Amar lo que es

Hace unos días me encontré con una querida amiga recién casada. Cuando le pregunté cómo estaba me respondió que más o menos porqué no ve a su marido tanto como ella desea. Y su respuesta me dejó reflexionando sobre cómo somos las mujeres: nunca estamos contentas.

Las casadas anhelamos la libertad de las solteras. Las solteras queremos la seguridad de las casadas. Las divorciadas queremos casarnos. Las que no tienen novio envidian a las que tienen pareja. Las que tienen pareja están deseando que su novio cambie, aunque sea sólo un poco. Las que tienen hijos pequeños se cansan mucho y las que tenemos hijos grandes sufrimos el síndrome del nido vacío. Las que tienen un hijo único sueñan con darle un hermano y las que no tienen hijos se lamentan por ello.

¿Qué necesitamos para ser felices? Amar lo que es. Así cómo estás hoy, ahorita con lo que sí tienes y con lo que no tienes. Al reconocer y observar lo que sí tenemos podemos darnos cuenta de que no necesitamos cambiar nada para estar agradecidas con la vida. Lo que es, es perfecto.Todo está ordenado. Lo único que necesitamos es cambiar nuestra actitud.

Con una actitud positiva y de genuino agradecimiento todo es mejor. Agradece en éste momento por al menos 20 aspectos de tu vida. Te garantizo unos minutos de verdadera alegría.

Y no se te vaya a olvidar: la queja, aleja.

La envidia

Todas las personas sentimos envidia más de una vez al día. Envidiamos aquello que no tenemos y que desearíamos poseer.

Hacia ciertas personas, sentimos más envidia y suelen ser aquellas que están más cercanas a nosotras en edad y condición. Por ejemplo una hermana muy próxima en edad, una compañera de generación, una amiga.

Y es que la envidia surge cuando reconocemos que esa otra persona sí ha logrado algo que nosotras no hemos podido alcanzar.

Lo interesante es que el sentimiento de la envidia es una fuente de crecimiento ya que al identificarla podemos conocer mucho sobre nuestros deseos y aspiraciones. Sí logramos contenerla y recuperar el contenido para ser mejores, entonces se transforma en algo positivo.
Cuando no logramos identificarla y dejamos que se convierta en desprecio hacia el otro, no sólo no crecemos sino que expresamos aspectos muy negativos de nuestro ser.

La próxima vez que envidies a alguien, o sea, dentro de 5 minutos, pregúntate: ¿porqué me da tanto coraje que ella tenga lo que yo no me he atrevido a conquistar?

Tener un buen día

Habitualmente decimos: «que tengas un buen día» cómo sí tener un buen día dependiera exclusivamente del azar. Un buen día se crea. Hacer un buen día de mi día es mi responsabilidad.

Cada mañana tenemos frente a nosotros un número de horas y un número de tareas por hacer. Nos encontraremos con personas y con situaciones inesperadas. No tendremos el control de todo lo que ocurra pero sí el de elegir a cada momento nuestro modo de vivirlo.

¿Que podríamos hacer cada día para tener un buen día?

He aquí algunas sugerencias:
1. Por la mañana, antes que cualquier otra actividad, podemos agradecer por lo bueno que tenemos. ¿Que tal enumerar al menos 20 motivos por los cuáles dar las gracias?
2. Comenzar por beber un vaso de agua es el mejor modo de recuperar energía.
3. Elegir conscientemente vivir el presente. No dejes que se te vaya la vida sin vivirla.
4. Realizar al menos una actividad que esté perfectamente orientada a las metas que me he propuesto (no debemos permitirnos vivir sin metas a corto y largo plazo)
5. Una buena acción desinteresada ayudará a mi desarrollo personal.
6. Al menos 10 minutos de una lectura que engrandezca a mi espíritu.
7. Elegir alimentos y bebidas que sean la traducción de cuánto me quiero y cuánto valoro mi salud y respeto a mi cuerpo.
8. Elogiar sinceramente a una de la personas con las que convivo cotidianamente.
9. Dar unos tres abrazos a quién se deje y decirle «te quiero» a quién quieras.
10. Hacer tu trabajo con la certeza de que es una bendición tenerlo: el trabajo es dignificante.

Recuerda que no tener nada que hacer entristece.

¡Que construyas un buen día!

Construyendo tu vida

Cada uno de nosotros somos los arquitectos de nuestro destino. Hacer de nuestra vida una buena vida es nuestra responsabilidad. Una persona madura es la que está en pleno conocimiento de su realidad y también sabe hacia donde quiere ir.

El inicio de un nuevo año es un momento muy propicio para elaborar un plan de vida realista que nos conduzca a buen puerto. He aquí una sencilla guía:

1. Dedica al menos dos días para elaborar tu plan.
2. Usa papel y pluma o lápiz. Es mucho mejor escribirlo en papel que en la computadora.
3. Elabora una lista de tus roles (Por ejemplo: esposa, madre, hija, maestro, abuelo, secretaria, etc.)
4. Una vez que termines la lista selecciona los cinco roles que te son más importantes.
5. Ahora anota junto a cada rol cómo estás ahora y cómo te gustaría estar en un año. De ahí haces una lista de al menos tres acciones concretas para cada rol de tu vida, cómo leerás en el ejemplo que escribo a continuación.

Ejemplo de plan de vida:

Rol de madre
Actualmente: necesito dedicar más tiempo a convivir con cada una hija de mis hijas. Necesito modular mi carácter y leerle cuentos a mi hijo pequeño cada noche. Debo platicar más seguido con mi hijo mayor.
En un año: me gustaría haber convivido al menos dos tardes a la semana con mis hijas. Quisiera ellas recordaran a una madre paciente y de buen humor. Quisiera que antes de que mi hijo cumpla 9 años le haya leído dos libros completos de cuentos.
Acciones a seguir:
1. Leer los lunes en la noche con mi hijo pequeño.
2. Pasar la tarde del martes con mis dos hijas.
3. Controlar mi carácter organizándome mejor con mi agenda para estar más tranquila.

Este es sólo un ejemplo que puede servirte cómo guía. Atrévete a ejercer un papel activo en la construcción de tu destino. ¡Feliz año nuevo!

Fiestas ¿felices?

Se acercan dos fechas en las que se hacen presentes emociones intensas: el final de un año nos obliga a reflexionar. Pensamos en los sucesos difíciles del año que está por terminar, en las experiencias dolorosas que vivimos, en los logros que no obtuvimos, en las derrotas, claro que también revisamos nuestros logros y las experiencias positivas del año que está por terminar. Para algunos, este año significó la pérdida de un ser querido y será un reto enorme la celebración Navideña y de fin de año. Para otros, éste fue el año de su divorcio o de la pérdida de su trabajo o de su salud. No todos se sienten con entusiasmo para celebrar.

Las fiestas son difíciles. Necesitamos de mucha flexibilidad. Necesitamos de paciencia y de amor. Sobre todo de amor por nosotros mismos: protégete. Procura cuidar de tí especialmente. No hagas esfuerzos extraordinarios.

No gastes de más. No des regalos que no puedas pagar. No comas de más. Debemos incorporar el símbolo de un nacimiento real para nosotros. ¿Qué tal hacer nacer en nosotros un nuevo hábito que nos brinde paz? ¿Qué tal celebrar el nacimiento de una actitud más positiva ante los retos que la vida nos presenta? ¿Qué tal celebrar por los sufrimientos que nos han sido ahorrados y por lo que sí tenemos? ¿Qué tal llenarnos de esperanza y hacer del 2012 un año mejor para nosotros?

Procuremos adoptar la mejor actitud posible, seamos flexibles y generosos en nuestros sentimientos. Recuerda que es mucho más importante ser que tener. Lo que tienes puedes perderlo, lo que eres jamás se perderá. Lo único que tenemos en realidad, es lo que somos: sé la mejor versión de tí misma en estas fechas, no son fáciles para muchos, te aseguro que lo único que se queda es nuestro modo de ser. Brinda compañía y cariño a quiénes sientas que están más solos. Aprovechemos la oportunidad para expresar nuestro amor, palabras de apoyo y solidaridad a quiénes están cerca de nosotros y a quiénes no se sienten con muchos motivos para celebrar. ¡Seamos buenos! Es lo que más necesitamos ser.

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