Humildad para aprender

Las posibilidades para aprender están a nuestro alcance cada día. Las oportunidades son infinitas. Cada persona tiene algo que enseñarnos. Y especialmente cada situación que se nos presenta, especialmente si es dolorosa.

Es cierto, el sufrimiento es un gran maestro. El sentimiento de tristeza nos obliga a reflexionar. Cuando nos sentimos así, volvemos la mirada hacia nosotros y nos damos cuenta de lo que es verdaderamente importante.

El dolor es una especie de semáforo en rojo que nos advierte: deja de hacer  tal o cual cosa, cambia de rumbo, adquiere mejores hábitos, aprende a callar, etc. El dolor nos avisa sobre lo que no estamos haciendo bien.

Es mucho mejor dejarse vencer. Llorar, lamentarse en lo íntimo (los demás no tienen porqué cargar con nuestras penas), poner un alto y ser humildes para reconocer nuestros errores, aprender de ellos y mejorar.

De tal modo que logremos transformar al dolor en una oportunidad para crecer. Si lo negamos sólo lograremos aumentar el sufrimiento. Si lo reconocemos podemos hacer algo productivo de ese dolor.

La decisión de cuidar una relación

Muchos de nosotros crecimos con la falsa idea de que un día encontraríamos al “amor de la vida” y que entonces sería fácil amar y ser amado. Y no sólo eso, la vida sería entonces cómoda y sin problemas.

El mito del amor romántico puede hacer mucho daño. La verdad es que estar con una pareja y comprometerse a amarla es una decisión. Una decisión que debe tomarse con el mayor sentido de la realidad.

Nadie puede hacerse cargo de nosotros. Nadie puede ser responsable de nuestra felicidad, o pagar el precio de nuestros errores. Una pareja puede acompañarnos, a veces, puede escucharnos, a veces. Puede apoyarnos, a veces. Pero no puede resolvernos la vida ni reparar nuestros déficits emocionales. Eso sólo lo podemos hacer cada uno de nosotros.

El estereotipo del salvador suele lastimar mucho a una relación, ya que como es imposible cumplirlo, uno de los dos miembros de la pareja, o los dos, pueden sentirse defraudados cuando en realidad, estaban esperando algo que no existe.

Se debe amar lo real, lo que si es y apreciar lo que mi pareja si me puede dar, sin exigir lo imposible.

Mi hijo pequeño llora mucho

Si te ocurre que tu hijo pequeño llora mucho cuando te vas o lo dejas al cuidado de alguien más puede ser que esté angustiado y que le esté haciendo falta un poco más de tu presencia. De una presencia disponible. Los niños pequeños no tienen recursos lingüísticos suficientes como para indicarte con palabras lo que le está ocurriendo.

Los niños pequeños no pueden medir el tiempo como lo hacemos los adultos, ni tener la certeza de que su mamá regresará. Hacer rutinas, estar con él cuando podemos estar, pero de verdad estar: esto significa no estar checando el correo, el teléfono, estar nerviosas pensando en nuestros pendientes de mujeres adultas. Estar con nuestro hijo implica dejar de lado nuestro mundo de preocupaciones y disfrutar de su presencia, enseñarle las cosas de su entorno, cantar, jugar, abrazar, reírse. Asegurarle que cuenta con nosotros y que somos capaces de contener sus emociones. Lo mismo si por las noches se levanta o no logra dormirse: algo le está haciendo falta en el sentido del apapacho, de la seguridad que sólo su mamá le puede dar.

Es pequeño y pronto crecerá. El abrazo estrecho, el cariño sin preocupaciones, jugar con verdadero interés en él son tus mejores inversiones para que crezca seguro, nunca te vas arrepentir del cariño invertido en él.

Que te sienta tranquila, feliz, disponible para él es el mejor regalo que puedes darle a él y a ti misma.

Retos de una madre

Ser madre es una de las tareas más complejas para una mujer. Desde el primer embarazo se mezclan las alegrías, las ilusiones y los miedos. ¿Vendrá bien? ¿Seré capaz de cuidarlo? ¿Será lindo? ¿Volveré a estar delgada? ¿Su papá me va a seguir queriendo? Estas son sólo algunas de las cientos de preguntas que nos hacemos.

Al nacer, las cosas se complican. El bebé nunca es como lo imaginamos. Puede ser más lindo o menos. Llora, se queja, no duerme, bien cólicos. ¿Y los demás? A algunas mamás muy afortunadas los padres de sus hijos las apoyan, las ayudan. Muchas otras se encuentran solas en esa tarea de crianza.

Entramos en ese camino que durará toda nuestra vida en el que tenemos que estar ahí, cerca y dando apoyo a nuestro hijo y al mismo tiempo, de modo paradójico, dejándolo ir, propiciando su autonomía. Es decir, lo debo cuidar y al mismo tiempo debo ir renunciando a que sea para mí, a que esté siempre conmigo, porque el logro será que ese hijo haya recibido suficiente amor y cuidados como para poder procurárselos él mismo y labrarse una vida autónoma.

Nada fácil. El apoyo de otros adultos, padres, madres, hermanos y amigas es necesario. Informarse sobre las etapas de desarrollo y sobre todo: no sentir culpa porque a veces nos cansamos, nos sentimos tristes, nos sentimos solas y hasta enojadas con nuestro pequeño hijo. Es normal. Descansa, pide ayuda y ten paciencia.  Y relájate, no todo depende de ti. Mientras más feliz seas, harás más feliz a tu hijos.

Gratitud

Sentir gratitud no significa ignorar las dificultades. Significa que además de fijarte en los problemas puedes también detenerte a observar lo bueno. Esto te hará sentir con apoyo y podrás afrontar de mejor modo las circunstancias adversas.

Repara en los regalos del mundo: las estrellas, los animales, el color del cielo, las flores. Repara en todo lo que se ha escrito, en todo el arte y la ciencia que está ahí para que te acerques a disfrutarla.  Reconoce a  las personas que te han amado e incluso a las que al dejar de quererte te ofrecieron un aprendizaje. Acepta todo eso gratuito que has recibido en tu vida.

Reconoce la benevolencia que la vida ha tenido contigo. Date cuenta de todas las cosas buenas que tienes. Y agradece. Sabrás cuan afortunado has sido cuando lo hagas.

Mientras más seas capaz de reconocer y de agradecer, te sentirás más en paz y con capacidad para dar más. Y eso te ubicará en una espiral positiva de conciencia y abundancia.

Por cierto; gracias por leerme.

Disfrutar de la vida

Se puede disfrutar de la vida aún a pesar de los problemas o sufrimientos que estemos atravesando. Se debe disfrutar de la vida: nos los debemos a nosotros y las personas que nos rodean se verán también beneficiadas si lo hacemos.

Ser feliz es un regalo para los que nos aman. Además, tu sistema inmunológico te lo va a agradecer. Mejorarás tu salud.

Deléitate con los placeres de la vida cotidiana: el olor de una naranja, el sabor de un chocolate, la luz del sol, las flores y los árboles…

Piensa en las cosas bellas que disfrutas, en los recuerdos gratos, en los momentos divertidos, en las personas lindas que quieres. Disfruta del arte: observa una pintura, escucha música, lee poesía o una buena novela, admira las grandes obras de la humanidad.

Aún a pesar de lo difícil que pueda ser, a veces, la vida, es nuestra tarea aprender a disfrutar de la vida.

Lo bueno que hay en ti

Solemos reparar con especial atención en nuestros defectos. Nos es más fácil reconocer lo bueno en los demás que en nosotros. Sí en un día tenemos muchos aciertos y un error, nos fijamos demasiado en ese error y nos criticamos duramente por ello.

Cuando alguien nos critica, nos obsesionamos con ello. Y si nos hacen un elogio, lo minimizamos. Esto es perjudicial para nuestra autoestima.

Un modo para reconocer tus cualidades es intentar verte a través de la mirada de los que te quieren, por ejemplo tus amigos. ¿Porqué están contigo? Seguro es porque ven muchas cosas buenas en ti.

Otro modo útil es hacer una lista, lo más realista posible, de tus virtudes. Y decirte: “casi siempre soy honesto  (o amable o cariñoso o confiable) ” o cualquiera de las cualidades que hayas anotado en la lista y repetir para ti esa frase. Esto te ayudará a tener mayor conciencia de lo bueno que hay en ti. ¡Vale la pena hacer el ejercicio!