Los tapetes

Muchas de nosotras hemos sido tapetes de otros en algún momento de nuestras vidas. Lo escribo en femenino aunque se bien que también hay hombres que son pisoteados.

Nos ponemos en el suelo, pedimos perdón y hasta agradecemos que pasen por encima de nosotros. Porque estamos feas, porque nos creemos tontas, porque no nos han querido, por inexpertas, por hambrientas, por desorientadas, porque nos sentimos culpables de algo. Porque un hombre nos cambió por una más joven y bella. Porque un padre nos abandonó. Porque un jefe nos despidió. Porque un hijo no nos quiere. Puedo escribir tantas razones para comportarse como tapete como mujeres hay en el mundo.

Además, mientras más nos pisan más nos desgastamos y luego ya no somos tapetes, sino jergas de cantina.

Se nos olvida con frecuencia que nosotros les enseñamos a los demás como deben de tratarnos.

Si alguien te insulta y tu lloras, o pones cara de tristeza, o no reclamas: pues ya le diste una clase de cómo tratarte.

Sabes que? no dejes que nadie te pise. Nadie es nadie. El daño a tu autoestima, a tu salud mental, a tus emociones, a tu salud física es terrible.

Es mejor estar solo. O sola, o con una sola persona, pero que te quiera bien.

Ponte de pié, sacúdete el polvo, echa afuera todas las creencias que te impiden poner el alto a quiénes te pisan.

No se te olvide: quién tiene hambre, hace malas compras. Aliméntate, date la nutrición emocional que necesitas y saca de tu vida cualquier basura que se te pegue.

¿Juventud y belleza?

La juventud y la belleza son atributos extremadamente cotizados en la sociedad consumista en la que nos movemos. Los anuncios de las revistas, los personajes de las televonelas, las actrices y los protagonistas de las películas comerciales son siempre «jóvenes y bellos».

A ti: ¿Quiénes te parecen bellos?, tu: ¿quieres más a una amiga si está más delgada o usa un mejor vestido?

Difícil encontrar una oferta de empleo para alguien mayor de 40. Parece que después de los 40 años dejamos de existir para muchos. Los comerciales nos arrojan a cada instante la oferta de como vernos más jóvenes, más bellas.

¿Qué es la belleza? para mi es un alma limpia, unos ojos llenos de amor, es calidad humana y calidez. La belleza es la compasión y la misericordia. Si nos dejamos confundir y nos creemos el cuento de que la belleza es un rostro liso sin arrugas y un abdomen plano y una piel firme: estaremos muy desprotegidos existencialmente. La apuesta por la belleza exterior es muy peligrosa.

Yo no creo que una persona madura te quiera más porque te restires la piel de la cara. Yo creo que las mujeres que se someten a la agresión de las cirugías plásticas de modo exagerado se han confundido. Como los hombres que sustentan su seguridad en una cuenta de banco o en un abdomen de lavadero.

Ni la juventud, ni la belleza, ni el dinero pueden darnos lo esencial de la vida: sólo las personas. Sólo nuestras relaciones profundas. Los objetos no pueden compartir con nosotros ni nuestras alegrías, ni nuestras preocupaciones. Usemos nuestro tiempo en ser mejores personas.

Respetemos más a quiénes tienen más experiencia de vida: a las personas sabias que tienen tanto que enseñarnos. Una sociedad saludable siente un profundo respeto por las personas mayores.

Contribuyamos a la rehumanización de nuestra sociedad sin hacer alardes superficiales a la belleza superficial de los otros. Encontremos la belleza del alma y la juventud de un espíritu. La verdadera juventud es la de quién quiere seguir aprendiendo. a verdadera belleza reside en la capacidad de amar.

Como escribiera Proust: «dejemos a las mujeres bonitas para los hombres sin imaginación».

Cultiva tu belleza interna y tu juventud de espíritu. Y si no sales en la sección de sociales del periódico de moda: perfecto!! señal clara de que estás viviendo una vida significativa.

Las mujeres de Juárez

Estuve todo el fin de semana trabajando en Ciudad Juárez. Mucha gente me pregunta ¿porqué vas allá? Hoy tengo la respuesta:

Las mujeres de Juárez están vivas. En ningún otro lugar me encuentro con mujeres más comprometidas, más valientes, más inteligentes: más buenas.

Todas saben amar. Aman a su Ciudad. Aman a su gente. Aman a México.

Me agradecen, me halagan, me quieren.

Sea éste un humilde homenaje a la que tiene nombre de piedra preciosa y es muy hermosa, a la que tiene nombre de alma, a la generosa que me animó a hacer ésta página, a la de corazón blanco que organiza los cursos, a la que ofrece un techo, a la que trabaja con jóvenes, a la que trabaja con niños, a la que sufre por su hijo que se ha adelantado, a la esposa amable, a la madre incondicional, a la alta y bella logoterapeuta, a la sencilla, a la empresaria, a la que trabaja por los ancianos, a la ingeniera, a la que supo elegir a su esposo, a todas y cada una que hoy abrieron su corazón.

Y a los hombres: el elegante j, el maravilloso joven que nos contagió con su amor a la vida, al padre-esposo que se acordó de muchos nombres.

Juárez es vida, es amor, es compromiso.

Quiénes tienen miedo, no tienen nada,

Yo las quiero, yo les agradezco, yo voto por las vivas de Juárez

Yo amo ser «Ciudadana Honoraria Chihuahense».

Gracias, reinas, gracias a la bella y pacifica y limpia Ciudad Juárez.

Las paredes y ventanas de tu casa

Cada uno de nosotros somos como una casa: tenemos puertas y ventanas. Cuando una casa pierde sus ventanas o sus puertas están abiertas, cualquiera puede entrar y usar, abusar, robar lo que hay en ella. La casa pierde entonces lo más valioso que tiene: su integridad.

Los demás, en cuanto se acercan a nosotros, perciben de manera consciente e inconsciente como están nuestras ventanas y puertas…y sí no las ven o las ven abiertas, ¿sabes que hacen?: entran y usan o abusan de lo que tú eres o tienes.

¿Como cerrarlas cuando es necesario? A eso es a lo que yo le llamo poner límites. Los límites se pueden poner de muy distintas formas: verbalmente o no verbalmente. Decir «no permito que me hables así» o levantarte de la mesa e irte. Si una persona te está ofendiendo, insultando se está metiendo a tu casa y te está robando. Tu debes impedirlo a toda costa. Una conversación no la controla quién habla sino quién escucha. ¿Vas a seguir escuchando los insultos o los gritos?

Otro modo de entrar a tu casa es cuando alguien te manipula para que hagas algo que no quieres hacer, o cuando le das y le das y le das al otro que no valora, ni agradece y hasta te ofende.

Yo no digo que vivas en una caja fuerte ni que pongas muros de plomo alrededor de ti. Yo creo que debes permitir la entrada a quiénes se lo merezcan. Hay personas que sólo desde la mirilla de la puerta, otras pueden pasar a la sala. Unas cuantas a tu cocina…¿quiénes a tú recámara?

Cuando te abres y platicas una situación íntima, personal, privada estás permitiendo que entren a tu recámara.¿Y luego cómo sacas a ese extraño/abusivo/malvado/egoísta/inconsciente/etc. de tu habitación?

Si la persona que vas a dejar que entre va a contribuir a la belleza de tu vida: bienvenida. Si por el contrario, te va a lastimar: por favor: no le permitas la entrada, sea quién sea. No vale la pena y así no lograrás incrementar tu calidad de vida y por cierto: le harás un daño tremendo pues le estás enseñando que puede abusar y no pasa nada.

No lo olvides: nosotros le enseñamos a los demás como tratarnos!

La responsabilidad de ser feliz

Estamos obligados a ser felices. Cuando somos infelices hacemos sufrir a todos los que nos rodean. Cuando somos infelices lastimamos a los que nos quieren porque se preocupan por nosotros y se sienten obligados a ayudarnos.

Cuando estamos contentos, damos alegría a los demás. Yo creo que la alegría esta hecha de amor. Creo que un modo de expresar amor es con una actitud positiva hacia la vida.

Cuando queremos que el otro cambie, haga cosas diferentes, se comporte de modos que creemos que son mejores les estamos quitando su libertad. El otro es como es. No como tu necesitas que sea.

¿A quién estás responsabilizando de tu felicidad? ¿Si cambia quién tu estarás mejor?
No te permitas caer en ese grave error que consiste en necesitar que los demás sean como tu quieres que sean.

Date el lujo de depositar la responsabilidad de tu bienestar en ti misma. Se tu mejor amiga. Conócete mejor y detecta que necesitas y como puedes conseguirlo por tus propios medios.
¿Sabes quién va a pasar más tiempo contigo a lo largo de tu vida?

Si! Tu misma! Así que más vale que te caigas muy pero muy bien. Se buena contigo. Y ya no les pidas a los demás que sean diferentes, porque, sabes? así como son deben ser.

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