¿La infidelidad es un síntoma?

Esta es sólo una pregunta más de las miles que nos podemos hacer frente a una infidelidad. El concepto suele referirse a cuando en una pareja uno de los miembros sostiene algún tipo de relación afectiva o sexual con un otro.

Suele ocurrir en una pareja tradicional que aunque no se halla hecho explícito se asuma que habrá fidelidad por la dos partes. Y cuando se descubre la infidelidad la estabilidad de la relación se pone en juego.

Desde algunas perspectivas, la infidelidad es un síntoma de que algo está fallando en la relación de pareja y que entonces, si la pareja logra resolver el conflicto arribará a mejores puertos después de la infidelidad.

Tema por demás polémico pero siempre interesante.

Escucha nuestro programa este sábado a las 11:00 am en Radio El Heraldo. Estaremos hablando sobre infidelidad y psicoanálisis.

La decisión de cuidar una relación

Muchos de nosotros crecimos con la falsa idea de que un día encontraríamos al “amor de la vida” y que entonces sería fácil amar y ser amado. Y no sólo eso, la vida sería entonces cómoda y sin problemas.

El mito del amor romántico puede hacer mucho daño. La verdad es que estar con una pareja y comprometerse a amarla es una decisión. Una decisión que debe tomarse con el mayor sentido de la realidad.

Nadie puede hacerse cargo de nosotros. Nadie puede ser responsable de nuestra felicidad, o pagar el precio de nuestros errores. Una pareja puede acompañarnos, a veces, puede escucharnos, a veces. Puede apoyarnos, a veces. Pero no puede resolvernos la vida ni reparar nuestros déficits emocionales. Eso sólo lo podemos hacer cada uno de nosotros.

El estereotipo del salvador suele lastimar mucho a una relación, ya que como es imposible cumplirlo, uno de los dos miembros de la pareja, o los dos, pueden sentirse defraudados cuando en realidad, estaban esperando algo que no existe.

Se debe amar lo real, lo que si es y apreciar lo que mi pareja si me puede dar, sin exigir lo imposible.

Separación y autoestima

Ante la ruptura de una relación de pareja surgen diversas emociones dolorosas: nos sentimos desesperados, inadecuados, perdidos, solitarios, devaluados. Nos preocupa lo que nuestra familia y nuestros amigos pensarán de nosotros. Tememos dejar ir nuestras costumbres cotidianas. Nos preocupan nuestros hijos. Nos angustia nuestro futuro emocional y financiero. Lo peor de todo: nos sentimos mal con nosotros mismos: ¿que hice mal para que él ya no me quiera? ¿en qué me equivoqué?

Ante la separación estamos perdiendo contexto, historia y el sentido de identidad.

Es una etapa muy dolorosa. Y tendemos a culparnos a nosotros mismos perdiendo la perspectiva: hay muchas otras razones además de nuestras fallas. La tendencia natural es a sentir el final de una relación como una falla personal. Y esto nos lleva a una devastadora crisis de autoestima.

Las relaciones se terminan por muchos motivos más allá de nuestros errores. Se terminan porque las relaciones tienen ciclos. Se terminan porque uno de los dos cambió sus prioridades. Se terminan porque ya no están siendo enriquecedoras para los dos. Se terminan porque iniciaron mal. Hay muchos motivos. Terminar una relación es una gran oportunidad para crecer, para aprender, para conocernos mejor. Implica gran sufrimiento, sin duda, pero no olvidemos que el sufrimiento nos brinda humildad, empatía, espacio para pensar. El sufrimiento nos fortalece. Y si ya no nos enriquecía la relación ¿para qué prolongar la agonía?.

Lo fundamental es no quedarnos sólo en el territorio de la culpa. Hay que pasar al del aprendizaje, al de decirnos la verdad. Sólo la verdad respecto de lo que pasó logrará liberarnos del dolor. Separarse es iniciar una nueva etapa. El camino no es fácil pero depende de ti que tan interesante y productivo lo hagas.

¿Estás sola?

Es muy común que cuando una mujer no tiene pareja los demás le pregunten (con cara de pena o tristeza): “¿estás sola?” Como si la única posibilidad de estar acompañada fuese cuando tienes pareja.

Yo conozco muchas, pero muchas, mujeres casadas, con novio o pareja que están muy solas.

También conozco muchas mujeres solas que están solas.

Y otras solas acompañadas. Muy acompañadas: de sus hijos, de sus amigas, de sus padres, de sus amigas, de sus intereses, de su trabajo, de sus mascotas, de ellas mismas.

Hay una enorme diferencia entre la soledad y la desolación. Estar desolada es estar “sin sol” o sea, sin ti. Es decir, sentir que te estás traicionando a ti misma. Estar sola es estar “con sol” o sea, queriéndote, cuidándote, creciendo, trabajando en ser mejor persona y disfrutando de la vida.

No tener pareja no significa no ser amada. Tampoco no estar acompañada, ni ser menos, ni inferior, ni incompleta. Yo creo que puede significar alguna de estas opciones:

1. Recién terminaste una relación, queriendo o sin querer (divorcio, viudez, infidelidad)  y te estás recuperando. Date al menos 1 año para aprender de la experiencia y prepararte para intentarlo de nuevo.

2. Estás con tu energía en otros lugares: tu trabajo, tus hijos, tus padres, tu vida espiritual…

3. Tienes la firme convicción de no estar en pareja con “cualquiera” sino con alguien que te ame genuinamente y que tu puedas amar así y… no lo conoces aún…pero ya llegará.

4. Te estás boicoteando, castigando, lastimando, lacerando y no buscas pareja pero si la quieres (ve a terapia ya!!!)

En corto: el amor no se recibe sólo de una pareja.

Solas las que no se tienen a ellas mismas: las demás estamos muy acompañadas.

El ciclo de la pareja

En toda relación de pareja se da un ciclo que tiene distinta intensidad pero que infaliblemente permanece: idealización-enamoramiento, devaluación-crisis. Nos estamos moviendo así todo el tiempo. En el momento de la idealización le atribuimos a nuestra pareja más cualidades de las que tiene, más ventajas que desventajas, imaginamos que nos va a dar más de lo que en realidad puede darnos, toleramos muchas situaciones y tenemos paciencia, estamos enamorados. Con el tiempo, cuando vamos sintiendo más seguridad en la relación, comenzamos a devaluar: encontramos defectos, descubrimos hábitos o costumbres que nos resultan insoportables, la criticamos en silencio o en voz alta y nos sentimos en crisis, con dudas sobre la relación. En estos momentos es cuando puede darse la ruptura o separación o infidelidad. Si no ocurre que nos separemos y seguimos, con el tiempo volveremos a idealizar y a enamorarnos de nuevo de nuestra pareja. La segunda vez que atravesamos el proceso ya no es tan intenso. Y así seguirá, el tiempo que dure nuestra relación, pasando por momentos de idealización y de devaluación.

Si lo pensamos bien, este fenómeno ocurre en todas nuestras relaciones, a momentos encontramos maravillas en el otro y al rato ya sólo podemos ver sus defectos. Lo importante es darse cuenta, resistir, saber que es lo normal y que eso no debe suponer terminar o destruir la relación.

El éxito de una relación de pareja no es no tener conflictos: es saber resolverlos. Si ante la menor desilusión o piedra en el camino piensas en dejar a tu pareja el problema es tuyo, no de tu pareja. Es muy importante aprender a comunicar asertivamente lo que te molesta, a tiempo, sin juicios, envuelto para regalo. Y siempre, siempre, poner más amor en donde está faltando.

Escucha el programa de radio Historias de todos, el martes 12 y el jueves 14, de 5 a 6 pm, en Radio Centro (1030 AM) en donde hablaré de la pareja con Mari Carmen Quintana. ¡No te lo pierdas!. También lo puedes escuchar por internet en la página de Radio Centro.

¿Tu pareja te engaña?

A ver, pensemos con cuidado y despacito… si tu pareja ya no quiere estar contigo: ¿para qué la quieres a la fuerza?, ahora bien, si quiere estar contigo y tu quieres estar con él ¿para que lo vigilas?. Cuando estamos atentas a cada paso que da el otro, que si llega tarde o que si escribe mensajes en su teléfono o se esconde para escribir un correo pues francamente hay dos caminos: uno de ellos es perseguirlo, husmear, buscar, contratar a un detective o tomar un curso de espionaje y destinar toda nuestra energía a “descubrir” que sale con otra. ¿Y cuando lo descubres? para empezar ya estarás totalmente desgastada. Sin energía, cansada, enojada, lastimada, devaluada. Si te lo niega lo más probable es que quiere seguir contigo. Si te lo acepta lo más probable es que quiere terminar la relación contigo. ¿Para que se lo dices?

Yo creo que cuando una le dice a su pareja: “ya te descubrí, me estás engañando” es ciertamente muy humillante. Si de verdad lo descubres o la descubres (porque la infidelidad no es cuestión de género) y se lo dices, te lo aseguro, sólo pierdes. Pierdes dignidad, valor ante el otro, autoestima…

¿Quieres seguir con él (o ella) aunque te sea infiel? Se vale. Se vale decidirlo en lo que tomas fuerzas, en lo que juntas recursos, en lo que te tratas para recoger los pedazos de tu valía y te armas de nuevo… se vale decidirlo porque sí y ya. Pero en ese caso: no se lo digas!!! Nada, ni una palabra, ni un gesto. No le des ese placer. No se lo merece. No es justo que además de todo, te quedes con él (o ella) sabiendo él (o ella) que tu sabes y aún así te quedas.

Celar al otro es darle todo tu poder. No somos dueños de nadie, porque lo seres humanos no somos objetos con títulos de propiedad. Date a ti misma el valor que tienes. Si alguien ya no quiere estar contigo: que se vaya, te hará mucho más daño vivir con las migajas del otro. Darle al otro tu poder personal es revelarle que conoces su infidelidad. ¿Porque no mejor te guardas el secreto para ti y planeas muy bien una estrategia? ¿que opinas?

La soledad y su riqueza

En nuestra cultura hay un temor flotante a la soledad. Se le concibe cómo algo “malo”, triste, negativo. Y en aras de evitarla a toda costa entablamos relaciones con personas que nos lastiman, que no pueden valorarnos o que incluso nos desprecian.

Escuché recientemente la historia de un hombre que decidió ceder en todo ante una mujer con tal de tener una pareja. Ella abusó de él jugando con sus sentimientos, vaya, le perdió todo el respeto. Cuando le pregunté a él ¿porqué permitiste todo esos abusos? me respondió que no tolera la soledad, que necesita urgentemente una pareja.

Estar solo es en realidad estar con uno mismo. Es escuchar nuestras angustias, nuestros miedos, nuestros pensamientos. Eso puede ser muy amenazante. Pero sí lo hacemos desde la perspectiva de darnos la oportunidad de convivir con esa persona (que somos nosotros mismos) y la vamos conociendo, queriendo, respetando, cuidando, nos daremos cuenta del inmenso valor que sí poseemos. En la soledad podemos aprender mucho. Podemos reflexionar sobre lo que sí queremos y sobre lo que ya no deseamos en nuestra vida.

En la soledad podemos leer, escuchar música, ordenar nuestras cosas, planear nuestros años venideros. En la soledad podemos enriquecer nuestra vida. Y tendremos mejores cualidades que ofrecer a los demás cuando estamos acompañados.

Aceptar que otra persona nos maltrate, por miedo a la soledad, o por cualquier otro motivo, es muy doloroso. Mucho más doloroso que el camino de aprendizaje de cómo convivir con nosotros mismos. La vida es un privilegio, difícil muchas veces, pero llena de belleza, si sabemos verla.