Hijos inconformes

Es frecuente escuchar a los hijos quejarse de sus padres. Que sus padres no los escuchan, que no les dan todo lo que quieren, que no les cumplen sus caprichos.

¿Que hay detrás de estas quejas? ¿Porqué están inconformes y lo expresan? Sinceramente creo que son jóvenes que han sido mal educados: que sus padres sienten culpa por situaciones de tipo consciente o inconsciente como puede ser que se han divorciado, que han trabajado fuera de casa y les dedicaron poco tiempo, que no han sido pacientes o tolerantes… Tal vez la culpa inconsciente se deba a un rechazo sentido hacia ese hijo en particular o a otras complejas situaciones.

Los padres están obligados a ser responsables, a educar con firmeza y amor, a darles oportunidades para su mejor desarrollo a los hijos. Pero ningún padre o madre está obligado a darle TODO a su hijo: eso es simplemente imposible. Los padres NO tenemos todo, por lo tanto no podemos darlo a nuestros hijos. Los padres tenemos carencias y la lección más importante que podemos enseñarles a nuestros hijos es a ser responsables de ellos mismos y proveerse, por si mismos, una vez que son adultos, de lo que necesiten.

Si un hijo tuyo se queja constantemente, es señal de que tu te sientes culpable. Revisa esa culpa, trabaja con ella, perdónate e invita a tu hijo a crecer y a agradecer a pesar de tus carencias. Es su vida: que se haga cargo de ella. Y tu de la tuya.

 

Dejar atrás el pasado

Cuando no logramos liberarnos de las cargas del pasado nos estamos perdiendo del presente. Es casi imposible tener energía para disfrutar y construir en el momento actual si no hemos soltado con ese pasado que nos atormenta.

En ocasiones se debe a que no logramos perdonar a esa persona que nos hizo daño: tal vez abusó de nosotros, nos engañó, nos estafó, nos mintió. Debemos admitir la parte de responsabilidad que nos atañe. Nos dejamos: por ingenuidad, por necesidad o por mera distracción. Esa persona nos ha dejado una lección.

En otras ocasiones el problema es que no logramos perdonarnos a nosotros mismos porque somos muy rígidos, exigentes o intransigentes. Nos está haciendo falta compasión.

Tenemos una sola vida. El tiempo pasa inexorable. Lo que podemos recibir, si nos abrimos a la oportunidad, es mucho. No le dediques más energía a algo que ya pasó y sobre lo que no tienes poder para cambiar. Mejor empieza hoy a trabajar en serio para crearte el mejor de los destinos. El único tiempo sobre el que tenemos poder, es ahora mismo.

Estaré en Radio Centro, en el 1030 de AM el jueves 29 de septiembre  a las 5 pm hablando sobre este tema con Mari Carmen Quintana, en el programa Historias de Todos: http://www.radiocentro1030.mx

La vida es dura pero dura poco

Me encontré con este letrero pintado a mano en un carreta de fruta: «la vida es dura pero dura poco» y me hizo pensar en que tiene su parte de verdad. Que dura poco, sin duda. Que por tanto debemos hacer lo imposible por disfrutarla, aprovecharla, dar lo mejor de nosotros mismos y valorar todo lo bueno que tiene.

Es cierto que a veces es dura. En los momentos en los que sufrimos pérdidas, en los que se nos complican las cosas, en los que nos sentimos desorientados: la vida es dura.

Pero también es cierto que son más los momentos buenos, y que la vida tiene para todos nosotros regalos maravillosos: en principio estar vivos. Tener personas a quiénes amar. Tener salud, poder sentir la brisa del mar, el cálido abrazo del sol. Poder ver y apreciar el arte, la belleza, la risa de un niño, las palabras de amistad. Disfrutar de los olores, de los sabores, del cansancio después de un día de trabajo.  Ser libres y tomar decisiones conscientes que nos lleven cada día a una mejor vida.

Si sabemos elegir, si pensamos más antes de actuar, si reflexionamos en todo lo bueno que si tenemos, la vida deja de ser dura y de todos modos, dura poco. Hagamos un alto y reconozcamos lo bello que tiene la vida. Mientras más seamos capaces de agradecer lo bueno, menos dura será la vida. Y de todos modos, es cierto, dura poco.

Orden y posibilidades

Mientras más orden tenemos en nuestras vidas se abren más posibilidades. El desorden nos bloquea, nos hace perder tiempo, nos limita, puede desesperarnos y nos sitúa en lugares emocionales poco productivos.

El orden posibilita. Si no puedo encontrar un documento importante, si no tengo idea de mis deudas, si no he acudido a los exámenes médicos correspondientes a mi edad y circunstancia, si no llevo una agenda y confundo entonces mis compromisos, si no logro ser puntual… estoy aumentando las posibilidades de ser infeliz.

Claro está que ser ordenado no es un escudo contra el dolor. Son embargo, el orden en todas las áreas de nuestra vida nos hace más fácil la vida cotidiana. Si planeo y administro mi tiempo, mis recursos y además tengo metas y objetivos claros sobre lo que deseo lograr aumentan mis posibilidades de alcanzar bienestar.

A mayor orden en cada esfera de nuestra vida, sin duda, mayores posibilidades de bienestar. El orden nos dignifica.

Cambiar a los demás

Una de las fuentes de sufrimiento más estériles y destructivas que conozco es la de desear e intentar que el otro cambie.

Invertimos demasiado tiempo en lamentarnos porque esa persona no es como nosotros queremos que sea. No hace lo que nosotros pensamos que sería mejor o lo que nos gustaría que hiciera. No deja de hacer eso que tanto nos incomoda o nos molesta.

Utilizamos estrategias diversas: enojos, manipulaciones, chantajes, martirizarnos, reaccionar agresivamente. Sugerirle que vaya a terapia o que tome un curso o que lea determinado libro. Y el otro…sigue siendo como es.

No podemos cambiar a los otros. Apenas podemos aspirar a cambiarnos a nosotros mismos y eso sólo un poco y ese poco suele impactar mucho.

Aceptar al otro como es, con todo eso que nos gusta y todo eso que no nos gusta. Conocerlo, escucharlo, comprender sus motivaciones, su historia, la etapa de vida en la que se encuentra, sus miedos, eso si que es una buena empresa. Dejar ir la idea de que los demás tienen que ser y hacer lo que yo espero. Cada persona tiene mucho que enseñarnos. Si logramos respetar al otro y dejar de intentar cambiarlo, tendremos la oportunidad de aprender a amar.

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