Con olor a secreto

Hay mujeres muy valientes, como Marica, la protagonista de una historia relatada magistralmente por otra mujer valiente: Patricia Ortíz Herrejón quien en su novela Con olor a secreto devela un secreto largamente guardado, por generaciones, en un familia.

Marica es maltratada por su orientación sexual. Confinada a un convento y despojada de su bebé. Los avatares de un destino entre prejuicios e hipocresías nos invitan a pensar.

Si, es cierto, en todas las familias hay secretos, hay chivos expiatorios que con un inmenso dolor psíquico pagan su independencia, su autonomía, su libertad.

El gran maestro Freud señala que de no apalabrar lo que acontece, la conducta o el cuerpo lo expresarán. Los secretos lastiman profundamente, porque separan, alejan, nos dejan un sabor a desconfianza, a miedo. Cada miembro de la familia tiene el derecho a conocer la novela familiar. De conocerla, podrá entenderse, explicarse, sentir la pertenencia a un grupo, re conocerse y sobre todo amarse.

Hay que leer Con olor a secreto, historia apasionante de una muy interesante familia.

La Mexicana: un oasis en el desierto

Muchos días esperando para conocer Mi parque La Mexicana: ubicado en Santa Fé, en la Ciudad de México. Por fin, gracias a un día de descanso, accedí a este acogedor lugar. Espacio para correr, para caminar, para sentarse a leer en una banca, parque para niños, para patinetas, fuentes, césped bien cuidado, cafeterías, restaurantes, servicios limpios, estacionamiento.

Una delicia para pasear. Darse una pausa de las actividades cotidianas para pasar una mañana, una tarde, un día. Todo limpio, ordenado, cuidado. Un refugio para pensar.

Si necesitas una tregua, el Parque La Mexicana puede ser el lugar perfecto. Un paseo solitario, acompañado por tus pensamientos, pueden ser los remedios mejores para tomarse el tiempo para decidir a quienes les firmamos sí, y a quienes les firmamos no. Decisión fundamental para aprovechar de nuestro tiempo, que es nuestra vida.

 

Padres sobre protectores

La sobreprotección es una forma de agresión: en el fondo es decirle a nuestro hijo que no confiamos en sus capacidades para resolver sus conflictos y lograr una verdadera autonomía. Recordemos que el logro de la parentalidad es que los hijos logren ser independientes y hacerse cargo de sus propias necesidades.

Es muy lindo sentir que somos indispensables, es muy gratificante saber que somos necesarios, útiles, importantes. Cuando surge la sensación de “nadie me necesita” podemos sentir tristeza, angustia, ansiedad, incluso depresión. Pero la verdad es que nadie somos indispensables e incluso que en ocasiones nos convertimos en un estorbo para el desarrollo de un hijo adulto.

Es necesario reflexionar mucho sobre los motivos que nos hacen sobre proteger a un hijo e impedir su crecimiento: ¿culpa, miedo al conflicto, temor a que no nos quiera?. El peligro grave es que ese hijo no desarrolle sus potenciales por estar demasiado cómodo, por no necesitar hacerlo.

¿Será que no queremos renunciar a ser tan importantes para alguien?

Humilde homenaje a Amos Oz

“El único viaje del que no se vuelve con las manos vacías es el interior. En el interior no hay fronteras ni aranceles, se puede llegar hasta las estrellas más lejanas. O ir a lugares que ya no existen y visitar a personas que ya no están”. Esta es sólo una de las tantas reflexiones del gran escritor Amos Oz, quién falleció ayer.

Su novela “Una historia de amor y oscuridad” me cambió para siempre la vida. Un hombre que vivió el suicidio de su amada madre. Un hijo único que creció entre libros. Un hombre profundamente sensible que dedicó tanto a la paz entre las personas y las naciones. Un alma ejemplar.

Su muerte: una pérdida para la humanidad. Su vida y su obra: un regalo precioso para quién sepa apreciarlo.

Roma: amor que duele

Mucho se puede pensar al rededor de la película Roma. Se trata de mujeres, de hombres, de la infancia perdida, del México de entonces, pero sobre todo del amor. Del amor de Cleo. En todos los grupos hay una persona que se ofrece, de modo inconsciente, al sacrificio. Su sensibilidad hace que ofrezca su vida, su salud, sus posibles logros para “absorber” el dolor de los demás. Y se inmola.

En la película de Cuarón, podemos observar como el peligro de la muerte está presente todo el tiempo: los niños juegan a estar muertos, el hermano mayor avienta una piedra al menor y la abuela dice -“podrías haberlo  matado”, luego en el incendio del rancho, después en la escena de la playa. A pesar de todos los peligros hay sólo una persona de ese grupo que muere: la bebé de Cleo.

Es Cleo la que carga con la muerte. A veces actuamos así: por amor al otro hacemos sacrificios que nos cuestan la vida. En ocasiones, cuando vemos sufrir a aquellos que amamos, preferimos sabotear nuestra felicidad, nuestra posibilidad de alcanzar lo bueno, otorgando una especie de recompensa al otro. Para que ustedes, familia, no sufran, me provoco un dolor mayor, así, los libero de su dolor.

En cada familia podemos encontrar a ese, al que se ofrece, y se sacrifica por los otros. Es extraño, pero así ocurre. Claro que mientras menos consciente es una situación, la gravedad aumenta.

 

De lo que te pierdes, por envidiosa

Cuando la envidia se apodera de nosotras, actuamos de modo agresivo, negativo, atacando a la persona que nos ha despertado la envidia. Y lo que logramos con esta actitud es perdernos de lo bueno que esa persona podía ofrecernos. Es decir, que si soy capaz de transformar mi envidia, seré capaz de reconocer que necesito trabajar en mi persona, que necesito ser humilde y reconocer que no tengo todo, ni podré tenerlo nunca y que es mejor disfrutar de lo bueno que los demás pueden brindarnos.

Recordemos que sentimos envidia cuando deseamos eso que la otra persona tiene y en todo caso deseamos destruirla con tal de que no nos ponga frente a nosotros la prueba de nuestra carencia.

Recordemos que no hay obstáculo mayor al crecimiento que estar invadidas por la envidia y que esa envidia nos impide pensar, relacionarnos, compartir y crecer.

Reconoce que no es posible tenerlo todo. Reconoce que desde la humildad aquel que tiene más que tú (cultura, dinero, buen gusto, relaciones, etc.) puede compartirlo contigo, pero si tu reacción es de odio, maltrato o devaluación a causa de tu envidia, te vas a perder de mucho en la vida.