El valor de la verdad

Hablar con la verdad suele ser difícil. Preferimos matizar, adornar, decorar, minimizar o maximizar aspectos de nuestra realidad con tal de no sentir el dolor que supone reconocer las cosas como son.
Es curioso que nos creemos eso de “si no hablo de esto, va a desaparecer”. O por lo menos hacemos hasta lo imposible por creerlo.
Pero eso no ocurre jamás. Lo que se esconde crece, se alimenta de la misma energía con lo que lo estoy ocultando y se va haciendo cada vez más grande, más difícil de enfrentar, más complicado de tocar.
Y mucho más costoso solucionarlo.
Es poner encima de la humedad de una pared un cuadro, y luego uno más grande ante la grieta que va creciendo, al cabo del tiempo una cortina y cuando ya no alcanza para tapar aquello, hasta un telón de teatro. La pared se va a caer. Y me va a salir carísimo arreglarla.
Si en su lugar, en el momento en el que detecto la humedad voy a buscar ayuda, raspo la humedad, uso el impermeabilizan adecuado, sale mucho más barato, tengo menos desgaste de recursos y además adquiero lo más importante de todo: paz mental.
La mentira enferma, separa, destruye, aniquila a las relaciones, deteriora la personalidad, lastima y hiere. La mentira no sirve para nada.

Envidias entre hermanos

Todos envidiamos muchas cosas, muchas veces el día. Algunos somos conscientes de ese sentimiento que corroe, que puede incluso enfermar. Cuando nos damos cuenta de ello, podemos hacer algo positivo, cuando no nos damos cuenta, convertimos a nuestra envidia en destrucción.

Probablemente las personas que mayor envidia suelen despertarnos son nuestros hermanos o hermanas. La rivalidad por el amor de los padres comienza desde el nacimiento.

Hay padres y madres que fertilizan esa envidia al mostrar inclinación por alguno de sus hijos. Pero aun si los padres son humanamente justos entre sus hijos, no faltará una que otra Griselda o Anastasia envidiando la belleza y la fortuna de Cenicienta.

Ser amada, ser bonita, tener éxito social o familiar puede despertar la ira de una hermana. Tener un buen trabajo, buenos hijos o un buen matrimonio puede enfurecer al más tranquilo de los hermanos.

El problema estriba en sentir culpa o en sabotearnos con tal de impedir la envidia, que, de todas maneras, existirá. Lo único que se puede hacer para neutralizar la agresión proveniente de la envidia que se despierta en un hermano o hermana es nada. No hay modo de evitarla. Hay que seguir buscando el bienestar, aunque a los demás les duela.

Siembra expectativas: cosecha frustraciones

Es casi inevitable formarse expectativas en nuestras relaciones. Esperamos que nuestros padres nos den todo lo que creemos necesitar de ellos. Y como seguramente no lo hicieron, guardamos rencor y encono contra de ellos. Después esperamos que nuestras amigas o amigos sean como nosotros deseamos. Y resulta que son como son. Más adelante, al formar una pareja, esperamos que sea una mezcla perfecta: que me quiera, que me acompañe, que me consienta, que me mantenga, que me cuide, que me aconseje, que me divierta y que no piense más que en mi. Luego, esperamos de nuestros hijos: que me cuiden, que me acompañen, que me admiren, que me mantengan…
¡Es terrible vivir así!
Mucho sufrimiento sería ahorrado si dejamos de esperar que los otros nos den lo que deseamos.
Muchas relaciones serían infinitamente mejores si no estuviéramos esperando que las personas dejen de ser lo que son y sean lo que nosotros creemos merecer.
A mayores expectativas mayores desilusiones.
Los demás son como son. Y nosotros debemos agradecer que quieran compartir con nosotros. Imponer nuestra necesidad nos impide respetarlos.
Los demás no están para resolver nuestras carencias. Ese es un trabajo individual del que debemos hacernos cargo para poder realmente amar.

¿Necesidad o preferencia?

Distinguir entre lo que necesitamos y lo que preferimos es fundamental para combatir el consumismo innecesario que tanto daño puede hacernos en lo individual y en lo social. Por citar un ejemplo, necesitamos ropa para cubrirnos y podemos preferir que sea de cierta marca por la razón que sea.
Cuando podemos detenernos a pensar y nos atrevemos a preguntarnos: ¿Porqué creo que necesito x marca? la respuesta suele ser reveladora. Quizá creemos que algo externo puede darnos identidad. Nada más lejos de la realidad.
Si creo que por usar esa marca voy a ser más popular, o querido, o atractivo puedo entonces admitir que NO lo necesito pero que SI lo prefiero.
Nadie necesita usar un bolso de determinada marca que salga del presupuesto solo por llevar unas iniciales que le griten a los demás cuanto invertí en el mismo. Mientras más consumimos estamos contaminando más, acabándonos a nuestro planeta.
Menos es más. Revisa bien tu armario: puede ser que no sea necesario comprar tantas cosas. Administra tu dinero de modo inteligente. Piensa bien sí necesitas o si prefieres algo y porque. Usar las cosas, reciclarlas, remendarlas y cuidarlas puede hacer una diferencia sustancial. Debemos fomentar la sencillez, el orden y no la pretensión ambiciosa y absurda de creer que por usar determinada marca seremos mejores. Evitemos caer en la gran trampa del consumismo.

¿Suerte o resultado el esfuerzo?

Las personas que rebosan de envidia suelen exclamar cuando observan tu bienestar: ¡pero que suerte tienes! atribuyéndole a la fortuna lo que sólo puede ser imputable al esfuerzo constante.
Suerte es cuando la oportunidad y la preparación se encuentran.
Suerte es saber reconocer los errores y disponerse a corregirlos.
Suerte es ser humilde para admitir cuanto nos hace falta mejorar.
Suerte es tener la habilidad para reconocer la oportunidad en las circunstancias.
Actuar bien suele derivar en bienestar.
Hacer que las cosas sucedan. Actuar.
Pensar en las mejores opciones y ejercer la libertad de elección para llevarlas a cabo.
Esforzarse cada día en el logro de las metas que te has fijado. Si, es una suerte saber que el esfuerzo resulta en lo que los ignorantes y los envidiosos llaman mera suerte.

¿De qué depende mi futuro?

El matemático ruso del siglo XIX Andrei Markóv escribió: “El futuro depende del presente y es independiente del pasado”. Frase que invita a la reflexión.
Nuestro pasado es una construcción, hasta cierto punto, una serie de ideas basadas en recuerdos que se rigen por complicadas leyes de la percepción y la memoria. No es necesariamente cierto que las cosas ocurrieron como las recordamos. Nuestra percepción del pasado se ve alterada por muy diversos factores. En ese sentido es que el futuro es independiente del pasado.
Nuestro presente es el único momento en el que podemos tener poder para actuar. Y la verdad es que eso no es tampoco cierto absolutamente. Estamos, en ocasiones, ofuscados, enojados, tristes, en fin: inundados por emociones que de cierto modo limitan nuestro poder en el presente. Sin embargo, sí es lo único que realmente tenemos.
Nuestro futuro se está construyendo, al menos en parte, por las acciones que tomemos hoy. Cada acto y cada palabra irán modelando lo que será nuestro futuro.
En base a esto, es importante tomarse muy en serio lo que estamos haciendo. Las consecuencias de nuestras acciones llegarán a nuestra vida, tarde o temprano.
Ya lo dijo el poeta Emerson: “la naturaleza no se equivoca, lo que siembras, cosechas”.

Hasta pronto amiga

Sea este mi humilde homenaje a una mujer excepcional, a quién tuve el privilegio de conocer hace muchos años. Nuestro primer encuentro fue como alumna de un curso: su interés en aprender, su alegría y su constancia destacaban. Con el paso de los años organizamos un grupo en el que ella, siempre puntual participó convirtiéndose en el corazón del mismo: nos hicimos amigas.
Yo aprendí mucho más de ella, estoy segura, de lo que pude haberle enseñado. Estas son algunas de las muchas lecciones que mi querida, inolvidable Claudia me deja:
* Siempre hay que regalar sonrisas a quiénes están cerca de ti.
* Tenemos mucho que aprender y no debemos dejar de estudiar ni un día.
* Arréglate y ponte guapa, es una modo más de celebrar la vida.
* A pesar de la enfermedad y del dolor tenemos que reírnos, ser generosas, espontáneas, juntar a las amigas, divertirnos.
* El amor que das a lo largo de tu vida se queda, se queda para siempre.
Claudia querida: no te has ido. Te quedas en el amor que nos diste, en tus expresiones de alegría, en tu valentía y en tanto que tenemos todos de aprender de ti. Gracias Claudia, por tanto que recibí de ti, de modo gratuito, generoso, como fue tu inmenso corazón.