¿Necesidad o preferencia?

Distinguir entre lo que necesitamos y lo que preferimos es fundamental para combatir el consumismo innecesario que tanto daño puede hacernos en lo individual y en lo social. Por citar un ejemplo, necesitamos ropa para cubrirnos y podemos preferir que sea de cierta marca por la razón que sea.
Cuando podemos detenernos a pensar y nos atrevemos a preguntarnos: ¿Porqué creo que necesito x marca? la respuesta suele ser reveladora. Quizá creemos que algo externo puede darnos identidad. Nada más lejos de la realidad.
Si creo que por usar esa marca voy a ser más popular, o querido, o atractivo puedo entonces admitir que NO lo necesito pero que SI lo prefiero.
Nadie necesita usar un bolso de determinada marca que salga del presupuesto solo por llevar unas iniciales que le griten a los demás cuanto invertí en el mismo. Mientras más consumimos estamos contaminando más, acabándonos a nuestro planeta.
Menos es más. Revisa bien tu armario: puede ser que no sea necesario comprar tantas cosas. Administra tu dinero de modo inteligente. Piensa bien sí necesitas o si prefieres algo y porque. Usar las cosas, reciclarlas, remendarlas y cuidarlas puede hacer una diferencia sustancial. Debemos fomentar la sencillez, el orden y no la pretensión ambiciosa y absurda de creer que por usar determinada marca seremos mejores. Evitemos caer en la gran trampa del consumismo.

¿Suerte o resultado el esfuerzo?

Las personas que rebosan de envidia suelen exclamar cuando observan tu bienestar: ¡pero que suerte tienes! atribuyéndole a la fortuna lo que sólo puede ser imputable al esfuerzo constante.
Suerte es cuando la oportunidad y la preparación se encuentran.
Suerte es saber reconocer los errores y disponerse a corregirlos.
Suerte es ser humilde para admitir cuanto nos hace falta mejorar.
Suerte es tener la habilidad para reconocer la oportunidad en las circunstancias.
Actuar bien suele derivar en bienestar.
Hacer que las cosas sucedan. Actuar.
Pensar en las mejores opciones y ejercer la libertad de elección para llevarlas a cabo.
Esforzarse cada día en el logro de las metas que te has fijado. Si, es una suerte saber que el esfuerzo resulta en lo que los ignorantes y los envidiosos llaman mera suerte.

¿De qué depende mi futuro?

El matemático ruso del siglo XIX Andrei Markóv escribió: “El futuro depende del presente y es independiente del pasado”. Frase que invita a la reflexión.
Nuestro pasado es una construcción, hasta cierto punto, una serie de ideas basadas en recuerdos que se rigen por complicadas leyes de la percepción y la memoria. No es necesariamente cierto que las cosas ocurrieron como las recordamos. Nuestra percepción del pasado se ve alterada por muy diversos factores. En ese sentido es que el futuro es independiente del pasado.
Nuestro presente es el único momento en el que podemos tener poder para actuar. Y la verdad es que eso no es tampoco cierto absolutamente. Estamos, en ocasiones, ofuscados, enojados, tristes, en fin: inundados por emociones que de cierto modo limitan nuestro poder en el presente. Sin embargo, sí es lo único que realmente tenemos.
Nuestro futuro se está construyendo, al menos en parte, por las acciones que tomemos hoy. Cada acto y cada palabra irán modelando lo que será nuestro futuro.
En base a esto, es importante tomarse muy en serio lo que estamos haciendo. Las consecuencias de nuestras acciones llegarán a nuestra vida, tarde o temprano.
Ya lo dijo el poeta Emerson: “la naturaleza no se equivoca, lo que siembras, cosechas”.

Hasta pronto amiga

Sea este mi humilde homenaje a una mujer excepcional, a quién tuve el privilegio de conocer hace muchos años. Nuestro primer encuentro fue como alumna de un curso: su interés en aprender, su alegría y su constancia destacaban. Con el paso de los años organizamos un grupo en el que ella, siempre puntual participó convirtiéndose en el corazón del mismo: nos hicimos amigas.
Yo aprendí mucho más de ella, estoy segura, de lo que pude haberle enseñado. Estas son algunas de las muchas lecciones que mi querida, inolvidable Claudia me deja:
* Siempre hay que regalar sonrisas a quiénes están cerca de ti.
* Tenemos mucho que aprender y no debemos dejar de estudiar ni un día.
* Arréglate y ponte guapa, es una modo más de celebrar la vida.
* A pesar de la enfermedad y del dolor tenemos que reírnos, ser generosas, espontáneas, juntar a las amigas, divertirnos.
* El amor que das a lo largo de tu vida se queda, se queda para siempre.
Claudia querida: no te has ido. Te quedas en el amor que nos diste, en tus expresiones de alegría, en tu valentía y en tanto que tenemos todos de aprender de ti. Gracias Claudia, por tanto que recibí de ti, de modo gratuito, generoso, como fue tu inmenso corazón.

¿Para qué ir a psicoanálisis?

Vivir es difícil. Convivir es complicado. Los impactos de pasar de una etapa de desarrollo a otra son muchos. Dejar la infancia, atravesar por la adolescencia, establecer una relación de pareja, obtener logros, fracasar, experimentar el dolor de personas a las que amamos: estas y muchas otras situaciones pueden y deben ser elaboradas. Entendidas, trabajadas, simbolizadas. Si no lo hacemos, se van acumulando, nos vamos resistiendo, podemos deprimirnos o desarrollar síntomas que son señales de que necesitamos una adecuada elaboración. El psicoanálisis es el espacio para ser escuchados objetivamente. Para poder digerir, rumiar, pensar, masticar esas situaciones y ponerles nombre, acomodarlas, ordenarlas. Cuando lo hacemos, logramos ser menos impulsivos, menos acomplejados, y, especialmente, adquirimos mayor responsabilidad sobre nuestros actos. Este y muchos otros argumentos explicaré en la conferencia que estaré ofreciendo, gracias a la invitación de la Asociación Psicoanalítica Mexicana en “El Péndulo” de Álvaro Obregón, Col. Roma, el martes 25 de abril a las 7:30 pm. La entrada es libre. Te espero.

Pendulo

Les tengo miedo a mis hijos

Recibo un sinnúmero de correos en los que el motivo central de consulta es el temor a los hijos, especialmente si estos son ya adultos. Tenemos miedo de que nos contesten mal, que sean groseros, que se vayan de la casa y de que nos dejen de querer. Desde ese lugar, nuestras respuestas a sus comportamientos indebidos e irrespetuosos son débiles, frágiles, sin fuerza.

Estas respuestas hacen que nos falten aun más al respeto. Si tu temor es que te dejen de querer te aseguro que mientras menos te respeten menos te quieren.

Nuestra responsabilidad para con los hijos es educarlos y ayudarlos en el camino de ser independientes: que logren mantenerse a sí mismos y ser autónomos. Toda sobreprotección es agresiva porque se limita la capacidad del que la recibe para desarrollar sus potencialidades.

Los límites deben ser expresados en voz alta, deben ser muy concretos y puntuales y se deben de cumplir. Si amenazas con hacer algo que no estás dispuesta a cumplir simplemente el hijo te toma la medida y desarrolla una sordera ante tus palabras. Si gritas estás autorizando ese modo de comunicación.

Atrévete a exigir respeto, y comienza por darlo.

Rendirse o persistir

Estoy convencida que vale la pena correr el riesgo de aventurarse a intentar conseguir aquello que deseamos. Ciertamente, sin saber que se desea es imposible lograrlo. Reflexionar sobre nuestras prioridades y jerarquizarlas. Saber bien que deseo. Y saber que tendré que pagar un precio por ello.

Arriesgarse a trabajar para aumentar nuestra calidad de vida. Si esto implica enfrentarnos con nuestras incapacidades, con nuestra ignorancia y nuestra debilidad: adelante. Atrevernos a luchar por lo que anhelamos. Y persistir: nunca rendirse. Seguir intentando cada día, avanzar para conquistar nuestros sueños.

Arriesgarse a encontrar una pareja, a cambiar una carrera, a mejorar nuestra salud con una dieta, a iniciar un programa de ejercicio, a aprender algo nuevo, a pedir perdón, a decir te quiero. Arriesgarse, especialmente, a amar. Con toda el alma. No se puede correr un riesgo mayor, sin embargo, el peligro de no correrlo es inmenso, el resultado será la depresión.