendigar su amor es altísimo: se llama individualidad y libertad. Dignidad también.Al que mendiga, le dan limosna.

Si quién no te quiere es de tu familia, intenta entender sus motivos, respétalo pero no dejes de ser quién eres, no te traiciones a ti mismo para conseguir su afecto.

Acerca a ti a esas personas a las que tu presencia les es grata. Cultiva la relación de quiénes sí te quieren. Y con toda humildad, renuncia cuánto antes a pagar un alto precio a cambio de ser querido.

 

¿Qué hacer sí el padre está ausente?

Con frecuencia encontramos a madres solteras o divorciadas que se ven la situación de criar a sus hijos sin la presencia del padre. He aquí algunas ideas:

1. Es necesario que la madre tenga algo que la «reclame». Un trabajo, intereses sociales, otros afectos, lo que presione para que no se caiga en una relación simbiótica o fusional con el niño que le impida separarse adecuadamente.

2. Los niños construyen la imagen de su padre a través de las palabras de la madre, por lo que es indispensable que la madre no critique, juzgue o insulte al padre de su hijo. Debe darle un lugar adecuado y no descargar la frustración hablando mal de él. Por ejemplo: «tu padre no está y a veces yo me siento triste o me gustaría tener un hombre a mi lado pero cuando te concebimos los dos queríamos, en ese momento de amor, que tu nacieras»

3. La madre debe aceptar que su hijo no está para llenarle sus expectativas de compañía, de amor y mucho menos de cuidado.  Esto sobrecarga emocionalmente al niño produciendo severos daños.

4. Nunca debe involucrarse al niño en las peleas con el padre, sí está presente o no, las discusiones deben ser entre los adultos y no involucrar al niño.

5. Es indispensable tomar en cuenta que las madres somos el puente para que el padre construya su relación con sus hijos antes de la adolescencia, por esto, no debemos hablar mal del padre, no debemos impedir que se acerque a sus hijos y debemos funcionar cómo facilitadoras en este encuentro entre el padre y el hijo.

6. Buscar y desarrollar redes de ayuda para no sentirse solas en la labor de crianza. Tener amigas, amigos, recibir psicoterapia, socializar, apoyarse en la familia, de tal modo que el niño crezca con una red de apoyo para su madre y para él, lo que sin duda garantizará una crianza exitosa.

 

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