¿Víctima de abuso emocional?

Con frecuencia escucho relatos de  mujeres que viven una situación de matrimonio en la que ellos son los dueños del dinero, -ya sea porque lo heredaron o porque lo generan con su trabajo- y ellas no son dueñas de nada. No tienen una cuenta en el banco, una tarjeta de crédito propia o una propiedad. La casa está a nombre del marido y ella se ha pasado la vida criando hijos, cuidando que haya comida, ropa limpia y creando un ambiente de hogar.

Ellas dejaron su carrera profesional de lado, o no la ejercieron nunca, no trabajaron fuera de casa y al paso de los años… los hijos ya se fueron o están por irse. El resentimiento contra ese hombre es peligroso. Y en ocasiones, además, ellos despliegan un comportamiento abusivo verbal o físicamente.

Ellas están desesperadas. Angustiadas ante la tremenda dependencia económica, asustadas ante un futuro en el que sólo encuentran desilusión y soledad.

Sé que esta situación en ocasiones es al revés: la mujer es la proveedora y el hombre es el que se ha quedado cuidando a los hijos. La escribo en femenino sólo porque es el caso más recurrente.

¿Qué hacer?. He aquí algunas sugerencias:

  1. Si eres prisionera debes fortalecerte mientras sigas ahí. Cuida tu salud, empieza a generar dinero de inmediato, enriquece tu acervo cultural, desarrolla tus potenciales, adquiere herramientas de trabajo y planea cuidadosamente tu futuro económico dentro de los límites que tienes.
  2. Reconoce que el acuerdo, bueno, regular o malo, lo aceptaste tú. Reconoce que has descuidado el área productiva en el sentido económico y que de eso, tu marido no es el responsable.
  3. Mientras sigas con él, procura entender tu relación e incluso mejorarla. Diferenciar entre las situaciones de las que él es responsable y de las que tú eres la responsable.
  4. Trabaja en tu persona. Acceder a un psicoanalista respetable puede ser la piedra de toque que te ayude a reconocer que el otro sólo abusa de quién se deja abusar. Un tratamiento serio puede ser fundamental para que te prepares para el futuro.

Nadie abusa de quien no se permite ser abusado.

¿Víctima de abuso emocional?

Con frecuencia escucho relatos de  mujeres que viven una situación de matrimonio en la que ellos son los dueños del dinero, -ya sea porque lo heredaron o porque lo generan con su trabajo- y ellas no son dueñas de nada. No tienen una cuenta en el banco, una tarjeta de crédito propia o una propiedad. La casa está a nombre del marido y ella se ha pasado la vida criando hijos, cuidando que haya comida, ropa limpia y creando un ambiente de hogar.

Ellas dejaron su carrera profesional de lado, o no la ejercieron nunca, no trabajaron fuera de casa y al paso de los años… los hijos ya se fueron o están por irse. El resentimiento contra ese hombre es peligroso. Y en ocasiones, además, ellos despliegan un comportamiento abusivo verbal o físicamente.

Ellas están desesperadas. Angustiadas ante la tremenda dependencia económica, asustadas ante un futuro en el que sólo encuentran desilusión y soledad.

Sé que esta situación en ocasiones es al revés: la mujer es la proveedora y el hombre es el que se ha quedado cuidando a los hijos. La escribo en femenino sólo porque es el caso más recurrente.

¿Qué hacer?. He aquí algunas sugerencias:

  1. Si eres prisionera debes fortalecerte mientras sigas ahí. Cuida tu salud, empieza a generar dinero de inmediato, enriquece tu acervo cultural, desarrolla tus potenciales, adquiere herramientas de trabajo y planea cuidadosamente tu futuro económico dentro de los límites que tienes.
  2. Reconoce que el acuerdo, bueno, regular o malo, lo aceptaste tú. Reconoce que has descuidado el área productiva en el sentido económico y que de eso, tu marido no es el responsable.
  3. Mientras sigas con él, procura entender tu relación e incluso mejorarla. Diferenciar entre las situaciones de las que él es responsable y de las que tú eres la responsable.
  4. Trabaja en tu persona. Acceder a un psicoanalista respetable puede ser la piedra de toque que te ayude a reconocer que el otro sólo abusa de quién se deja abusar. Un tratamiento serio puede ser fundamental para que te prepares para el futuro.

Nadie abusa de quien no se permite ser abusado.

¿Envidia de la buena?

Un modo más de defendernos del sentimiento de la envidia es decir: te tengo envidia, pero es de la buena. Nos encanta minimizar los sentimientos destructivos e incluso negarlos.

Todas las personas sentimos envidia, y más de una vez por día. Mucho más. No hay ni buena ni mala. Bueno o malo lo que haga con mi envidia.

La envidia es un sentimiento incómodo, desagradable, que nos hace sufrir y padecer mucho. Significa desear aquello que el otro tiene y de paso, desear que desaparezca o se destruya ese otro que se convierte en un espejo que me hace ver mi carencia o deficiencia.

Para defendernos de sentirla usamos diversas estrategias, la importante autora y psicoanalista Melanie Klein lo describe magistralmente en su texto Envidia y gratitud. Una de ellas es devaluar al otro que nos despierta la envidia, por ejemplo decimos: “si está muy guapa pero está toda operada”. Otra estrategia muy utilizada es la de despertar la envidia de los otros para así dejar de sentirla. Entonces cuando por ejemplo, en un grupo, alguien está siendo admirada respondemos señalando algo que nosotros sí tenemos que el otro no tiene.

Desde mi punto de vista, una señal de madurez es abrirse a reconocer lo bueno en los otros, aunque yo no lo tenga, ser capaz de admirar, de elogiar sinceramente y en todo caso, de aprender y disfrutar de eso que puede despertar mi envidia. La gratitud por lo que si tenemos puede ayudarnos mucho.

¿Me prestas dinero?

¿Qué ocurre en un individuo que se ve obligado a pedir prestado? ¿Que sentimos cuando se nos acerca alguien a pedirnos prestado?  ¿Se debe pedir? ¿Se debe prestar? ¿Cómo negarse a prestar?

En cada caso, es necesario tomar en cuenta lo siguiente:

  1. ¿Es una conducta habitual en quién te está pidiendo prestado?. Si es alguien que ha acumulado deudas con muchas personas y que sigue sosteniendo un nivel de vida que no le corresponde… podemos inferir que es su estilo de vida. Un estilo de vida en el que no se acepta la realidad. Aceptar mi realidad significa reconocer que si genero 10 al mes debo vivir con 8 o con 9 o con 10… pero no con 14 o 16. Aceptar mi realidad es reconocer que NO puedo tener ese viaje, ese vestido, ese auto, esa universidad para mis hijos…
  2. ¿ Debes hacerte responsable de la incapacidad para reconocer los límites del otro?Si una persona no ha podido ajustarse a su realidad económica, necesita ayuda profesional. Esto significa que muy probablemente no se ajuste ni reconozca su realidad en otros aspectos. Salud mental implica reconocer y aceptar la realidad tal cual es.
  3. ¿Es una petición inusual, una emergencia? Esta es una situación bien diferente, en donde cabe la posibilidad de pensar más si queremos REGALAR parte o todo lo que nos piden. Pero no prestar.
  4. Cuando sientas deseos de ayudar al que te pide prestado toma en consideración que si necesita ayuda en psicoterapia tu préstamo va a colocar al otro en una posición muy incómoda.  Le vas a ayudar más si le regalas unas sesiones para que inicie un tratamiento con un profesional. No te vas a enojar cuando no te pague.

Es un tema muy complejo que nos permite pensar en que cada uno de nosotros debe asumir su realidad, ajustar el estilo de vida a lo que pueda generar y no hacer sentir culpable al otro, manipulándolo para que se haga cargo de lo que yo he sido incapaz de asumir.

Humildad para aprender

Las posibilidades para aprender están a nuestro alcance cada día. Las oportunidades son infinitas. Cada persona tiene algo que enseñarnos. Y especialmente cada situación que se nos presenta, especialmente si es dolorosa.

Es cierto, el sufrimiento es un gran maestro. El sentimiento de tristeza nos obliga a reflexionar. Cuando nos sentimos así, volvemos la mirada hacia nosotros y nos damos cuenta de lo que es verdaderamente importante.

El dolor es una especie de semáforo en rojo que nos advierte: deja de hacer  tal o cual cosa, cambia de rumbo, adquiere mejores hábitos, aprende a callar, etc. El dolor nos avisa sobre lo que no estamos haciendo bien.

Es mucho mejor dejarse vencer. Llorar, lamentarse en lo íntimo (los demás no tienen porqué cargar con nuestras penas), poner un alto y ser humildes para reconocer nuestros errores, aprender de ellos y mejorar.

De tal modo que logremos transformar al dolor en una oportunidad para crecer. Si lo negamos sólo lograremos aumentar el sufrimiento. Si lo reconocemos podemos hacer algo productivo de ese dolor.

La decisión de cuidar una relación

Muchos de nosotros crecimos con la falsa idea de que un día encontraríamos al “amor de la vida” y que entonces sería fácil amar y ser amado. Y no sólo eso, la vida sería entonces cómoda y sin problemas.

El mito del amor romántico puede hacer mucho daño. La verdad es que estar con una pareja y comprometerse a amarla es una decisión. Una decisión que debe tomarse con el mayor sentido de la realidad.

Nadie puede hacerse cargo de nosotros. Nadie puede ser responsable de nuestra felicidad, o pagar el precio de nuestros errores. Una pareja puede acompañarnos, a veces, puede escucharnos, a veces. Puede apoyarnos, a veces. Pero no puede resolvernos la vida ni reparar nuestros déficits emocionales. Eso sólo lo podemos hacer cada uno de nosotros.

El estereotipo del salvador suele lastimar mucho a una relación, ya que como es imposible cumplirlo, uno de los dos miembros de la pareja, o los dos, pueden sentirse defraudados cuando en realidad, estaban esperando algo que no existe.

Se debe amar lo real, lo que si es y apreciar lo que mi pareja si me puede dar, sin exigir lo imposible.

Mi hijo pequeño llora mucho

Si te ocurre que tu hijo pequeño llora mucho cuando te vas o lo dejas al cuidado de alguien más puede ser que esté angustiado y que le esté haciendo falta un poco más de tu presencia. De una presencia disponible. Los niños pequeños no tienen recursos lingüísticos suficientes como para indicarte con palabras lo que le está ocurriendo.

Los niños pequeños no pueden medir el tiempo como lo hacemos los adultos, ni tener la certeza de que su mamá regresará. Hacer rutinas, estar con él cuando podemos estar, pero de verdad estar: esto significa no estar checando el correo, el teléfono, estar nerviosas pensando en nuestros pendientes de mujeres adultas. Estar con nuestro hijo implica dejar de lado nuestro mundo de preocupaciones y disfrutar de su presencia, enseñarle las cosas de su entorno, cantar, jugar, abrazar, reírse. Asegurarle que cuenta con nosotros y que somos capaces de contener sus emociones. Lo mismo si por las noches se levanta o no logra dormirse: algo le está haciendo falta en el sentido del apapacho, de la seguridad que sólo su mamá le puede dar.

Es pequeño y pronto crecerá. El abrazo estrecho, el cariño sin preocupaciones, jugar con verdadero interés en él son tus mejores inversiones para que crezca seguro, nunca te vas arrepentir del cariño invertido en él.

Que te sienta tranquila, feliz, disponible para él es el mejor regalo que puedes darle a él y a ti misma.