El sentido de la enfermedad

Me han pedido que escriba sobre como vivir ante un diagnóstico de alguna enfermedad crónica como la Hepatitis C o la Diabetes.

Una enfermedad es una gran oportunidad para enriquecer la vida. Una vez que tenemos el diagnóstico, lo normal es pasar por un duelo con todas las etapas del mismo. La última etapa es la aceptación. Sí te dejas fluir y te permites estar triste o enojado llegarás a ella. Aceptar la enfermedad es el único modo de darle sentido.

Una enfermedad nos obliga a cuidarnos: gracias a ella seremos más conscientes de nuestra alimentación, de nuestro cansancio, de la necesidad de ejercitarnos, de beber agua, de dormir y de aprender a relajarnos. Dicho de otro modo: la enfermedad nos enseña a ser más cariñosos con nostros mismos.

También nos obliga a ser más reflexivos y profundos. Nos induce a pensar en nuestra muerte. Y pensar en nuestra propia muerte puede salvarnos la vida. Porque aprenderemos a darle importancia a lo importante y a trivializar lo trivial.

El modo de encontrarle sentido puede ser haciéndose dos preguntas ante la enfermedad:
1. ¿Que he dejado de hacer a partir de ésta enfermedad?
2. ¿Que estoy haciendo a partir de ésta enfermedad?

Te invito mañana, martes 14 de Junio, a escuchar en el Radio, en el D.F. en el 1030 de AM, la estación Radio Centro, mi programa sobre El Sentido de la Vida, donde tendré oportunidad para profundizar en este tema. De 5 a 6 pm.

Tipos de escucha

Cuando una persona no es escuchada puede sufrir daños que van desde los más leves hasta los más profundos. Se daña la autoestima, la seguridad en sí mismo, el sentido de la realidad y la identidad. Los seres humanos necesitamos ser escuchados para sobrevivir. Sí no se escuchara el llanto del recién nacido, éste no podría sobrevivir. Con la edad, ser escuchados sigue siendo un modo de conseguir el alimento del alma.

Lamentablemente, hemos ido perdiendo la capacidad para escuchar. Algunos tipos de escucha comunes son:

1. La escucha indiferente: estoy pensando en otra cosa o peor aún, estoy haciendo otra cosa mientras el otro me habla. Es frecuente ver cómo mientras uno habla el otro revisa sus mensajes en su teléfono celular.

2. La escucha selectiva: pongo atención sólo a lo que me conviene o lo que me gusta del discurso del otro. Sí soy narcisista sólo escucho lo que tiene que ver conmigo y a la otra parte de lo que dice el otro, ni caso le hago.

3. La escucha mediocre: la persona ni siquiera está escuchando aunque así lo aparenta. Cuando alguien está deprimido pierde su capacidad para escuchar, tan inmerso está en sí mismo. También cuando alguien es muy egoísta o simplemente te considera inferior.

4. La escucha activa: es la ideal. Requiere de ver a los ojos a mi interlocutor, de estar muy atentos a lo que dice, de concentrarnos y de dar acuse de recibo de que estamos escuchando.

Escuchamos más al que tiene poder, al que tiene dinero, al que tiene fama que a los que no. Te invito a que a una persona de tu entorno: la que consideres que está siendo menos escuchada, por ser mujer, homosexual, anciano, de pocos recursos económicos, o cualquiera de las características que nos ponen del lado de los menos escuchados,le des un día de estos un ratito de tu mejor escucha. Será alimento para su espíritu.

Asertividad

Existen tantos modos de comunicarnos como seres humanos. Hay algunos modos que tienden a ser pasivos, otros agresivos y lo que está entre esos dos extremos es a lo que se le llama asertividad.

Ser pasivo significa comunicar de modo muy débil mis sentimientos, mis opiniones y mis creencias. La persona que es pasiva espera que los demás adivinen lo que necesita y por el miedo al conflicto se queda callada aún cuando no esté de acuerdo con lo que está ocurriendo. Obviamente, va acumulando mucho resentimiento porque su modo de actuar propicia el abuso de los demás.

Ser agresivo significa expresar mis sentimientos, opiniones, deseos y creencias de modo impositivo, faltando el respeto al otro, utilizando violencia, imponiendo mis puntos de vista. Es ser rígido, es no tolerar desacuerdos, es criticar constantemente. Esta conducta puede lograr que los demás me obedezcan o se amedrenten con el precio de que se alejarán de mi. La persona agresiva terminará por quedarse muy sola.

Ser asertivo significa expresar mis deseos, opiniones, creencias y sentimientos de modo respetuoso. No es ganarle al otro: es triunfar en el respeto mutuo. Ser asertivo es tener la habilidad para transmitir y recibir los mensajes de manera honesta, oportuna y respetuosa.

El mensaje asertivo debe comenzar con un «yo me siento» y continuar con una descripción muy objetiva de la conducta del otro que no nos gusta. Por ejemplo: «yo me siento ignorada cuando tu contestas tu teléfono celular en medio de mi conversación», o «yo me siento angustiada cuando no me avisas a que hora vas a llegar». La clave está en no calificar a la persona, en hacerme responsable de lo que yo siento y en ser clara y directa en mi comunicación.

No olvidemos que una relación es una conversación. Ser pasivo y ser agresivo es igual a levantar un muro entre tu y yo. Ser asertivo es abrir la posibilidad de comunicarnos.

La ignorancia

Mucho sufrimiento en el mundo podría evitarse sí fuese posible desterrar a la ignorancia.

Y no me refiero a la cultura general, o a conocimientos científicos o artísticos, ni siquiera a las habilidades para arreglar el motor de un auto o preparar un arroz.

Podemos ser ignorantes en muchas áreas y sobrevivir. Pero ser ignorantes sobre el arte de vivir tiene un precio demasiado alto.
Ya sentenció uno de mis intelectuales favoritos, Fernando Savater, en su delicioso libro «Etica para Amador»: «entre todos los saberes posibles existe al menos uno imprescindible: el de que ciertas cosas nos convienen y otras no».

A continuación una breve lista sobre algunos actos que NO nos convienen, que desordenan, que alteran terriblemente la paz interior, que enferman y destruyen las relaciones y la vida:

1. Hablar mal del progenitor o de la progenitora de nuestros hijos con ellos. Nuestros hijos son 50% su padre y 50% su madre. Sí criticas a su padre, los estás criticando a ellos. La herida es casi irreparable.

2. Hacer uso de la violencia: siempre que forzamos a otro a hacer algo que no quiere hacer de manera natural, estamos siendo violentos. Puede ser que logremos nuestro objetivo y el otro haga lo que nosotros deseamos, a cambio de su hostilidad y resentimiento.

3. Ser irresponsables con nuestra salud: fumar, comer de más, no hacer ejercicio. Son actos auto destructivos con consecuencias muy lamentables. Empieza hoy a mejorar tus hábitos.

4. Creer que hay familias o personas perfectas y sentir que la nuestra no lo es. Tu eres perfecta. Tu eres perfecto. Tu familia es perfecta. Empieza a vivir hoy desde esta perspectiva y no esperes a que nadie cambie para comenzar a amarlo. Amar es, entre otras cosas, saber que los demás no son como nosotros y que eso es maravilloso.

En próximos artículos, continuaré con este tema. ¡Acepto, de buen grado, ideas!

Una relación definitiva: la madre

Sócrates decía que la muerte acaba con la vida, no con una relación. Y así sucede con la madre. A todas las personas que hoy añoran con nostalgia a su madre, porque ha fallecido, quiero asegurarles que su madre está con ustedes. Una madre jamás se va.

Todos nosotros somos 50% nuestra madre y 50% nuestro padre. Una de nuestras relaciones más largas, más definitiva, que más impacta nuestra personalidad y nuestra vida es nuestra madre. Debemos reconocerlo y honrarla.

Hay madres que hoy sienten que no tienen nada que celebrar: han perdido a un hijo. Hay madres abusadas, violentadas, tristes. Hay madres enfermas preocupadas porque pronto se irán de este mundo y quieren seguir cuidando a sus hijos. Hay madres ancianas cuyos hijos no las visitan. Madres que se han equivocado mucho durante la infancia de sus hijos y ahora que son adultos se arrepienten.
Madres de hijos especiales que jamás descansan. Madres divorciadas, solteras, que, estoy segura, echan mano de sus mejores recursos para cuidar de sus hijos.
Madres-niñas que no han crecido y necesitan que sus hijos las cuiden. Madres que decidieron dejar de serlo y hoy se preguntan la validez de su decisión. Madres sin dinero, que trabajan muchísimas horas al día para ayudar a sus hijos. Madres enojadas porque la sociedad no las apoya. Y también hay madres felices, que son tan maravillosas como todas las demás.

Todas las mujeres somos madres, aunque no hayamos concebido un hijo de carne y hueso. Porque cuidamos, guiamos, orientamos, nos hacemos cargo de otros, en muchos sentidos.

Todos somos hijos de una mujer, que simple, y milagrosamente, nos ayudó a llegar a este mundo. Todos debemos honrar a nuestras madres y tomar la fuerza de ellas.

Hoy, mi respeto y reconocimiento a todas las madres. Querámonos mucho más. Seamos nuestras propias madres y cuidemos de nosotras mismas. Seamos, como regalo especial, más buenas con nosotras mismas.

A mis amigas que me han cuidado, a las mujeres que admiro y que son un poco mis «madres emocionales»: mi amor.

Y muy especialmente a mi hermosa madre: mi amor y agradecimiento infinito.

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