¿Envidia de la buena?

Un modo más de defendernos del sentimiento de la envidia es decir: te tengo envidia, pero es de la buena. Nos encanta minimizar los sentimientos destructivos e incluso negarlos.

Todas las personas sentimos envidia, y más de una vez por día. Mucho más. No hay ni buena ni mala. Bueno o malo lo que haga con mi envidia.

La envidia es un sentimiento incómodo, desagradable, que nos hace sufrir y padecer mucho. Significa desear aquello que el otro tiene y de paso, desear que desaparezca o se destruya ese otro que se convierte en un espejo que me hace ver mi carencia o deficiencia.

Para defendernos de sentirla usamos diversas estrategias, la importante autora y psicoanalista Melanie Klein lo describe magistralmente en su texto Envidia y gratitud. Una de ellas es devaluar al otro que nos despierta la envidia, por ejemplo decimos: “si está muy guapa pero está toda operada”. Otra estrategia muy utilizada es la de despertar la envidia de los otros para así dejar de sentirla. Entonces cuando por ejemplo, en un grupo, alguien está siendo admirada respondemos señalando algo que nosotros sí tenemos que el otro no tiene.

Desde mi punto de vista, una señal de madurez es abrirse a reconocer lo bueno en los otros, aunque yo no lo tenga, ser capaz de admirar, de elogiar sinceramente y en todo caso, de aprender y disfrutar de eso que puede despertar mi envidia. La gratitud por lo que si tenemos puede ayudarnos mucho.

¿Me prestas dinero?

¿Qué ocurre en un individuo que se ve obligado a pedir prestado? ¿Que sentimos cuando se nos acerca alguien a pedirnos prestado?  ¿Se debe pedir? ¿Se debe prestar? ¿Cómo negarse a prestar?

En cada caso, es necesario tomar en cuenta lo siguiente:

  1. ¿Es una conducta habitual en quién te está pidiendo prestado?. Si es alguien que ha acumulado deudas con muchas personas y que sigue sosteniendo un nivel de vida que no le corresponde… podemos inferir que es su estilo de vida. Un estilo de vida en el que no se acepta la realidad. Aceptar mi realidad significa reconocer que si genero 10 al mes debo vivir con 8 o con 9 o con 10… pero no con 14 o 16. Aceptar mi realidad es reconocer que NO puedo tener ese viaje, ese vestido, ese auto, esa universidad para mis hijos…
  2. ¿ Debes hacerte responsable de la incapacidad para reconocer los límites del otro?Si una persona no ha podido ajustarse a su realidad económica, necesita ayuda profesional. Esto significa que muy probablemente no se ajuste ni reconozca su realidad en otros aspectos. Salud mental implica reconocer y aceptar la realidad tal cual es.
  3. ¿Es una petición inusual, una emergencia? Esta es una situación bien diferente, en donde cabe la posibilidad de pensar más si queremos REGALAR parte o todo lo que nos piden. Pero no prestar.
  4. Cuando sientas deseos de ayudar al que te pide prestado toma en consideración que si necesita ayuda en psicoterapia tu préstamo va a colocar al otro en una posición muy incómoda.  Le vas a ayudar más si le regalas unas sesiones para que inicie un tratamiento con un profesional. No te vas a enojar cuando no te pague.

Es un tema muy complejo que nos permite pensar en que cada uno de nosotros debe asumir su realidad, ajustar el estilo de vida a lo que pueda generar y no hacer sentir culpable al otro, manipulándolo para que se haga cargo de lo que yo he sido incapaz de asumir.

Humildad para aprender

Las posibilidades para aprender están a nuestro alcance cada día. Las oportunidades son infinitas. Cada persona tiene algo que enseñarnos. Y especialmente cada situación que se nos presenta, especialmente si es dolorosa.

Es cierto, el sufrimiento es un gran maestro. El sentimiento de tristeza nos obliga a reflexionar. Cuando nos sentimos así, volvemos la mirada hacia nosotros y nos damos cuenta de lo que es verdaderamente importante.

El dolor es una especie de semáforo en rojo que nos advierte: deja de hacer  tal o cual cosa, cambia de rumbo, adquiere mejores hábitos, aprende a callar, etc. El dolor nos avisa sobre lo que no estamos haciendo bien.

Es mucho mejor dejarse vencer. Llorar, lamentarse en lo íntimo (los demás no tienen porqué cargar con nuestras penas), poner un alto y ser humildes para reconocer nuestros errores, aprender de ellos y mejorar.

De tal modo que logremos transformar al dolor en una oportunidad para crecer. Si lo negamos sólo lograremos aumentar el sufrimiento. Si lo reconocemos podemos hacer algo productivo de ese dolor.

La decisión de cuidar una relación

Muchos de nosotros crecimos con la falsa idea de que un día encontraríamos al “amor de la vida” y que entonces sería fácil amar y ser amado. Y no sólo eso, la vida sería entonces cómoda y sin problemas.

El mito del amor romántico puede hacer mucho daño. La verdad es que estar con una pareja y comprometerse a amarla es una decisión. Una decisión que debe tomarse con el mayor sentido de la realidad.

Nadie puede hacerse cargo de nosotros. Nadie puede ser responsable de nuestra felicidad, o pagar el precio de nuestros errores. Una pareja puede acompañarnos, a veces, puede escucharnos, a veces. Puede apoyarnos, a veces. Pero no puede resolvernos la vida ni reparar nuestros déficits emocionales. Eso sólo lo podemos hacer cada uno de nosotros.

El estereotipo del salvador suele lastimar mucho a una relación, ya que como es imposible cumplirlo, uno de los dos miembros de la pareja, o los dos, pueden sentirse defraudados cuando en realidad, estaban esperando algo que no existe.

Se debe amar lo real, lo que si es y apreciar lo que mi pareja si me puede dar, sin exigir lo imposible.

Mi hijo pequeño llora mucho

Si te ocurre que tu hijo pequeño llora mucho cuando te vas o lo dejas al cuidado de alguien más puede ser que esté angustiado y que le esté haciendo falta un poco más de tu presencia. De una presencia disponible. Los niños pequeños no tienen recursos lingüísticos suficientes como para indicarte con palabras lo que le está ocurriendo.

Los niños pequeños no pueden medir el tiempo como lo hacemos los adultos, ni tener la certeza de que su mamá regresará. Hacer rutinas, estar con él cuando podemos estar, pero de verdad estar: esto significa no estar checando el correo, el teléfono, estar nerviosas pensando en nuestros pendientes de mujeres adultas. Estar con nuestro hijo implica dejar de lado nuestro mundo de preocupaciones y disfrutar de su presencia, enseñarle las cosas de su entorno, cantar, jugar, abrazar, reírse. Asegurarle que cuenta con nosotros y que somos capaces de contener sus emociones. Lo mismo si por las noches se levanta o no logra dormirse: algo le está haciendo falta en el sentido del apapacho, de la seguridad que sólo su mamá le puede dar.

Es pequeño y pronto crecerá. El abrazo estrecho, el cariño sin preocupaciones, jugar con verdadero interés en él son tus mejores inversiones para que crezca seguro, nunca te vas arrepentir del cariño invertido en él.

Que te sienta tranquila, feliz, disponible para él es el mejor regalo que puedes darle a él y a ti misma.

Retos de una madre

Ser madre es una de las tareas más complejas para una mujer. Desde el primer embarazo se mezclan las alegrías, las ilusiones y los miedos. ¿Vendrá bien? ¿Seré capaz de cuidarlo? ¿Será lindo? ¿Volveré a estar delgada? ¿Su papá me va a seguir queriendo? Estas son sólo algunas de las cientos de preguntas que nos hacemos.

Al nacer, las cosas se complican. El bebé nunca es como lo imaginamos. Puede ser más lindo o menos. Llora, se queja, no duerme, bien cólicos. ¿Y los demás? A algunas mamás muy afortunadas los padres de sus hijos las apoyan, las ayudan. Muchas otras se encuentran solas en esa tarea de crianza.

Entramos en ese camino que durará toda nuestra vida en el que tenemos que estar ahí, cerca y dando apoyo a nuestro hijo y al mismo tiempo, de modo paradójico, dejándolo ir, propiciando su autonomía. Es decir, lo debo cuidar y al mismo tiempo debo ir renunciando a que sea para mí, a que esté siempre conmigo, porque el logro será que ese hijo haya recibido suficiente amor y cuidados como para poder procurárselos él mismo y labrarse una vida autónoma.

Nada fácil. El apoyo de otros adultos, padres, madres, hermanos y amigas es necesario. Informarse sobre las etapas de desarrollo y sobre todo: no sentir culpa porque a veces nos cansamos, nos sentimos tristes, nos sentimos solas y hasta enojadas con nuestro pequeño hijo. Es normal. Descansa, pide ayuda y ten paciencia.  Y relájate, no todo depende de ti. Mientras más feliz seas, harás más feliz a tu hijos.

Gratitud

Sentir gratitud no significa ignorar las dificultades. Significa que además de fijarte en los problemas puedes también detenerte a observar lo bueno. Esto te hará sentir con apoyo y podrás afrontar de mejor modo las circunstancias adversas.

Repara en los regalos del mundo: las estrellas, los animales, el color del cielo, las flores. Repara en todo lo que se ha escrito, en todo el arte y la ciencia que está ahí para que te acerques a disfrutarla.  Reconoce a  las personas que te han amado e incluso a las que al dejar de quererte te ofrecieron un aprendizaje. Acepta todo eso gratuito que has recibido en tu vida.

Reconoce la benevolencia que la vida ha tenido contigo. Date cuenta de todas las cosas buenas que tienes. Y agradece. Sabrás cuan afortunado has sido cuando lo hagas.

Mientras más seas capaz de reconocer y de agradecer, te sentirás más en paz y con capacidad para dar más. Y eso te ubicará en una espiral positiva de conciencia y abundancia.

Por cierto; gracias por leerme.