El uso del tiempo

Cada uno de nosotros le damos un uso adecuado o inadecuado a nuestro tiempo. Y el tiempo que tenemos es un recurso no renovable. Se pasa y no regresa nunca más. Hacer un uso inteligente de nuestro tiempo es construir una buena vida. Algunos criterios que pueden ayudarnos son:

  • Elige pasarlo con personas nutricias y lo menos que puedas con personas tóxicas.
  • Elige usarlo en aprender, en construir, en crear, en apreciar el arte en cualquiera de sus expresiones y lo menos que puedas en las redes sociales.
  • Elige aprovecharlo llevando a cabo actividades que te hagan sentir bien: leer, conversar, trabajar, ordenar, ejercitarte, pasear a tus mascotas, disfrutar y lo menos que puedas en actividades que te hacen sentir mal: criticar, pelear, agredir, discutir innecesariamente.
  • Elige usar al menos 20 minutos al día (10 por la mañana y 10 por la noche) para planear, checar tu agenda, pensar sobre lo que quieres, escribir tus metas, tomar postura frente a tu vida y ni un minuto en quejarte, martirizarte o culparte por lo bueno has hecho o hiciste mal.

Son sólo algunas ideas que pueden ayudarnos a elegir como usar nuestro tiempo. No olvides que elegir es renunciar y es importante saber a que renunciar para poder hacer un inteligente uso de nuestro tiempo.

Conócete y cuídate

La única manera que tenemos para cuidarnos es conocernos.

Nadie sabe lo que tú necesitas: las horas de sueño, el tiempo de descanso, el tipo de alimentación que te hace bien o mal, tus necesidades de entretenimiento, de cultura, de conversación, de cercanía.

Cuando no sabes lo que necesitas para estar bien, te haces mucho daño. Cuando sabes lo que necesitas pero no lo respetas te haces mucho daño.

La única persona responsable de ti mismo eres tú. A ti te toca ser responsable de ti. Cuidarte en base a lo que YA sabes que te hace bien o que te hace daño.

En el dintel del Templo de Apolo, estaba la inscripción “Conócete a ti mismo” de un lado, pero al otro lado del Templo estaba la inscripción “Cuídate a ti mismo”. Sin conocerte, no hay modo de cuidarte.

Placeres culposos

¿Quién no tiene uno? La expresión se refiere a esos pequeños-grandes hábitos que nos generan placer y culpa al mismo tiempo. Y es también el nombre de una novela de reciente publicación: Placeres culposos, de Macri Ortíz.

La protagonista, María, es una mujer tradicional, casada, con hijos, trabajadora y siempre abnegada pero que un día decide darle rienda suelta a su imaginación y, entre otras cosas, so pretexto de hacer una investigación sobre los placeres, crea un falso perfil en Facebook iniciando así una gran aventura.

La novela es corta, profundamente conmovedora, sensible, profunda, inteligente, pero sobre todo, con un agudo sentido del humor, así como lo es su autora, a quién tengo el privilegio de conocer.

¿Donde conseguirla? En la página de Amazon México. Puedes comprarla en la versión pdf o encargarla en pasta dura. Lo que no puedes hacer es perdértela.

Di Vagando

Les comparto con mucho orgullo mi participación del día de hoy en el periódico El Heraldo, en la columna Di Vagando: Psicoanálisis para todos, en la que estaré participando continuamente al lado de colegas muy profesionales.

La columna saldrá todos los viernes.

Hay también un video en Youtube de un minuto de duración.

Da click en las siguientes ligas y/o compra la edición de hoy de El Heraldo. Espero tus comentarios:¿Para qué ir a psicoanálisis?

http://bit.ly/2MU5Joj

 

 

Sobreprotección y abuso

Dos caras de la misma moneda. Una persona está a la disposición de la otra, le resuelve sus necesidades aun antes de que las exprese. Le adivina el pensamiento. Teme el enojo, la indiferencia, el abandono o el resentimiento que pueda generarse si no le concede el capricho que desea.

La otra, pide indiscriminadamente: tiempo, tolerancia, dinero, favores, comida, cualesquier cosa que se le ocurre y en caso de no recibir lo que solicita de manera inmediata responderá con enojo, ira, berrinche, indiferencia, displicencia, amenazas de abandono o simplemente un silencio que puede resultar aterrador.

Más sobreproteges, mas abusan de ti.

Más toleras más abusan.

¿El resultado? Dolor, tristeza, depresión, enojo, carencias para el que sobre protege. Indiferencia, poca consideración, soberbia, poca empatía y si, además, enojo y desprecio para el sobre protector.

Lo correcto es lograr relaciones en las que no haya ni sobreprotección, ni abuso. No es fácil cuando ha sido el hábito desde mucho tiempo atrás. Pero siempre es un buen momento para dejarlo. Nadie respeta a quién no se respeta a si mismo.

Sobrevivir o Vivir

Hay una enorme diferencia entre sobrevivir o vivir. Cuando estamos atravesando por momentos especialmente dolorosos solemos sobrevivir. En medio del duelo y la tormenta apenas quedan fuerzas. Es heroico sobrevivir. Es indispensable hacerlo.

Cuando el impacto del dolor va disminuyendo, especialmente si lo elaboramos adecuadamente, cuando nos decidimos a enfrentar plenamente las consecuencias de nuestros actos y asumimos la responsabilidad de nuestras vidas, entonces vivimos.

Vivir en verdad es una cuestión de compromiso. Un compromiso absoluto con nosotros mismos: de decirnos la verdad, de separar lo que es nuestro y lo que es del otro, de responsabilizarnos por cada elección conociendo y reconociendo los efectos de lo que hacemos, de lo que dejamos de hacer, de lo que decimos y de lo que callamos. Es poner límites a los otros y no permitir de ninguna manera el maltrato. Es saber comunicar asertivamente lo que no nos parece. Es también ser amables con los demás, ser considerados hacia lo que el otro piensa, lo que siente, su propia historia y sus propias limitaciones. Es perdonarnos por nuestros errores con la franca intención de corregirlos.

Vivir en verdad requiere disciplina, trabajo personal. Y sobre todo, aprender a amar. Querernos y saber querer, que no significa decir “te quiero” sino actuar desde un lugar de profundo respeto a los seres vivos. A todos. A veces estamos en “modo supervivencia”, y con mucho trabajo, esfuerzo, honestidad y disciplina, a veces podemos vivir realmente y asombrarnos ante el privilegio de estar vivos.

¿Víctima de abuso emocional?

Con frecuencia escucho relatos de  mujeres que viven una situación de matrimonio en la que ellos son los dueños del dinero, -ya sea porque lo heredaron o porque lo generan con su trabajo- y ellas no son dueñas de nada. No tienen una cuenta en el banco, una tarjeta de crédito propia o una propiedad. La casa está a nombre del marido y ella se ha pasado la vida criando hijos, cuidando que haya comida, ropa limpia y creando un ambiente de hogar.

Ellas dejaron su carrera profesional de lado, o no la ejercieron nunca, no trabajaron fuera de casa y al paso de los años… los hijos ya se fueron o están por irse. El resentimiento contra ese hombre es peligroso. Y en ocasiones, además, ellos despliegan un comportamiento abusivo verbal o físicamente.

Ellas están desesperadas. Angustiadas ante la tremenda dependencia económica, asustadas ante un futuro en el que sólo encuentran desilusión y soledad.

Sé que esta situación en ocasiones es al revés: la mujer es la proveedora y el hombre es el que se ha quedado cuidando a los hijos. La escribo en femenino sólo porque es el caso más recurrente.

¿Qué hacer?. He aquí algunas sugerencias:

  1. Si eres prisionera debes fortalecerte mientras sigas ahí. Cuida tu salud, empieza a generar dinero de inmediato, enriquece tu acervo cultural, desarrolla tus potenciales, adquiere herramientas de trabajo y planea cuidadosamente tu futuro económico dentro de los límites que tienes.
  2. Reconoce que el acuerdo, bueno, regular o malo, lo aceptaste tú. Reconoce que has descuidado el área productiva en el sentido económico y que de eso, tu marido no es el responsable.
  3. Mientras sigas con él, procura entender tu relación e incluso mejorarla. Diferenciar entre las situaciones de las que él es responsable y de las que tú eres la responsable.
  4. Trabaja en tu persona. Acceder a un psicoanalista respetable puede ser la piedra de toque que te ayude a reconocer que el otro sólo abusa de quién se deja abusar. Un tratamiento serio puede ser fundamental para que te prepares para el futuro.

Nadie abusa de quien no se permite ser abusado.