Di Vagando

Les comparto con mucho orgullo mi participación del día de hoy en el periódico El Heraldo, en la columna Di Vagando: Psicoanálisis para todos, en la que estaré participando continuamente al lado de colegas muy profesionales.

La columna saldrá todos los viernes.

Hay también un video en Youtube de un minuto de duración.

Da click en las siguientes ligas y/o compra la edición de hoy de El Heraldo. Espero tus comentarios:¿Para qué ir a psicoanálisis?

http://bit.ly/2MU5Joj

 

 

Sobreprotección y abuso

Dos caras de la misma moneda. Una persona está a la disposición de la otra, le resuelve sus necesidades aun antes de que las exprese. Le adivina el pensamiento. Teme el enojo, la indiferencia, el abandono o el resentimiento que pueda generarse si no le concede el capricho que desea.

La otra, pide indiscriminadamente: tiempo, tolerancia, dinero, favores, comida, cualesquier cosa que se le ocurre y en caso de no recibir lo que solicita de manera inmediata responderá con enojo, ira, berrinche, indiferencia, displicencia, amenazas de abandono o simplemente un silencio que puede resultar aterrador.

Más sobreproteges, mas abusan de ti.

Más toleras más abusan.

¿El resultado? Dolor, tristeza, depresión, enojo, carencias para el que sobre protege. Indiferencia, poca consideración, soberbia, poca empatía y si, además, enojo y desprecio para el sobre protector.

Lo correcto es lograr relaciones en las que no haya ni sobreprotección, ni abuso. No es fácil cuando ha sido el hábito desde mucho tiempo atrás. Pero siempre es un buen momento para dejarlo. Nadie respeta a quién no se respeta a si mismo.

Sobrevivir o Vivir

Hay una enorme diferencia entre sobrevivir o vivir. Cuando estamos atravesando por momentos especialmente dolorosos solemos sobrevivir. En medio del duelo y la tormenta apenas quedan fuerzas. Es heroico sobrevivir. Es indispensable hacerlo.

Cuando el impacto del dolor va disminuyendo, especialmente si lo elaboramos adecuadamente, cuando nos decidimos a enfrentar plenamente las consecuencias de nuestros actos y asumimos la responsabilidad de nuestras vidas, entonces vivimos.

Vivir en verdad es una cuestión de compromiso. Un compromiso absoluto con nosotros mismos: de decirnos la verdad, de separar lo que es nuestro y lo que es del otro, de responsabilizarnos por cada elección conociendo y reconociendo los efectos de lo que hacemos, de lo que dejamos de hacer, de lo que decimos y de lo que callamos. Es poner límites a los otros y no permitir de ninguna manera el maltrato. Es saber comunicar asertivamente lo que no nos parece. Es también ser amables con los demás, ser considerados hacia lo que el otro piensa, lo que siente, su propia historia y sus propias limitaciones. Es perdonarnos por nuestros errores con la franca intención de corregirlos.

Vivir en verdad requiere disciplina, trabajo personal. Y sobre todo, aprender a amar. Querernos y saber querer, que no significa decir “te quiero” sino actuar desde un lugar de profundo respeto a los seres vivos. A todos. A veces estamos en “modo supervivencia”, y con mucho trabajo, esfuerzo, honestidad y disciplina, a veces podemos vivir realmente y asombrarnos ante el privilegio de estar vivos.

¿Víctima de abuso emocional?

Con frecuencia escucho relatos de  mujeres que viven una situación de matrimonio en la que ellos son los dueños del dinero, -ya sea porque lo heredaron o porque lo generan con su trabajo- y ellas no son dueñas de nada. No tienen una cuenta en el banco, una tarjeta de crédito propia o una propiedad. La casa está a nombre del marido y ella se ha pasado la vida criando hijos, cuidando que haya comida, ropa limpia y creando un ambiente de hogar.

Ellas dejaron su carrera profesional de lado, o no la ejercieron nunca, no trabajaron fuera de casa y al paso de los años… los hijos ya se fueron o están por irse. El resentimiento contra ese hombre es peligroso. Y en ocasiones, además, ellos despliegan un comportamiento abusivo verbal o físicamente.

Ellas están desesperadas. Angustiadas ante la tremenda dependencia económica, asustadas ante un futuro en el que sólo encuentran desilusión y soledad.

Sé que esta situación en ocasiones es al revés: la mujer es la proveedora y el hombre es el que se ha quedado cuidando a los hijos. La escribo en femenino sólo porque es el caso más recurrente.

¿Qué hacer?. He aquí algunas sugerencias:

  1. Si eres prisionera debes fortalecerte mientras sigas ahí. Cuida tu salud, empieza a generar dinero de inmediato, enriquece tu acervo cultural, desarrolla tus potenciales, adquiere herramientas de trabajo y planea cuidadosamente tu futuro económico dentro de los límites que tienes.
  2. Reconoce que el acuerdo, bueno, regular o malo, lo aceptaste tú. Reconoce que has descuidado el área productiva en el sentido económico y que de eso, tu marido no es el responsable.
  3. Mientras sigas con él, procura entender tu relación e incluso mejorarla. Diferenciar entre las situaciones de las que él es responsable y de las que tú eres la responsable.
  4. Trabaja en tu persona. Acceder a un psicoanalista respetable puede ser la piedra de toque que te ayude a reconocer que el otro sólo abusa de quién se deja abusar. Un tratamiento serio puede ser fundamental para que te prepares para el futuro.

Nadie abusa de quien no se permite ser abusado.

¿Víctima de abuso emocional?

Con frecuencia escucho relatos de  mujeres que viven una situación de matrimonio en la que ellos son los dueños del dinero, -ya sea porque lo heredaron o porque lo generan con su trabajo- y ellas no son dueñas de nada. No tienen una cuenta en el banco, una tarjeta de crédito propia o una propiedad. La casa está a nombre del marido y ella se ha pasado la vida criando hijos, cuidando que haya comida, ropa limpia y creando un ambiente de hogar.

Ellas dejaron su carrera profesional de lado, o no la ejercieron nunca, no trabajaron fuera de casa y al paso de los años… los hijos ya se fueron o están por irse. El resentimiento contra ese hombre es peligroso. Y en ocasiones, además, ellos despliegan un comportamiento abusivo verbal o físicamente.

Ellas están desesperadas. Angustiadas ante la tremenda dependencia económica, asustadas ante un futuro en el que sólo encuentran desilusión y soledad.

Sé que esta situación en ocasiones es al revés: la mujer es la proveedora y el hombre es el que se ha quedado cuidando a los hijos. La escribo en femenino sólo porque es el caso más recurrente.

¿Qué hacer?. He aquí algunas sugerencias:

  1. Si eres prisionera debes fortalecerte mientras sigas ahí. Cuida tu salud, empieza a generar dinero de inmediato, enriquece tu acervo cultural, desarrolla tus potenciales, adquiere herramientas de trabajo y planea cuidadosamente tu futuro económico dentro de los límites que tienes.
  2. Reconoce que el acuerdo, bueno, regular o malo, lo aceptaste tú. Reconoce que has descuidado el área productiva en el sentido económico y que de eso, tu marido no es el responsable.
  3. Mientras sigas con él, procura entender tu relación e incluso mejorarla. Diferenciar entre las situaciones de las que él es responsable y de las que tú eres la responsable.
  4. Trabaja en tu persona. Acceder a un psicoanalista respetable puede ser la piedra de toque que te ayude a reconocer que el otro sólo abusa de quién se deja abusar. Un tratamiento serio puede ser fundamental para que te prepares para el futuro.

Nadie abusa de quien no se permite ser abusado.

¿Envidia de la buena?

Un modo más de defendernos del sentimiento de la envidia es decir: te tengo envidia, pero es de la buena. Nos encanta minimizar los sentimientos destructivos e incluso negarlos.

Todas las personas sentimos envidia, y más de una vez por día. Mucho más. No hay ni buena ni mala. Bueno o malo lo que haga con mi envidia.

La envidia es un sentimiento incómodo, desagradable, que nos hace sufrir y padecer mucho. Significa desear aquello que el otro tiene y de paso, desear que desaparezca o se destruya ese otro que se convierte en un espejo que me hace ver mi carencia o deficiencia.

Para defendernos de sentirla usamos diversas estrategias, la importante autora y psicoanalista Melanie Klein lo describe magistralmente en su texto Envidia y gratitud. Una de ellas es devaluar al otro que nos despierta la envidia, por ejemplo decimos: “si está muy guapa pero está toda operada”. Otra estrategia muy utilizada es la de despertar la envidia de los otros para así dejar de sentirla. Entonces cuando por ejemplo, en un grupo, alguien está siendo admirada respondemos señalando algo que nosotros sí tenemos que el otro no tiene.

Desde mi punto de vista, una señal de madurez es abrirse a reconocer lo bueno en los otros, aunque yo no lo tenga, ser capaz de admirar, de elogiar sinceramente y en todo caso, de aprender y disfrutar de eso que puede despertar mi envidia. La gratitud por lo que si tenemos puede ayudarnos mucho.

¿Me prestas dinero?

¿Qué ocurre en un individuo que se ve obligado a pedir prestado? ¿Que sentimos cuando se nos acerca alguien a pedirnos prestado?  ¿Se debe pedir? ¿Se debe prestar? ¿Cómo negarse a prestar?

En cada caso, es necesario tomar en cuenta lo siguiente:

  1. ¿Es una conducta habitual en quién te está pidiendo prestado?. Si es alguien que ha acumulado deudas con muchas personas y que sigue sosteniendo un nivel de vida que no le corresponde… podemos inferir que es su estilo de vida. Un estilo de vida en el que no se acepta la realidad. Aceptar mi realidad significa reconocer que si genero 10 al mes debo vivir con 8 o con 9 o con 10… pero no con 14 o 16. Aceptar mi realidad es reconocer que NO puedo tener ese viaje, ese vestido, ese auto, esa universidad para mis hijos…
  2. ¿ Debes hacerte responsable de la incapacidad para reconocer los límites del otro?Si una persona no ha podido ajustarse a su realidad económica, necesita ayuda profesional. Esto significa que muy probablemente no se ajuste ni reconozca su realidad en otros aspectos. Salud mental implica reconocer y aceptar la realidad tal cual es.
  3. ¿Es una petición inusual, una emergencia? Esta es una situación bien diferente, en donde cabe la posibilidad de pensar más si queremos REGALAR parte o todo lo que nos piden. Pero no prestar.
  4. Cuando sientas deseos de ayudar al que te pide prestado toma en consideración que si necesita ayuda en psicoterapia tu préstamo va a colocar al otro en una posición muy incómoda.  Le vas a ayudar más si le regalas unas sesiones para que inicie un tratamiento con un profesional. No te vas a enojar cuando no te pague.

Es un tema muy complejo que nos permite pensar en que cada uno de nosotros debe asumir su realidad, ajustar el estilo de vida a lo que pueda generar y no hacer sentir culpable al otro, manipulándolo para que se haga cargo de lo que yo he sido incapaz de asumir.