Enfoca tu atención en lo bueno

Nuestro cerebro funciona como velcro para lo negativo y como teflón para lo positivo. A lo malo le damos vueltas, volvemos sobre ello, nos la pasamos rumiando. Pero para todo lo bueno solemos darlo por hecho, no lo agradecemos, se nos olvida registrarlo.

Las cosas buenas de todos los días pueden parecer menores, pero no lo son. A veces las vemos pero no las sentimos. Reconocer lo delicioso que puede ser pasar agua por la garganta, tener oportunidad de aprender algo nuevo, sentir la suavidad del pelaje de un gatito, sabernos queridos por un amigo, todas cosas positivas que no nos detenemos a contemplar.

Y las malas experiencias…casi todas pueden ser una gran fuente de aprendizaje. Nos hacen más sabios, más fuertes, más alertas. Y en ocasiones, eso que parece tan malo es justamente lo que nos hacía falta para ver con claridad algo que hemos estado negando.

Sé bueno contigo

Tratarnos bien a nosotros mismos suele ser difícil. Esto puede deberse a que creciste sintiendo que merecías menos que los demás o a que creas que no mereces ser feliz.

Hay muchos modos en los que nos maltratamos: uno de ellos es no expresando a los demás lo que en verdad necesitamos, otro es siendo muy duros con nosotros mismos en juicios, otra es no descansar lo suficiente, otra más es resignarte en tu dolor y dejar de luchar por salir del mismo, la lista es grande.

Es imposible que ayudes a otros si no empiezas por tu propia persona.

Pregúntate varias veces al día, especialmente cuando te sientas enojado, incómodo o irritado por estar haciendo algo que no quieres hacer: ¿estoy de mi lado o del lado del otro?, ¿estoy luchando por mis propios y genuinos intereses? y después de responder a estas preguntas trae a tu mente a una persona a la que realmente le importas y piensa que opinaría de lo que estás haciendo. Además, piensa con cariño y ternura en ti. Respira profundo y piensa en ti cuando eras niño y promete cuidarte mejor en adelante.

Un nuevo año: nuevas oportunidades

Realmente a cada día, a cada instante, se nos ofrece una nueva oportunidad. Pero a los humanos nos gustan las fechas, los datos, los registros.

Estamos a unos días de comenzar el 2018. Y podemos tomarlo como una nueva oportunidad, para ser mejores personas, para vivir con mayor conciencia, para aprovechar nuestro tiempo.

Cada uno sabemos cuales han sido nuestros mayores fallos. Cada uno sabemos los pendientes que tenemos.  Así que cada uno sabemos por donde recomenzar.

Vivir cada día como si fuera el último y vivir cada día previendo nuestro futuro.

Ordenar nuestro espacio y nuestras actividades para vivir con mayor tranquilidad: sin prisas.

Reflexionar en que tenemos una sola vida, que es finita, que es difícil y también espectacularmente bella y asombrosa si dejamos que cada quién se haga cargo de sí mismo y de las consecuencias de sus actos y nos hacemos cargo de lo propio, sin pretextos.

Celebrar con entusiasmo

Mañana muchos de nosotros cenaremos con la familia. Otros celebrarán comiendo juntos el 25. Si es el caso, debemos reconocer que somos afortunados al tener el privilegio de compartir con las personas más queridas y cercanas a nosotros. Con nuestros compañeros en este viaje, breve, que es la vida.

El futuro no lo conocemos y el pasado ya se ha ido. Lo único que tenemos seguro es el presente. El ahora es el momento de reconocer lo que en verdad es importante.

El ahora también es un precioso tiempo para reflexionar sobre lo que ya no deseamos en nuestras vidas, aprovechar estos días en los que el año termina para ordenar lo que haya ordenar en nuestras vidas.

El ahora es una excelente oportunidad para apreciar lo bueno que si tenemos y dejar ir todo aquello que nos lastima, que usualmente son nuestras actitudes de derrota y desesperanza.

Seamos un ejemplo en estas fiestas, de tolerancia, de escucha, de simplicidad y de inteligencia para nuestros hijos, parejas, padres, madres y hermanos.

 

 

Nutrición emocional

Un bebé necesita nutrición emocional, un niño también. Un adolescente también y una persona adulta también así como un anciano. No hay una edad en la que podamos prescindir del afecto. Todos lo necesitamos y mucho. No podemos esperar recibir afecto si no pensamos en el otro. El otro puede ser tu hijo, tu amigo, tu madre, tu hermano, tu pareja. Cuando el cariño falta: falta todo.

Ser amables, considerados, detenernos a pensar en la persona que está mi lado y en la situación en la que se encuentra, las adversidades por las que puede estar pasando, la soledad que puede estar sintiendo, aquello que le preocupa o angustia, y sobre todo: escuchar, serán los antídotos contra la falta de cariño.

No dejes de intentar resolver los conflictos que puedas estar teniendo con esa persona porque la vida es muy breve y el tiempo es implacable. No te quejes ni culpes a los demás por lo que te ocurre. Mejor muéstrate alegre y generoso. El único recurso para eternizar el momento de compartir con las personas que amamos es apreciar el privilegio de tener a quién amar.

Cambios en la vida

En ocasiones la vida nos presenta cambios que nos cuesta mucho dolor aceptar. Quisiéramos que las cosas se queden como están porque así estamos ya acostumbrados o porque nos sentimos bien así. Pero no es posible que así sea. Lo único permanente es el cambio.

Tenemos que dejar atrás algunas cosas para poder seguir en la vida. Cambios en las relaciones, en el trabajo, en hábitos, en modos de vivir. Ya sea porque nos estamos haciendo daño o porque la vida nos lo impone.

Mientras más tardamos en aceptar el cambio más doloroso es el proceso. Adaptarse a lo nuevo e incluso anticiparse para tomar precauciones es fundamental. A cada etapa le corresponden ciertas acciones.

Lo importante es seguir en la vida: con vida. Es decir, no dejarse caer ante el miedo que el cambio naturalmente nos provoca. Seguir cuidándonos y aprender a disfrutar de cada situación, al fin y al cabo todas las situaciones tienen sus ventajas. Depende de nosotros el saber aprovecharlas.

Coco

¿En cuántas familias ha ocurrido algo parecido? Una madre se separa del padre y a partir de ese momento deja de hablar de él, o lo critica continuamente o prohibe de modo explícito o implícito el que el hijo quiera conocer su origen. A veces quien impone esas condiciones es el padre.

En la preciosa película “Coco” se maneja de manera precisa e inteligente el tema. La niña Coco crece sin su padre, que era músico y en las siguientes generaciones la música es algo prohibido.

Todos tenemos derecho a conocer nuestros orígenes. Es muy triste que un padre abandone a sus hijos. Tengo la convicción de que al final quien pierde más es ese padre que se va. Los hijos sobrevivimos y eventualmente logramos comprender.

Nadie la tiene fácil en una situación así. Ni la madre que se queda sola con la responsabilidad de los hijos, ni los hijos, ni el padre. Es muy importante no aumentar el sufrimiento sino disminuirlo haciendo uso de la perspectiva y del amor.

En todo caso, quedarse con los hijos es el mayor regalo que la vida nos puede dar. Y, como padre o madre, alejarse de ellos es una tragedia inmensa para quien lo hace.

En “Coco” además de disfrutar nuestra maravillosa tradición y nuestro encantador modo de vivir a la familia, encontramos una gran lección: todo hijo tiene derecho a seguir sus sueños. Seamos respetuosos con ellos.