El valor de lo genuino

Existe en psicoanálisis un concepto desarrollado por Donald Winnicott llamado “falso self” y se refiere a aquellas personas que se han construido una personalidad en base a lo que los demás requieren o esperan de ellos para así agradar, ser querido, pertenecer.

En este tipo de personalidad, pareciera que el individuo tiene un sensor con el que detecta lo que el otro esta esperando para inmediatamente adoptar una postura que encaje con esa expectativa.

Cuando convivimos con personas así, la primera señal es que casi siempre nos sentimos aburridos, con la sensación de que hay algo falso, poco honesto, no genuino. Incluso nos podemos sentir devaluados ante tanta aparente perfección.

Por otra parte, cuando convivimos con personas genuinas, hay una agradable sensación de conexión, de posibilidad de presentarnos así, tal cual somos, frente al otro y hasta un alivio de saber que ese otro es tan humano como yo. Lo genuino es maravilloso, es un imán que atrae, es a gusto, es invaluable.

No desdeñes consejo aunque seas sabio y viejo

Este refrán se refiere a aquellas personas que no aprenden de las experiencias de los otros.

Cada vivencia tiene algo que enseñarnos y es fundamental aprender de lo malo y de lo bueno que nos pasa. Y es el mejor modo de elaborar nuestras experiencias.

Sin embargo, también podemos aprender de las experiencias de los demás. Eso nos ahorrará muchos sinsabores.

Nunca se sabe suficiente, nunca se es demasiado viejo como para dejar de aprender.

Escucha a los otros, pregunta, aprende de los otros. Cultiva la humildad y llegarás muy lejos.

No por mucho madrugar amanece más temprano

Este es uno de los refranes populares de nuestro México. Los dichos o refranes encierran verdades y son transmisores de sabiduría.

Desde mi punto de vista, lo que significa este dicho es lo siguiente: las cosas se dan cuando es tiempo y no sirve de nada presionar, apresurarse, desesperarse. La virtud de la paciencia debe ser fomentada y desarrollada para mejorar nuestra vida.

Esperar el momento perfecto, no responder impulsivamente, no actuar sin reflexionar.

Saber que cada cosa tiene su lugar y su tiempo. ¿Para qué estresarnos esperando que las cosas ocurran cuando deseamos y no cuando debe ser?

Esperar con calma, invertir energía en el esfuerzo al margen del resultado, tener paciencia y no intentar acelerar procesos puede ser una inteligente estrategia para vivir mejor.

Relaciones peligrosas

Relacionarse implica siempre un riesgo.

En muchas ocasiones nos acercamos a personas y entablamos relación con ellas abriendo las puertas de nuestro corazón sin tomar las debidas precauciones. Esto ocurre no solo en el plano amoroso o romántico sino también en las relaciones sociales, de amistad o de trabajo.

Ciertas personas que por soledad o necesidad se apresuran a acercarse al otro, a confiar, a platicar asuntos personales, a invitar a la propia casa al otro.

Los riesgos pueden ser muy altos: hay personas con malas intenciones, abusivas, mentirosas, peligrosas.

Si eres un venado y te relacionas con una víbora: te va a picar.

Si tienes hambre, aceptas cualquier cosa.

Mientras menos te conoces, y más necesitado estás, es más fácil relacionarse de manera peligrosa.

Acompáñame el martes 26 de marzo en El Péndulo, en Álvaro Obregón, CDMX, a las 7:30 pm, en donde profundizaré sobre este tema.

O te dan o te quitan

En cada una de nuestras interacciones con los demás estamos ante la posibilidad de recibir o de perder algo. 

Muchas personas son en realidad depredadores que están buscando despojarte de algo. Quieren tu tiempo, tu dinero, tu energía, lo que sea que tengas.

Otras muchas personas son nutricias: te enriquecen, te ayudan, te apoyan, te dan una mirada atenta, una escucha compasiva, un empujón necesario.

Esto depende de múltiples factores: el lugar en donde te encuentras con ese otro, la condición de cada cuál, la situación particular de vida.

Cada uno de nosotros, de modo inconsciente, comunicamos si estamos dispuestos a ser despojados o si por el contrario deseamos obtener algo.

Por supuesto, también existen las relaciones mutuales. Estas son aquellas en las hay un intercambio justo, en las que hay equidad.

En éste tipo de relaciones hay un intercambio justo. Las dos personas resultan beneficiadas de la interacción.

No es mala idea revisar de uno a uno como están nuestras relaciones. ¿La mayoría me quitan, se aprovechan de mi? ¿Me tropiezo siempre con personas carentes, hambrientas, espíritus famélicos? O por el contrario mis encuentros son nutricios, saliudables, energetizantes.

Salvo en ciertas condiciones de dependencia, como puede ser entre una madre y su bebé, en general debemos estar atentos a que si la relación es entre dos adultos el intercambio debe ser justo. Yo hago este trabajo para ti y tu me pagas lo justo. Yo hago este favor para ti y tu me agradeces oportunamente. Yo te presto dinero esta vez, pero a la siguiente me prestas tu. 

Podemos pensar en cientos de ejemplos en donde nuestras relaciones no cumplen la norma de la equidad. O damos demasiado, para complacer o para que nos quieran, o somos francamente abusivos y arbitrarios en nuestras relaciones. Detenerse a revisar la balanza puede ser un paso prudente.

Con olor a secreto

Hay mujeres muy valientes, como Marica, la protagonista de una historia relatada magistralmente por otra mujer valiente: Patricia Ortíz Herrejón quien en su novela Con olor a secreto devela un secreto largamente guardado, por generaciones, en un familia.

Marica es maltratada por su orientación sexual. Confinada a un convento y despojada de su bebé. Los avatares de un destino entre prejuicios e hipocresías nos invitan a pensar.

Si, es cierto, en todas las familias hay secretos, hay chivos expiatorios que con un inmenso dolor psíquico pagan su independencia, su autonomía, su libertad.

El gran maestro Freud señala que de no apalabrar lo que acontece, la conducta o el cuerpo lo expresarán. Los secretos lastiman profundamente, porque separan, alejan, nos dejan un sabor a desconfianza, a miedo. Cada miembro de la familia tiene el derecho a conocer la novela familiar. De conocerla, podrá entenderse, explicarse, sentir la pertenencia a un grupo, re conocerse y sobre todo amarse.

Hay que leer Con olor a secreto, historia apasionante de una muy interesante familia.

La Mexicana: un oasis en el desierto

Muchos días esperando para conocer Mi parque La Mexicana: ubicado en Santa Fé, en la Ciudad de México. Por fin, gracias a un día de descanso, accedí a este acogedor lugar. Espacio para correr, para caminar, para sentarse a leer en una banca, parque para niños, para patinetas, fuentes, césped bien cuidado, cafeterías, restaurantes, servicios limpios, estacionamiento.

Una delicia para pasear. Darse una pausa de las actividades cotidianas para pasar una mañana, una tarde, un día. Todo limpio, ordenado, cuidado. Un refugio para pensar.

Si necesitas una tregua, el Parque La Mexicana puede ser el lugar perfecto. Un paseo solitario, acompañado por tus pensamientos, pueden ser los remedios mejores para tomarse el tiempo para decidir a quienes les firmamos sí, y a quienes les firmamos no. Decisión fundamental para aprovechar de nuestro tiempo, que es nuestra vida.