Psicoterapia y prejuicios

Al rededor de la psicoterapia hay gran cantidad de prejuicios entre los cuáles he encontrado:¿porqué le voy a contar mis problemas a un extraño que nada sabe de mi?,¿acaso estoy tan mal que necesito ayuda? entre muchos otros. La respuesta para la primera pregunta es que precisamente por ser un extraño que está preparado para escuchar de manera objetiva. Para la segunda podemos argumentar que justamente cuando tomamos conciencia de la necesidad de ayuda es cuando empezamos a estar mejor. Quién no puede admitir su problema está absolutamente imposibilitado de abordarlo.

Ahora bien, en esta profesión podemos encontrarnos con aficionados que, sin  la preparación adecuada, intenten ejercer la psicoterapia. Debemos cuidarnos de no caer en manos poco profesionales. Para ello, es indispensable verificar que quién nos atienda cuente con una cédula profesional que lo autorice al ejercicio de su profesión. Todo paciente tiene el derecho a exigirla.

Procurarnos un espacio para pensar, para elaborar nuestra historia, para hablar sobre nuestras preocupaciones, nuestros temores y angustias nos facilitará el camino para conocernos, para ser más libres y tener mayor conciencia para saber en donde estamos parados, porque es así y hacia donde vamos. Entender quiénes somos nos ayudará a saber cuidarnos y querernos mejor. Nada sale más caro que la ignorancia. Cuando somos infelices dañamos a quiénes nos rodean. Es un derecho y una obligación hacer lo posible por estar bien.

 

 

Prioridades

Establecer prioridades en nuestra vida es indispensable para hacer de ella algo extraordinario. Es como tener un mapa con las señalizaciones que me indican hacia donde quiero ir. Me puedo desviar, perder el camino, equivocar la ruta pero si he pensado bien hacia donde voy y he marcado en mi mapa las indicaciones estoy en posibilidad de retornar y recomenzar.

El tiempo con el que contamos es limitado. La energía y los recursos también. Por ello es esencial saber como es que los quiero distribuir.

Podemos pasar tiempo con personas que no nos valoran. Comprar objetos que no necesitamos. Invertir energía en proyectos que no me van a retribuir. También podemos elegir quienes son prioridad A en nuestra lista: por ejemplo tu familia, tus padres, tu pareja, tus hijos, tus hermanos y tus amigos de verdad.

A cada momento estamos eligiendo como vamos a distribuir nuestros recursos y de estas elecciones va a depender la conformación de mi futuro. Reconocemos cuando elegimos mal por las consecuencias desagradables que padecemos en el presente. Esto nos da la información para tomar un retorno, una vuelta en U o hacer una parada y emprender de nuevo el camino. Lo fundamental es reflexionar en lo que me es más valioso en la vida y anotar en mi mapa de la vida las rutas claves, las señales a las que debo aferrarme para poder llegar.

Admitir nuestros errores

Es muy difícil reconocer nuestros errores. Una parte de nosotros se resiste a admitir que nos equivocamos, que tomamos una mala decisión o que hicimos algo francamente incorrecto. Nuestro sentido de identidad se pone en juego. Sin embargo, de no hacerlo, estamos en gran riesgo de repetir la conducta.

Tenemos una voz interna que nos avisa cuando erramos. Sentimos culpa, dolor, arrepentimiento. Y justamente ese dolor es la señal que nos ayudará a ser humildes y que nos lleva a la posibilidad de reparación. Dale espacio a ese dolor, siéntelo para que puedas crecer a partir de ahí.

Pedir una sincera disculpa, hacer lo que se pueda para corregir y reparar el daño. Los aprendizajes que nuestros errores nos dejan son muy valiosos. Pueden convertirse en nuestra guía más certera para saber como actuar en el futuro.

Debemos siempre recordar que si tomamos un camino equivocado existe la vuelta en U. Parar, reflexionar, admitir nuestro error. Cometer errores no nos hace menos valiosos, no admitirlo nos empobrece: reconocerlos nos engrandece.

La fragilidad de lo más valioso

Algunas de las cosas más valiosas son extremadamente frágiles. Así como un plato de la más fina porcelana o una copa del más sofisticado cristal puede fracturase ante el más ligero accidente, así suele ocurrir con las relaciones más valiosas.

Una palabra dicha sin pensar, un acto de egoísmo, un comentario -de esos que devalúan al otro- una indiscreción…un descuido.

No podemos quejarnos de oportunidades perdidas si no hemos sabido cuidar nuestras relaciones. Cuando haces sentir menos a otra persona, cuando la criticas injustificadamente o hablas mal de alguien: estás forjando tu futuro. El otro puede no decir nada, puede no reclamarte, pero ese maltrato lo registrará y contará para futuras ocasiones.

Cuidar lo valioso que tenemos y que nos ha costado tanto trabajo conseguir: una amistad, una pareja, una buena relación con un hijo, una posición profesional, un lugar donde vivir, etc. es indispensable. Los depredadores envidiosos están al acecho. Distraernos puede costarnos caro. Debemos estar atentos y saber bien que las relaciones pueden fracturarse si nos descuidamos. También hay la posibilidad de reparar, desde luego, pero las grietas se quedan.

Cuida tu bienestar

Una de las mayores responsabilidades que tenemos es la cuidarnos. Nadie más puede hacerlo por nosotros. Los demás pueden tener muchos gestos de cariño o amor para nosotros -lo que es precioso y debemos agradecer- pero la tarea de cuidarnos es sólo nuestra.

Debemos evitar cualquier situación, persona, sustancia, actividad o pensamiento que nos lastime. Poner una saludable distancia de aquello que nos hace daño. Si otra persona necesita comportarse grosera o abusiva, que lo haga lo más lejos de ti que se pueda.

Cuando provocamos o soportamos el abuso emocional estamos en realidad siendo cómplices del otro. Lo hace porque se lo permitimos. Y esto ocurre en ocasiones porque sentimos que necesitamos mucho del afecto o de la compañía de esa persona sin darnos cuenta que al permitir el maltrato lo estamos fomentando.

Mientras más cuidemos de nosotros y seamos meticulosos en cada elección que hacemos, calculando siempre si eso que vamos a comer, a decir, a hacer, etc. es bueno para nosotros o no, más aumentará nuestro bienestar y menos permitiremos el abuso de los otros. ¡Es nuestra tarea!

Teléfono y educación

Las herramientas no tienen moral ni ética. No son ni buenas, ni malas. Son.

Las personas les damos un uso. Así como un cuchillo puede ser utilizado de modo destructivo y dañar a una persona, también puede ser usado para llevar a cabo una cirugía y salvar una vida.

Ocurre algo similar con los teléfonos. Nos acercan a los otros, nos facilitan la comunicación y pueden ser my útiles. Según el uso que les demos pueden unir o separar. Podemos incluso, destruir una relación al no saberlos utilizar.

Es de muy mal gusto y pésima educación ponerlo encima de la mesa cuando estoy comiendo o tomando un café con otra persona. Es un modo de decir: “te quitaré la atención si me aparece un mensaje, son más importantes los que no están que tu”. De peor educación es estar consultando mis redes sociales, llámense como se llamen: Facebook, Snapchat, Instagram, etc. cuando estoy en una clase, en una reunión social, etc. Es un modo de decir: “me interesa mucho más lo que veo ahí que lo que tu estás diciendo”.

Nadie nos tiene que quitar el teléfono ni sugerir que no lo estemos consultando. Debemos hacerlo como una demostración de respeto para la persona que está frente a nosotros, dándonos su tiempo. ¿Cuánto vale el tiempo del otro?

Usemos las herramientas para crear mejores relaciones. Para acercarnos a los demás. Para escribir positivamente. No son lugares para denunciar si mi pareja me es infiel o si me siento triste.  Demos ese ejemplo a nuestros jóvenes.

Vivir en la verdad

Solemos distorsionar la verdad para alejar el dolor. Disfrazamos con palabras lo que está ocurriendo, simulamos ser diferentes, mentimos sobre lo que nos ocurre. Nos engañamos pensando que si no hablamos de “eso” que es lo que más nos duele, va a desaparecer. Minimizamos las consecuencias de acciones destructivas para nosotros o para los demás.

Nuestro aparato psíquico se enriquece con la verdad y se enferma con la mentira. Vivir en la mentira es lo que nos enferma emocionalmente. Cuando nos decimos nuestra verdad empezamos a cimentar el edificio de nuestra salud mental.

Pensar en las causas -verdaderas, sin pretextos- que nos han llevado al lugar exacto en el que estamos hoy (la calidad de nuestras relaciones, nuestra salud, nuestra economía, nuestro trabajo, etc.) es una de los pasos fundamentales para deducir que es lo que tenemos que modificar en nuestro comportamiento para alcanzar mejores resultados.

Este nuevo año puede ser tu gran oportunidad de tomar la decisión de reconocer tu verdad, de enfrentar cualquier situación con valentía y de construir una existencia auténtica.

Te invito a escuchar dos programas de radio en los que comentamos el tema “Pensar mejor para vivir mejor”. En Radio Centro, programa “Historias de Todos” con Maricarmen Quintana, martes 3 y jueves 5 de enero, de 5 a 6 pm, Ciudad de México. También lo puedes escuchar por internet.