Coco

¿En cuántas familias ha ocurrido algo parecido? Una madre se separa del padre y a partir de ese momento deja de hablar de él, o lo critica continuamente o prohibe de modo explícito o implícito el que el hijo quiera conocer su origen. A veces quien impone esas condiciones es el padre.

En la preciosa película “Coco” se maneja de manera precisa e inteligente el tema. La niña Coco crece sin su padre, que era músico y en las siguientes generaciones la música es algo prohibido.

Todos tenemos derecho a conocer nuestros orígenes. Es muy triste que un padre abandone a sus hijos. Tengo la convicción de que al final quien pierde más es ese padre que se va. Los hijos sobrevivimos y eventualmente logramos comprender.

Nadie la tiene fácil en una situación así. Ni la madre que se queda sola con la responsabilidad de los hijos, ni los hijos, ni el padre. Es muy importante no aumentar el sufrimiento sino disminuirlo haciendo uso de la perspectiva y del amor.

En todo caso, quedarse con los hijos es el mayor regalo que la vida nos puede dar. Y, como padre o madre, alejarse de ellos es una tragedia inmensa para quien lo hace.

En “Coco” además de disfrutar nuestra maravillosa tradición y nuestro encantador modo de vivir a la familia, encontramos una gran lección: todo hijo tiene derecho a seguir sus sueños. Seamos respetuosos con ellos.

Causa y efecto

Solemos atribuir a la desgracia muchas de las situaciones desagradables que nos ocurren.

Es más fácil culpar al otro de lo mal que me ha ido, y ese otro suele ser la madre, el padre, un hermano, un jefe, el esposo, la esposa, un mal amigo, un hijo o un otro más anónimo como el gobierno o la crisis. Ah, también la devaluación suele ser la culpable.

En nuestra necesidad de auto destrucción gastamos de más, fumamos de más, comemos de más, bebemos de más, somos indolentes, flojos, mentirosos y ponemos nuestra salud psíquica y física en riesgo.

Y luego decimos que es culpa de algún otro.

La verdad es que la mayoría de nuestros problemas nos los hemos buscado. Cada acto tiene una consecuencia. A veces es inmediata pero muchas otras veces el resultado, el efecto, se ve sólo a lo largo de mucho tiempo. Entonces, cuando estamos viviendo el efecto, nos es más fácil olvidar la causa y culpar a otro.

Lo que siembras, cosechas. No hay modo de que no ocurra así. Si siembras agresión cosechas desprecio y soledad. Si siembras descuido personal cosecharás enfermedad. Si siembras despilfarro, cosecharás crisis económica. Nuestras acciones influyen en nuestro destino más que nuestros padres, hermanos, amigos y enemigos y más que las devaluaciones o los jefes. Hoy estamos viviendo los efectos de nuestras acciones de ayer.

Hijos sobre protegidos

Sobre proteger a los hijos resulta siempre mal: el mensaje que les damos al hacerlo es que ellos no pueden, que son tontos, que son incapaces.
Los padres tenemos motivos inconscientes para sobre protegerlos, algunos de ellos son:

  • Compensar las culpas que me ha provocado el haber trabajado mucho y por tanto no haberle dado tiempo de convivencia.
  • Compensar la culpa que me provoca el haberme divorciado.
  • Compensar la culpa que me provoca el encontrarle pocas cualidades o demasiados defectos.
  • Compensar mis carencias de infancia y/o juventud.
  • Sentirme omnipotente: desde ahí eso tan absurdo de decir “a mi hijo no le va a faltar nada”, olvidando que precisamente crecemos a raíz de la frustración.
  • Compensar mi preferencia por alguno de sus hermanos.
  • Compensar la falta del otro progenitor, pobrecito, no conoce a su padre o a su madre.

Lamentablemente, el compensar permitiéndole hacer lo que quiera, no ponerle límites, no exigirle nada, permitir groserías, faltas de respeto y abusos emocionales no le sirve para nada. Muy por el contrario lo perjudica porque va perdiendo el sentido de realidad, porque los de afuera no van a tolerar sus comportamientos inadecuados. Porque se va a sentir un fracasado.

Sólo crecemos y tenemos posibilidad de ser plenos cuando nos esforzamos por conseguir las cosas y sentimos la satisfacción inmensa de cumplir con nuestras tareas. Eso no se puede lograr en la sobreprotección.

A nuestros hijos les debemos educarlos, frustrarlos para que tengan hambre: hambre de superarse, de ser mejores personas, de aprender a trabajar, de autonomía.

 

Es importante reflexionar sobre nuestros motivos para sobre protegerlos y corregir estas conductas que hacen tanto daño.

Sólo tu puedes cuidarte

Cada uno de nosotros somos responsables de cuidarnos. Puede ser que tengas cerca de ti a personas que te quieran mucho, que te amen, a las que les importes en verdad y de todos modos sigues siento tu el único responsable de cuidarte.

Los demás pueden orientarnos, acompañarnos, incluso compartir mucho con nosotros pero en definitiva no pueden ser responsables de cuidarnos.

Cuidarte significa una tarea muy delicada: saber que le hace bien a tu cuerpo y que lo daña. Procurarte el descanso adecuado.
Cuidar tu equilibrio emocional: reconocer lo que no es beneficioso para ti es fundamental. Ciertas conversaciones, ciertos escenarios, ciertas imágenes, actitudes, respuestas a lo que ocurre, relaciones con determinadas pueden resultar perjudiciales.

Decir algo o callarlo. Gastar un dinero en algo o no. Resolver a tiempo pendientes, ordenar tu agenda y decidir si debes comprometerte o no a las múltiples invitaciones que la vida puede hacerte.

Nadie puede conocerte mejor que tu. Nadie, por mucho que te quiera, puede hacerse cargo de tus necesidades afectivas.

Sólo tu. Si te cuidas, tendrás fortaleza y herramientas para enfrentar a la vida y no tendrás que recargarte en nadie. Si te descuidas, pagarás un precio por ello y además te convertirás en una carga para los demás.

Los sismos internos

Dentro de nosotros también ocurren terremotos. Sentimos que algo o mucho dentro se destruye. Se caen ideas, creencias, proyectos, sueños. Sentimos angustia, miedo, ira, tristeza. De un momento a otro ha cambiado todo para nosotros. Si seguimos vivos debemos recuperarnos, aprender, reconstruir mejor y empezar de nuevo con mayores recursos debido a lo aprendido de la experiencia. Mientras hay vida hay oportunidad.

Las causas pueden ser ajenas a nuestro comportamiento o no: la pérdida de un ser amado, el diagnóstico de una enfermedad grave, la infidelidad de una pareja, la pérdida de un trabajo, la traición de un amigo, son sólo algunos de las muchas circunstancias que colapsan el mundo hasta entonces conocido y nos dejan tocar con esa vulnerabilidad que estamos siempre intentando desconocer.

El grado del daño depende de diversos factores: que tan bien cimentada está nuestra vida. Que tanto conocemos sobre rutas de salida, y medios de prevención. Que tantos recursos tenemos para aminorar la crisis. Y desde luego, la medida de reconocimiento de lo que pertenece a nuestra área de responsabilidad y que tanto no es así.

Estar protegidos existencialmente tiene que ver con hacer las cosas bien. Cuidar de nuestro cuerpo y de nuestro entorno. Prevenir posibles emergencias y tener recursos disponibles para enfrentarlas. Así, los daños pueden ser menores.

Duele mucho más cuando no hemos sido responsables. Duele mucho más cuando no hemos hecho las cosas bien.

Ante el dolor de la tragedia

Nuestro país ha sufrido una tragedia de inmensas proporciones. Cada uno de nosotros estamos intentando elaborar el impacto y el dolor de la forma en que somos capaces y con los recursos con los que contamos.

Si hemos tenido la fortuna de estar a salvo y que nuestros familiares lo estén, creo que debemos ser muy cuidadosos con lo que decimos, con lo que hacemos, pensar dos veces antes de sembrar más miedo y angustia. Estamos vivos y por lo tanto es fundamental que seamos conscientes de lo que eso significa:
* vivir con más orden, limpieza, consumir menos, cuidar nuestro ambiente.
* desarrollar mayor conciencia social: los otros son importantes siempre, no sólo en las tragedias.
* ser amables con los demás, despedirnos de nuestros seres queridos cada día como si fuera el último y tratarlos así todos los días.
* aprovechar nuestro tiempo, aprender, agradecer todo lo bueno que tenemos, ser productivos, disfrutar de la vida que es tan frágil y vulnerable.
* dejar de quejarnos por tonterías. Darle prioridad a lo prioritario y trivializar lo trivial.
* pensar más, escuchar más, darnos cuenta de la importancia de vivir.

En este momento de emergencia, seamos prudentes, démosle nuestra escucha y apoyo a quienes están sufriendo mucho más que nosotros. Demos esperanza.

Escúchame mañana, en donde hablaremos sobre este tema, sábado 23 de septiembre de 12:00 a 2:00 pm en MVS 102.5 FM, con Andrea Berrondo. Puedes bajar gratuitamente la aplicación en tu teléfono http://www.mvsnoticias.com

¿Mereces más de la vida?

Solemos creer que no merecemos el bienestar. Que tenemos que castigarnos, sufrir, padecer, luchar demasiado o compensar a los demás si es que nos va bien.
Solemos creer que si somos felices o afortunados estamos haciendo daño a los otros.
Solemos creer que nos va a querer más si estamos sufriendo.
Da pánico ganar.
Da mucho miedo sentirse muy bien: feliz,alegre, entusiasmados.

Tengo la impresión que esto obedece a alguno de estos tres motivos:
1. El terror que genera sentir la envidia del otro. Si le “gano” a mi amiga porque yo tengo novio y ella no, puede ser que se aparte de mi. O que me critique. O que me diga algo que me haga devaluar a mi novio. Es decir, que su envidia logre destrucción. ¿La solución? Boicotearme para no despertar su envidia.
2. El pánico que sentimos si tenemos más que nuestros hermanos o nuestros padres. ¿Cómo es posible si venimos del mismo pueblo, la misma educación, los mismos valores? Además se van a enojar, y yo los quiero tanto…y quiero que estén bien… y quiero que me quieran…¿cómo los voy a confrontar con mi bienestar?. ¿La solución? Boicotearme para no despertar su envidia.
3. La culpa que sentimos ante los que no tienen la misma “suerte” que yo. Como si mi bienestar fuera cuestión de suerte. Las cosas buenas que tenemos las hemos trabajado, nos han costado y estamos pagando el precio de tenerlas. Son producto del esfuerzo, del trabajo personal, de la disciplina y si, un poco de buena suerte también.

Se nos olvida que si estamos bien podemos dejar de recargarnos en los demás y además podemos generar muchas cosas buenas a nuestro al rededor. ¡Atrévete a estar bien! En una de esas… se te acercan para seguir tu ejemplo.