¿A quién cuido: a mi padre o a mi hijos?

Algunas mujeres se ven en la compleja situación de tener que recibir en su casa a un padre/madre que sufre de alguna adicción. O son los padres quiénes acogen a su hija y a su nieto en su casa. Una persona que padece la enfermedad crónica, progresiva y mortal llamada alcoholismo hace mucho daño a un niño.

Ser testigo (muchas veces silencioso) de un hombre que bebe de más, que pierde el equilibrio al caminar, que se deprime, o llora, o se enoja irracionalmente, que llega a altas horas de la noche, que pierde su trabajo: todas juntas o cualquiera de ellas, lastima profundamente a un niño. Sí además, su esposa, o su hija o su madre sufre por el dolor de ver a su ser querido (y a veces ya no tan querido) alcoholizado, el dolor se duplica.

¿Quieres que tu niño o niña elija una mala pareja para casarse? ¿Quieres que se embarace prematuramente? ¿Quieres que consuma drogas? ¿Crees que por darle asilo o recibirlo (y así ahorrarte dinero o trabajo) se va a curar?

Si quieres ayudar a un adicto sólo cabe una solución: se le exige acudir a un grupo AA y dejar de beber si quiere seguir viviendo en mi casa. Todas las demás opciones son nefastas. Es una enfermedad muy dolorosa, que lacera y destruye a las familias.

No destruyas la infancia de tus hijos. Si ese adulto no es responsable de sí mismo, al menos tú si debes serlo de tus hijos.

Mujer sin hombre: ¿mujer incompleta?

Es interesante y doloroso constatar cómo en la sociedad en la que nos movemos se considera -explícita o implícitamente- que una mujer sin pareja está incompleta.

Las circunstancias que explican el fenómeno son diversas: la experiencia de sentirse «en falta», «incompleta» o «defectuosa» no. Puede ser que la mujer haya enviudado, que se haya divorciado, que no se haya casado, o cualquier otra que la obligue a vivir sin pareja. Por un tiempo o para el resto de su vida. Las demás mujeres, las casadas (clase social mucho más privilegiada) les dirán a esas mujeres: «podrás rehacer tu vida, te lo aseguro».

Me he preguntado muchas veces: ¿la vida está deshecha si no tienes pareja?. ¿Una pareja GARANTIZA una vida hecha?

Somos las mujeres las que menospreciamos a la vida sin pareja. Somos nosotras las que miramos con admiración a la primera de la escuela que tiene novio, a la que sí tiene pareja, a la popular entre la tropa. Somos nosotras las que, en la intimidad de nuestras vidas, sospechamos que sí no tenemos pareja es porque tenemos un terrible y misterioso defecto. Esta sensación se acentúa cuando no hemos desarrollado intereses profesionales, cuando nuestras potencialidades están sin moverse.

No es este el espacio para explicar los muchos argumentos para discutir este punto. Pero si para invitar a todas las mujeres, a ser menos prejuiciosas, menos discriminativas y menos criticonas de las que -por lo que sea- estamos sin pareja, por un tiempo, o por toda la vida. Hay un mérito en decidir elegir bien. Hay un mérito en no involucrarse con una persona destructiva sólo por evitar la crítica. Hay un mérito en proteger a nuestros hijos y no involucrarnos con cualquiera. Tenemos vida, y, por increíble que pueda parecer: una buena vida.

¿Propicias que abusen de ti?

Algunos de nosotros, en ocasiones, casi sin darnos cuenta, propiciamos que otros abusen de nosotros. Es una actitud que tenemos, un modo de relacionarnos que hace que el otro reciba una señal que le indica: «aquí puedo aprovecharme»

¿Qué nos conduce a estar en esas situaciones? Desde mi opinión, creo que son estos algunos de los criterios:

1. Inexperiencia: muchas de nosotras no «sabíamos». No nos habíamos encontrado antes con una persona así y por lo tanto no identificamos sus fines.

2. Bondad excesiva. Eres una buena persona y crees que los demás piensan y actúan cómo tu. Cuidado, o aprendes la lección o seguirás en esas situaciones.

3. Hambre de amor. Necesitas mucho que esa persona te quiera. Hay algo que te da que tu sientes indispensable en tu vida. Recuerda que sólo tu puedes alimentarte, nadie llenará esas carencias más que tu propio cuidado a ti misma.

4. Descuido. Estás atenta a otras cosas y dejas inadvertidamente de vigilar a esa persona que trabaja para ti y te roba de poco a poco, a esa amiga que no corresponde a tus atenciones, a esa persona de la familia que cree que merece todo de ti y puede tratarte con grosería.

El primer paso para dejar de invitar a los otros a que abusen de ti es reconocerlo. Admite en cada caso porqué lo haces. Se honesta y decídete a poner límites. Es una decisión.

Entendiendo a tu hijo adolescente

El adolescente sufre de cambios continuos de humor, de acciones impulsivas, pasa del amor al odio a sus padres y a su mundo. A veces, necesita de la compañía de los adultos, en otras ocasiones, necesita estar en soledad para poder elaborar los duelos, que, desde el punto de vista psíquico, necesita enfrentar.

Tiene que decir adiós a su cuerpo infantil. Ese cuerpo de niña o de niño está cambiando y esto lo enfrenta a retos muy complicados. Además siente en su cuerpo lo que antes no imaginaba. Se enfrenta al reto de pertenecer a su grupo de amigos y de saber que tanto será atractivo para una posible pareja.

Por otro lado, tiene que madurar la idea de que esos padres idealizados de la infancia, que todo lo podían y que por tanto lo podían proteger de cualquier peligro, no son tales. Debe darse cuenta que sus padres no son infalibles, que son humanos, con defectos, y que tienen características que no les gustan. Y eso significa un enorme duelo, que, en los menos sanos, dura toda la vida.

Además, deben elaborar el duelo de ya no ser unos niños, deben adquirir la responsabilidad sobre sus acciones. Todos estos duelos son complicados, y lo que menos necesitan son padres o madres que, en su inmadurez, les exijan lo que no pueden dar: ser sus amigos o sus terapeutas o las madres o padres de sus hermanos.

Necesitan ser escuchados. Necesitan ser respetados. Necesitan ser guiados con reglas firmes que tengan sentido. Necesitan padres y madres seguros de sí mismos, con autoridad y con comprensión. Es una etapa difícil, pero que no debe eximirlos de sus responsabilidades sino al contrario, ayudarlos a crecer, sin sobreprotección y sin descuido.

¿Necesitas psicoterapia?

Me ocurre con mayor frecuencia de la que desearía, que escucho comentarios absurdos alrededor del tema de la psicoterapia y la dependencia: ¿si voy a terapia me voy a hacer dependiente de mi terapeuta?

¿Para que me sirve ir a terapia?

¿Porqué le voy a contar a un extraño lo que me sucede?

Sócrates dijo: «Una vida sin examen no es digna de ser vivida», ir a terapia significa escucharse a uno mismo, significa darse un espacio personal para reflexionar sobre la propia vida. Significa entender mejor quiénes somos, qué estamos haciendo y cuáles son nuestros patrones de relación que pueden estar deteniendo nuestro desarrollo. Significa elaborar nuestros duelos y tener un lugar para, ante un otro entrenado para tal objetivo, aprender a relacionarnos mejor con nosotros mismos y con nuestro entorno.

Esgrimir el argumento de la dependencia para evadir enfrentarnos a nuestra vida es, por decir lo menos, una cobardía. Sí acudo con un profesional no tengo porqué generar una dependencia.

Sí tu respuesta es sí a alguna de las preguntas siguientes, sin duda te beneficiarás con un proceso serio de psicoterapia:

1. ¿Sientes angustia con frecuencia y no sabes exactamente a qué atribuirla?

2. ¿Estás irritable, de mal humor, enojado y te sales de control más de una vez a la semana?

3. ¿Estás pasando por un duelo y sientes una tristeza enorme?

4. ¿Tienes problemas graves en tus relaciones personales?

5.¿Permites abusos, violencia verbal o física?

¿Porqué para arreglar el dolor de muelas sí vas al dentista (¿y no temes a la dependencia?) y para arreglar un dolor del alma no vas a psicoterapia?

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