Buena educación en WhatsApp

Es importante que al hacer uso de una herramienta de comunicación tan eficaz como es el WhatsApp tomemos en cuenta ciertos criterios de buena educación:
1. Nunca escribir groserías, insultos, agresiones. No discutir, declarar odios o molestias.
2. No esperar que porque el destinatario haya visto mi mensaje deba responder en ese momento. Los otros tienen sus tiempos y nadie está obligado a escribir en cuanto lee. Es agresivo insistir o enviar un signo de interrogación amedrentando al destinatario de tu mensaje.
3. No enviar todos los chistes, letreros, fotos, videos, mensajes filosóficos o de superación personal que te gusten. Elegir sólo lo mejor y no saturar a tus conocidos, amigos, pareja o familiares con lo que tu consideras maravilloso.
4. Seleccionar cuidadosamente lo que escribes en los grupos, mientras más específico y breve, mejor.
5. Escribir utilizando los signos correctos, sin faltas de ortografía y con palabras completas. Es de muy mal gusto y ofende a la vista leer expresiones siniestras que no comunican nada.
6. Recordar que todo lo que escribes puede ser utilizado por los demás y que no sólo lo leerá tu contacto sino que otras personas pueden tener acceso a ese teléfono y revisar lo que tu hayas escrito.
7. Terminar las conversaciones con una palabra o dos, no más.
8. Fijarse en el horario en el que envías un mensaje, antes de las 9 am y después de las 10 pm puede ser molesto para algunas personas.

Las herramientas no tienen moral: no son ni buenas ni malas. El uso que se hace de ellas puede ser a nuestro favor o en nuestra contra. Si lo que escribes comunica, acerca, informa, aclara y es positivo, es mejor.

Síndrome de Alienación Parental

Este síndrome, estudiado por el psiquiatra Richard Gardner en 1985 consiste en lo siguiente:
* Uno de los padres lleva a cabo una campaña de desprestigio en contra del otro progenitor. Para lograrlo, utiliza diversas técnicas como son ridiculizar los sentimientos de afecto del hijo por el progenitor alienado, premiar las conductas de rechazo a ese progenitor, aterrorizar al hijo con historias sobre ese progenitor, se presentan como víctimas ante los hijos, les dan información inapropiada e innecesaria sobre las causas del divorcio o separación. Estos son sólo algunos de los comportamientos que lleva a cabo el progenitor alienador.
* Ciertos efectos en los hijos que han sufrido el síndrome de alienación parental son: se vive una orfandad psíquica, siente un permanente conflicto de lealtades, se dan trastornos de sueño, padece un enorme temor a ser abandonado,se experimenta una gran dependencia hacia el progenitor alienador, se sufren trastornos de identidad y a largo plazo pueden padecer depresión crónica.

Es muy importante reconocer sí es que de una manera u otra estamos hablando mal del otro progenitor de nuestros hijos. Esto ocurre estando unidos o separados o divorciados. Ocurre incluso cuando ha fallecido alguno de los dos. Los daños son muy severos.

Suele darse como una venganza hacia el padre que se ha ido o que no brinda el sustento económico o hacia la madre que deja a los hijos por cualquier circunstancia.

Si te has quedado solo o sola con tus hijos, te invito a disfrutarlos, a amarlos, a asumir la responsabilidad y especialmente a no envenenar su corazón con estrategias manipuladoras que devendrán en profundo dolor para ellos.

El dolor del desorden

Cuando las cosas están ordenadas la vida resulta mucho mejor. Es más fácil resolver las cuestiones cotidianas. Saber que nos corresponde resolver y que asuntos no son nuestra responsabilidad. Poder utilizar el tiempo de manera adecuada, aprovechando nuestro tiempo.

En una familia el orden resulta fundamental. Los padres son los que deben tener la autoridad y la responsabilidad de cuidar, guiar y proteger a sus hijos mientras estos son pequeños. Cada miembro debe conocer su lugar. Los niños no tienen que cuidar a los padres.

Los hijos no son los terapeutas de sus madres ni de sus padres. Tampoco son sus amigos. Si una madre tiene problemas emocionales debe buscar ayuda profesional y no abrumar a sus hijos con lo que no ha logrado solucionar. Si una madre no tiene amigas no debe dejar de asumirse como madre y utilizar a su hija como la amiga que no ha logrado obtener.

Cuando los papeles se desordenan se presentan situaciones de gran dolor. Es importante cuestionarse sobre si estamos asumiendo el orden que corresponde a nuestro lugar en la familia y pensar si la situación dolorosa que se está viendo está relacionada con el desorden en los papeles de la familia.

Psicoterapia y prejuicios

Al rededor de la psicoterapia hay gran cantidad de prejuicios entre los cuáles he encontrado:¿porqué le voy a contar mis problemas a un extraño que nada sabe de mi?,¿acaso estoy tan mal que necesito ayuda? entre muchos otros. La respuesta para la primera pregunta es que precisamente por ser un extraño que está preparado para escuchar de manera objetiva. Para la segunda podemos argumentar que justamente cuando tomamos conciencia de la necesidad de ayuda es cuando empezamos a estar mejor. Quién no puede admitir su problema está absolutamente imposibilitado de abordarlo.

Ahora bien, en esta profesión podemos encontrarnos con aficionados que, sin  la preparación adecuada, intenten ejercer la psicoterapia. Debemos cuidarnos de no caer en manos poco profesionales. Para ello, es indispensable verificar que quién nos atienda cuente con una cédula profesional que lo autorice al ejercicio de su profesión. Todo paciente tiene el derecho a exigirla.

Procurarnos un espacio para pensar, para elaborar nuestra historia, para hablar sobre nuestras preocupaciones, nuestros temores y angustias nos facilitará el camino para conocernos, para ser más libres y tener mayor conciencia para saber en donde estamos parados, porque es así y hacia donde vamos. Entender quiénes somos nos ayudará a saber cuidarnos y querernos mejor. Nada sale más caro que la ignorancia. Cuando somos infelices dañamos a quiénes nos rodean. Es un derecho y una obligación hacer lo posible por estar bien.

 

 

Prioridades

Establecer prioridades en nuestra vida es indispensable para hacer de ella algo extraordinario. Es como tener un mapa con las señalizaciones que me indican hacia donde quiero ir. Me puedo desviar, perder el camino, equivocar la ruta pero si he pensado bien hacia donde voy y he marcado en mi mapa las indicaciones estoy en posibilidad de retornar y recomenzar.

El tiempo con el que contamos es limitado. La energía y los recursos también. Por ello es esencial saber como es que los quiero distribuir.

Podemos pasar tiempo con personas que no nos valoran. Comprar objetos que no necesitamos. Invertir energía en proyectos que no me van a retribuir. También podemos elegir quienes son prioridad A en nuestra lista: por ejemplo tu familia, tus padres, tu pareja, tus hijos, tus hermanos y tus amigos de verdad.

A cada momento estamos eligiendo como vamos a distribuir nuestros recursos y de estas elecciones va a depender la conformación de mi futuro. Reconocemos cuando elegimos mal por las consecuencias desagradables que padecemos en el presente. Esto nos da la información para tomar un retorno, una vuelta en U o hacer una parada y emprender de nuevo el camino. Lo fundamental es reflexionar en lo que me es más valioso en la vida y anotar en mi mapa de la vida las rutas claves, las señales a las que debo aferrarme para poder llegar.

Admitir nuestros errores

Es muy difícil reconocer nuestros errores. Una parte de nosotros se resiste a admitir que nos equivocamos, que tomamos una mala decisión o que hicimos algo francamente incorrecto. Nuestro sentido de identidad se pone en juego. Sin embargo, de no hacerlo, estamos en gran riesgo de repetir la conducta.

Tenemos una voz interna que nos avisa cuando erramos. Sentimos culpa, dolor, arrepentimiento. Y justamente ese dolor es la señal que nos ayudará a ser humildes y que nos lleva a la posibilidad de reparación. Dale espacio a ese dolor, siéntelo para que puedas crecer a partir de ahí.

Pedir una sincera disculpa, hacer lo que se pueda para corregir y reparar el daño. Los aprendizajes que nuestros errores nos dejan son muy valiosos. Pueden convertirse en nuestra guía más certera para saber como actuar en el futuro.

Debemos siempre recordar que si tomamos un camino equivocado existe la vuelta en U. Parar, reflexionar, admitir nuestro error. Cometer errores no nos hace menos valiosos, no admitirlo nos empobrece: reconocerlos nos engrandece.

La fragilidad de lo más valioso

Algunas de las cosas más valiosas son extremadamente frágiles. Así como un plato de la más fina porcelana o una copa del más sofisticado cristal puede fracturase ante el más ligero accidente, así suele ocurrir con las relaciones más valiosas.

Una palabra dicha sin pensar, un acto de egoísmo, un comentario -de esos que devalúan al otro- una indiscreción…un descuido.

No podemos quejarnos de oportunidades perdidas si no hemos sabido cuidar nuestras relaciones. Cuando haces sentir menos a otra persona, cuando la criticas injustificadamente o hablas mal de alguien: estás forjando tu futuro. El otro puede no decir nada, puede no reclamarte, pero ese maltrato lo registrará y contará para futuras ocasiones.

Cuidar lo valioso que tenemos y que nos ha costado tanto trabajo conseguir: una amistad, una pareja, una buena relación con un hijo, una posición profesional, un lugar donde vivir, etc. es indispensable. Los depredadores envidiosos están al acecho. Distraernos puede costarnos caro. Debemos estar atentos y saber bien que las relaciones pueden fracturarse si nos descuidamos. También hay la posibilidad de reparar, desde luego, pero las grietas se quedan.