Mi hijo pequeño llora mucho

Si te ocurre que tu hijo pequeño llora mucho cuando te vas o lo dejas al cuidado de alguien más puede ser que esté angustiado y que le esté haciendo falta un poco más de tu presencia. De una presencia disponible. Los niños pequeños no tienen recursos lingüísticos suficientes como para indicarte con palabras lo que le está ocurriendo.

Los niños pequeños no pueden medir el tiempo como lo hacemos los adultos, ni tener la certeza de que su mamá regresará. Hacer rutinas, estar con él cuando podemos estar, pero de verdad estar: esto significa no estar checando el correo, el teléfono, estar nerviosas pensando en nuestros pendientes de mujeres adultas. Estar con nuestro hijo implica dejar de lado nuestro mundo de preocupaciones y disfrutar de su presencia, enseñarle las cosas de su entorno, cantar, jugar, abrazar, reírse. Asegurarle que cuenta con nosotros y que somos capaces de contener sus emociones. Lo mismo si por las noches se levanta o no logra dormirse: algo le está haciendo falta en el sentido del apapacho, de la seguridad que sólo su mamá le puede dar.

Es pequeño y pronto crecerá. El abrazo estrecho, el cariño sin preocupaciones, jugar con verdadero interés en él son tus mejores inversiones para que crezca seguro, nunca te vas arrepentir del cariño invertido en él.

Que te sienta tranquila, feliz, disponible para él es el mejor regalo que puedes darle a él y a ti misma.

Retos de una madre

Ser madre es una de las tareas más complejas para una mujer. Desde el primer embarazo se mezclan las alegrías, las ilusiones y los miedos. ¿Vendrá bien? ¿Seré capaz de cuidarlo? ¿Será lindo? ¿Volveré a estar delgada? ¿Su papá me va a seguir queriendo? Estas son sólo algunas de las cientos de preguntas que nos hacemos.

Al nacer, las cosas se complican. El bebé nunca es como lo imaginamos. Puede ser más lindo o menos. Llora, se queja, no duerme, bien cólicos. ¿Y los demás? A algunas mamás muy afortunadas los padres de sus hijos las apoyan, las ayudan. Muchas otras se encuentran solas en esa tarea de crianza.

Entramos en ese camino que durará toda nuestra vida en el que tenemos que estar ahí, cerca y dando apoyo a nuestro hijo y al mismo tiempo, de modo paradójico, dejándolo ir, propiciando su autonomía. Es decir, lo debo cuidar y al mismo tiempo debo ir renunciando a que sea para mí, a que esté siempre conmigo, porque el logro será que ese hijo haya recibido suficiente amor y cuidados como para poder procurárselos él mismo y labrarse una vida autónoma.

Nada fácil. El apoyo de otros adultos, padres, madres, hermanos y amigas es necesario. Informarse sobre las etapas de desarrollo y sobre todo: no sentir culpa porque a veces nos cansamos, nos sentimos tristes, nos sentimos solas y hasta enojadas con nuestro pequeño hijo. Es normal. Descansa, pide ayuda y ten paciencia.  Y relájate, no todo depende de ti. Mientras más feliz seas, harás más feliz a tu hijos.

Gratitud

Sentir gratitud no significa ignorar las dificultades. Significa que además de fijarte en los problemas puedes también detenerte a observar lo bueno. Esto te hará sentir con apoyo y podrás afrontar de mejor modo las circunstancias adversas.

Repara en los regalos del mundo: las estrellas, los animales, el color del cielo, las flores. Repara en todo lo que se ha escrito, en todo el arte y la ciencia que está ahí para que te acerques a disfrutarla.  Reconoce a  las personas que te han amado e incluso a las que al dejar de quererte te ofrecieron un aprendizaje. Acepta todo eso gratuito que has recibido en tu vida.

Reconoce la benevolencia que la vida ha tenido contigo. Date cuenta de todas las cosas buenas que tienes. Y agradece. Sabrás cuan afortunado has sido cuando lo hagas.

Mientras más seas capaz de reconocer y de agradecer, te sentirás más en paz y con capacidad para dar más. Y eso te ubicará en una espiral positiva de conciencia y abundancia.

Por cierto; gracias por leerme.

Disfrutar de la vida

Se puede disfrutar de la vida aún a pesar de los problemas o sufrimientos que estemos atravesando. Se debe disfrutar de la vida: nos los debemos a nosotros y las personas que nos rodean se verán también beneficiadas si lo hacemos.

Ser feliz es un regalo para los que nos aman. Además, tu sistema inmunológico te lo va a agradecer. Mejorarás tu salud.

Deléitate con los placeres de la vida cotidiana: el olor de una naranja, el sabor de un chocolate, la luz del sol, las flores y los árboles…

Piensa en las cosas bellas que disfrutas, en los recuerdos gratos, en los momentos divertidos, en las personas lindas que quieres. Disfruta del arte: observa una pintura, escucha música, lee poesía o una buena novela, admira las grandes obras de la humanidad.

Aún a pesar de lo difícil que pueda ser, a veces, la vida, es nuestra tarea aprender a disfrutar de la vida.

Lo bueno que hay en ti

Solemos reparar con especial atención en nuestros defectos. Nos es más fácil reconocer lo bueno en los demás que en nosotros. Sí en un día tenemos muchos aciertos y un error, nos fijamos demasiado en ese error y nos criticamos duramente por ello.

Cuando alguien nos critica, nos obsesionamos con ello. Y si nos hacen un elogio, lo minimizamos. Esto es perjudicial para nuestra autoestima.

Un modo para reconocer tus cualidades es intentar verte a través de la mirada de los que te quieren, por ejemplo tus amigos. ¿Porqué están contigo? Seguro es porque ven muchas cosas buenas en ti.

Otro modo útil es hacer una lista, lo más realista posible, de tus virtudes. Y decirte: “casi siempre soy honesto  (o amable o cariñoso o confiable) ” o cualquiera de las cualidades que hayas anotado en la lista y repetir para ti esa frase. Esto te ayudará a tener mayor conciencia de lo bueno que hay en ti. ¡Vale la pena hacer el ejercicio!

Perder a un ser Amado

Tuve el privilegio de crecer disfrutando  de la presencia de un tío materno llamado David, David Amado Romero y Apis. Un personaje inolvidable que transformó, con su amor, el dolor en alegría, el miedo en coraje y la vergüenza en orgullo.

Un hijo comprometido, lleno de ternura hacia su madre, mi inolvidable abuela. Un hermano excepcional, cuidadoso y sensible con mi madre preciosa. Un padre ejemplar que con su apoyo acompañó cada momento de la vida de mis adorados primos, un esposo único en solidaridad con su bellísima esposa.  Yo no tuve padre, y la vida generosa, a cambio, me dió  a la mejor mamá,a los hermanos más sensibles, a mis tres maravillosos hijos y a mi tío David. Soy una mujer con suerte, ni duda cabe.

Yo, cuando niña, quería que fuera mi papá. Y fue mucho más que eso.  Observaba cuidadosamente cada una de sus cualidades para poder parecerme a él cuando fuera grande: el amor a su profesión, en la que alcanzó el dominio que lo llevó al éxito, la pasión por  la guitarra, el piano y el acordeón. Su disciplina y compromiso en cada tarea que emprendió: desde fabricar muebles hasta diseñar guayaberas.  Su generosidad para con todos: fue el Rey que transformaba en oro, con su mirada, al que tocaba. Imposible igualarlo.

Amó a la vida y nunca dejó de aprender de ella. Mi modelo, mi ejemplo, mi motivo de orgullo, mi fuente de ternura, mi amor. Gracias por sanar mis heridas, por abrazarme cuando era niña y necesitaba tanto de ti.  Gracias por amar a mis hermanos. ¿Cómo se paga tanto amor?

Su calidad humana fue mucho más grande que la mas grande de sus virtudes.  Sus manos cuidadosas dieron tanta luz.

Te voy a extrañar siempre, mucho, y voy a honrar tu presencia en mi vida hasta mi último aliento.

Quisiera volver a verte, mirarme en tus ojos quisiera, mi amado David Amado.

 

 

Sin prisa

La mayoría de nosotros pasamos los días corriendo, con prisa. Apurados. Un estilo de vida maniaco. Las consecuencias de vivir de este modo son, entre otras:

. Estrés generalizado que debilita nuestro sistema inmunológico.

. Irritabilidad, preocupación, mal humor, acumulándose te llevan a la depresión.

. Pérdida de la claridad y calma que se necesita para tomar buenas decisiones.

¿Cómo desacelerarnos?

Haz algunas de las cosas que haces cotidianamente lo más despacio que puedas. Resiste la presión que te imponen otros para responder de inmediato. Encuentra la belleza del momento presente y disfruta de esa taza de café, de esa conversación, de tu respiración. Empieza poco a poco haciendo lo que haces de modo más lento, poniendo toda tu atención en esa actividad y en lo que te rodea.

Desacelerar el ritmo de tu vida es una de las acciones que realmente puede cambiarte la vida para bien.